viernes, 1 de octubre de 2010

El Ultimo Baile por Lisandro



Ismael podía estar veinte o treinta minutos imaginando en su pensamiento o escuchando, imaginariamente, un paso doble, un tango, o una milonga. Le encantaba mirar videos de bailarines expertos, y en cuanto lo hacia, la piel se le erizaba de admiración y emoción hacia los mismos. Los ojos se le aguaban en cada paso que los bailarines realizaban, también se sentía calido al escuchar el aplauso del público, y muchas veces hasta el mismo aplaudía o comentaba lleno de admiración, los objetivos cumplidos que en el baile los participaban realizaban.


Coleccionaba discos de diferentes ritmos, de diferentes países, escuchaba desde un tango, hasta una zamba africana, un rock norteamericano o hasta música griega. Le sucedía lo mismo que le ocurría cuando observaba los videos, la piel se le erizaba, y era él, quien, inconcientemente, marcaba pasos con una compañera imaginaria.
Pero estas acciones las tenia por tiempo, algunos meses podía estar disfrutando de esos momentos que el baile le brindaba, pero otras, se presentaba como pequeñas añoranzas y prefería no escuchar ni ver nada que esté relacionado con el baile, ya que le causaba alguna nostalgia.
Desde los años de su adolescencia, ya entrando a los veinte de edad, quien hoy es su mujer, y en ese tiempo pasado era su novia, siempre le insistió que persiguiera su ilusión, que comience a bailar por segunda vez. Pero Ismael rechazaba ese sueño. Primeramente por cuestiones económicas, necesitaba trabajar y sabía muy bien que dedicarse al baile le llevaría mucho tiempo, y segundo, sostenía que el baile nunca le daría de comer, por ello prefirió estudiar y trabajar a la vez.
Para él, ya era tarde desde que tenía veinte años y pisando los sesenta, estaba resignado que no tendría ninguna posibilidad de volver a bailar.
Durante el transcurso de su vida, se conformó ver crecer en el arte del baile a su nieto. Cuando podía, iba a presenciar los ensayos del mismo, en el tango club de su ciudad.
El profesor, los compañeros de su nieto, ya lo conocían, y lo aprendieron a querer. Esteban, sabia la dotación que su abuelo llevaba consigo, no faltaba oportunidad que mientras estén ensayando, cortaran las practicas e hicieran bailar a Ismael, algún que otro tango o hasta una salsa.
En otras oportunidades lo han sorprendido, verlo bailar solo en ese salón, sentirse libre ante el espacio y disfrutando de volar sobre la inmensidad de el y su imaginación, Ismael creía que bailar era como volar. Y así fue, que el profesor de su nieto lo vio disfrutar de tal manera que le propuso hacer un baile de tango en un espectáculo próximo a dos meses.
Mas de treinta y cinco años sin bailar, Ismael se dio cuenta que esa era una nueva y única oportunidad para volver a subirse a un escenario. Ensayó durante dos meses sin bailar. Mandó a hacerse un traje de tango, y como cabala decidió bailar con su sombrero tanguero que tenia desde su juventud.
Sábado, once de noviembre, un gran espectáculo, con personas celebres acudieron al teatro de la ciudad de Rosario. Ismael debutaría nuevamente en el penúltimo número del espectáculo, su familia y amigos presentes allí, acompañándolo como siempre lo hicieron.
Y comenzó a sonar la cumparsita, la adrenalina y ansiedad aceleraban el corazón e impulsaban las ganas de salir al escenario.
Pisó el escenario junto a una joven compañera, comenzó el juego de seducción propio del tango, los pasos del dos por cuatro y las cruzadas de piernas estaban latentes y firmes, los levantamientos hacia del tango fantasía, esa realidad que estaba viviendo.
Pero sucedió lo inesperado, Ismael comenzó a escuchar a lo lejos la cumparsita, las luces comenzaba a opacarse, los elogios del publico comenzaron a enmudecer de a poco. Se hizo plena oscuridad, Ismael no pudo terminar de bailar.
Domingo al mediodía, el bailarín despierta y observa en una mesa de luz, su sombrero de tango, no observó a los médicos, no atendió a las recomendaciones, no presto atención a su mujer, su hijo y su nieto, ni nunca supo que fue víctima de un preinfarto, desde ese entonces solo escuchó y hoy en día sigue escuchando el ritmo de la cumparsita. Muchos dicen que lo ven vestido de blanco, bailando sobre un parque verde, con un público vestido igual que él.

