lunes, 21 de julio de 2008

La Uña de Pedro (por Carla Kowalski)

La uña del meñique derecho de Pedro Pérez, enterrado ayer, empezó a crecer tan pronto como colocaron la losa y a medida que los días fueron pasando, la uña salió del cajón y luego del cementerio. Como eran muy pocos en el Pueblo, enseguida se hizo amiga de los aldeanos, consiguió trabajo, participo en las ferias, daba charlas de higiene en la escuela. Con el tiempo se compró una casa y le hacia tortas fritas a los turistas que pasaban por el pueblo para ir a Mar del Plata. La uña de Pérez era feliz, a veces se sentía sola y fue entonces cuando apareció una uña de Jorge López, también como ella, salida del cementerio. Charlaron toda la tarde, pero como siempre hay un malo en todo pueblo, llegó el intendente alegando que la gente no podía convivir con dos uñas, ya bastante tenían con el cuidado de una: que nadie la pisara, que los autos no la atropellaran, y su cuerpo era demasiado largo. Dos uñas no! – Gritó el intendente. Sacó un alicate gigante de su bolsillo, y mientras las uñas se abrazaban, lloraban y gritaban aterradas, cortó a la uña de López. Y así nomás, la uña de Pérez quedo solita otra vez, armo su valija, y con su tristeza a cuestas fue camino al cementerio. Se metió en el cajón y que contenta se puso cuando se reencontró con las demás uñas de Pérez.
Las otras, felices, se divirtieron mucho, con las aventuras de la uña meñique.



( Ejercicio realizado a partir de una frase del relato de Max Aub, La Uña)

1 comentario:

Navegante dijo...

Carla: De los escritos que encontré en este sitio me llamaron mucho la atención los tuyos y por eso me vine hasta el primero de los que publicaste.
No conozco el texto original, pero este divertimento me ha resultado pintoresco y lindamente imaginado.
Luego te dejo algún otro comentario más, sigo leyendote...