20 comentarios:

Con tinta violeta dijo...

Es una bella historia Lisandro...la del hombre que lo da todo por una pasión que siente en su vida...el final me ha parecido fantástico como broche.
Abrazos!!!

SIL dijo...

Tuvo su última oportunidad, y la tomó.

Si de cualquier modo, todo termina,
tuvo el mejor de los finales.

Abrazo inmenso Lichi , a todos !!

SIL

Carla dijo...

El amor a la música es maravilloso, e Ismael lo vivia...
Un triste final para este personaje, me hubiera gustado que terminara ese último baile.
Hermoso cuento Lichi, musical, muy bien armado!
Te quiero amigo!

Prudencio Hernández Jr dijo...

Sacarse los gustos en vida ni mas ni menos.
Saludos desde el sur

beker dijo...

Apurar el último trago, en eso está la diferencia, la lucha entre el deseo y la razón. Un abrazo amigo

MariluzGH dijo...

La más dulce de las muertes. Pocos consihuen hacer realidad un sueño... Ismael lo consiguió :)

Preciosa historia musical, amigo

mi abrazo danzarín

MariluzGH dijo...

perdón, quería decir: 'consiguen' :)

Norma Ruiz dijo...

Lichi:
hermoso cuento.
te extraño amiguito.
besos enormessssssssssss

Igor dijo...

Ahh. Pobre hombre, aunque fuera feliz a su manera sobre la hierba, escuchando las melodías.
Quizás sea eso: no ver a los médicos ni a la família, sólo a la música.

anapedraza dijo...

Pero aún así, cumplió su deseo.

¡Excelente relato!

Miguel

Manolo Jiménez dijo...

Nunca es tarde para luchar por los sueños, aunque dejemos la vida en el intento.

Abrazos.

Epístola Gutierrez dijo...

Ay, qué triste final para un relato tan hermoso. Supongo que desde lo literario es el cierre perfecto y sorpresivo, pero a mí me ha sacado lágrimas.
Vale luchar por los sueños sea a la edad que sea.
Un beso.

el oso dijo...

Muy bueno, Lisandro, cargado de simbolismos.
Un texto homenaje a los apasionados.

Narci dijo...

Ojalá para todos, nuestro último recuerdo o última visión fuese ver cumplido, por fin, el mayor de nuestros sueños.

Preciosa historia.

Besos

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Maria Fernanda Lobato Lemos: Muy bueno Lichi, un placer leerte!!!!

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Andrés Daza: En este punto debo decir qué gran historia!!... pero no puedo quedarme sin decir q no sólo una buena historia hace a un buen escrito: revisa tus cuentos, dos, tres, cuatro veces, leélos muchas veces, pídele a alguien q los lea y así corregirás muchas cosas, entre ellas algunos errores de ortografía y hasta de cohesión.

Pero, en la esencia, sí, muy buena historia... me llamó mucho la atención por el título y la leí pensando en un amigo, bailador, vive por el baile... sé q asi como lejos lo han llevado sus pasos de salsas, éxitos enormes va a tener con su profesión y será un gran artista... le historia me hizo acordar de él que ya no está cerca a mi y q es una de esas pocas amistades que ya no lo es y q extraño terriblemente. De verdad que me llegó al corazón esta historia, gracias!!

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Norma Ruiz: Lichi ¡pobre Ismael¡, no pudo terminar el baile.
¡que triste¡ , emana belleza, éste relato amigo del alma

Pablo Iván Ríos dijo...

Aguante Lisandro! Fuerza y talento!

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Nidia Romero: Me gustó tanto que lo compartí con mis amigos en el face. No importan las críticas , ellas son la escencia del porvenir. (siempre hay cosas nuevas por aprendeder . Para eso está el taller...¿no?)

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho, yo estoy muy interesada en la escritura creativa, hice un curso en la escuela verbalina http://www.verbalina.com