domingo, 21 de febrero de 2010

Opel

En una noche donde solo se oía el ruido de los grillos, un rugido marca Opel sacudió la tranquilidad. La saeta verde preparada para competiciones pasó por el frente del pueblerino hospital. Las intensas ondas sonoras se metieron en cada rincón de la zona, incluso a través de los gruesos muros del viejo hospital, uno de esos lugares fue en la sala 207.
Esa noche una cama estaba vacía y en la otra cama una mujer mayor; despegó sus arrugados parpados, el estruendoso motor cortó su sueño. No volvió a dormir, pasó quince minutos mirando el techo, ida en la banalidad, su concentración se esfumó cuando la central del aire acondicionado se apagó. Miró el reloj despertador (que era de ella) y vio las agujas posicionadas en las tres y cuarto, volvió a mirar el techo durante otros diez minutos, después de esa meditación se levantó.
El pie izquierdo fue el primero en contactar el frio suelo de mosaicos. La cama era alta y el descenso evito ser brusco. Con pocos pasos la anciana alcanzó la puerta, la abrió con suavidad sin hacer ningún ruido. No había un alma en el pasillo, ni las lámparas fluorescente hacían ruido; La anciana miró a ambos lados como niño que cruza la avenida y abrió con suavidad la puerta de la habitación opuesta.
Había dos camas ocupadas, reconoció que en una a un joven, en la otra no distinguió nada. La claridad entrante del pasillo llamó la atención de un tercero que sentado en una silla velaba por el internado. Quien le miró con asombro.
-Disculpé, me equivoqué.-susurró a quien le empezó a mirar con un gesto que denotaba molestia.
Se volvió sobre sus pasos y miró el otro extremo del pasillo, miraba la sala de enfermería. Se volvió hacia la habitación contigua a la suya (la 208) avanzó nuevamente como una gacela que desconfía de algo, con sigilo fiel.
Había una sola persona, estaba conectada por tubos y cables a unos cuantos aparatos eléctricos y tenia dos sueros distintos. La anciana se le acercó en silencio, estiró su brazo y movió levemente las chapitas de los sueros, se agachó y tiró del enchufe, dio media vuelta y se retiró sin mirar atrás.
Llegó a la puerta y siguió por el pasillo, unas voces salían del interior de la 206, pegó su oreja a la puerta y lo confirmó.
Siguió hasta la 205, la puerta estaba abierta, había un octogenario muy delgado en la cama. Su cuerpo lucia famélico.
Ella entró, Él estaba despierto por el calor; La anciana diez años menor que Él, se le acercó lentamente, mostrando una sonrisa compareciente. El moribundo anciano la miraba mientras ella le rodeaba la cabeza con sus manos, esas mismas manos tomaron la almohada y la apoyaron sobre su rostro. Un par de débiles manotazos fue el pobre intento de ese hombre por sobrevivir.
La sirena de la ambulancia se oyó desde la esquina, en puntas de pie la señora se acercó a la ventana a curiosear. Bajaban a un joven de la camilla, era de un accidente automovilístico.
Volvió para confirmar que el anciano no respirase mas, dejó todo como estaba. Se acercó a la puerta a espiar, la gente de la guardia médica había dejado la habitación vacía. De la habitación frente a la suya salió la persona que cuidaba al internado, bajó las escaleras. La anciana se dirigió a la guardia, entró y revisó un par de cajones, tomó un guante y una cuchilla y se volvió a la primera sala adonde entró, fue directo y con lentitud al más joven, con una mano atrás, ocultando su arma. El muchacho estaba despierto, pues necesitaba mas calmantes para su pierna
-¿Doña… se perdió nuevamente?.-Dijo sin importar que el otro durmiera.
-No soy Doña, soy la Tía.- Respondió la mujer.
-No señora, usted se perdió, vuelva a su habitación.-
-Dale un beso a la tía que hace mucho no te ve.-
El joven no queriendo dejar de ser educado y con total confianza le siguió como quien dice: la corriente. Se acerco y la abrazó, la anciana atinó con brusquedad una puntada sobre el cuello de la victima, desangrando al joven, que no tardó en tomarse el cuello con una mano y con la otra sujetaba su arrugado brazo. La mujer intentaba zafarse clavando el acero en el ya sangrado pecho. La cortada garganta del muchacho no pudo denunciar por ayuda, se quedo mudo, por mas que soplaran sus pulmones, ningún ruido volvió a escuchársele.
La bata de la homicida apenas se ensució. Tiró el cuchillo bajo la otra cama y salió directo a su cuarto, nadie la vio.
En el pasillo se escuchaban dos personas susurrando en tono agresivo, se paró detrás de la puerta para oír.
-No puedo darles mas calmantes sin la autorización del medico.-
-Trae al medico entonces.-
-Esta con el tipo del Opel.-
-¿Podría por lo menos mirarle la sutura?-
El enfermero asintió y entraron a la habitación, un grito que evidenció el descubrimiento del crimen despertó a cada persona en el piso. La vieja tiró su guante por el inodoro y después lavó su bata, la que luego escondió en una bolsa que colocó en la mochila del inodoro. Se vistió con una nueva y se acostó.
En el hospital se generó una conmoción. Todos los médicos fueron a la 215 en vano, los oficiales de la provincial no demoraron en llegar. Detrás de la puerta de opuesta la anciana dormía plácidamente.
A las pocas horas, ya el día amanecido, se despertó con el ingreso de dos enfermeras, que en una camilla traían a un hombre joven accidentado.
La vieja los miraba de reojo, las mujeres eran simpáticas con él. El joven estaba algo inquieto, tal vez por su accidente.
-Tuviste suerte, tu auto quedó muy mal según contaron los bomberos.- Dijo una de ellas
-Mi pobre Opel, me acompaño en tantas.-Respondió como quien pierde a un amigo.
-No te va a acompañar más. Je.-
-¿Qué pasó que hubo tanto alboroto?- Preguntó el joven paciente.
-Un caso policial, cada tanto pasa esas cosas.-Respondió la misma enfermera,
-si,.. Cada cuatro o cinco años. Nunca resuelven nada. -Acotó la otra.
-Cuando se te desinflame la pierna volvemos.- Agregó mientras le colocaba el suero en su lugar. Sonrieron y se fueron dejando al joven con la anciana. Un precario biombo separaba las camas, la vieja esperó unos diez minutos y se levantó, movió el biombo y miró al joven.
-¿Y mamá?¿Como me salió?-
-Vos bien hijo.-
-¿Y vos?-Volvió a preguntar
-Poco pude hacer.Casi me agarran.-

17 comentarios:

Carla dijo...

Un gran cuento, con intriga, suspenso, y un final inesperado.
La verdad no me lo imaginaba.
Te felicito!

El Drac dijo...

Qué tal viejecita ¿no? Y el muchachín su hijito...? como dicen de tal palo tal astilla. De verdad un cuento macabro.

Adrisol dijo...

hermoso cuento, cómo siempre!!!

gracias por compartir...
de a poco me iré poniendo al día con todos mis amigos de la red!!

besosssssssssss

Adrisol dijo...

hola carla!!

aprovecho también para agradecer tus mimos en mi casa....
gracias por estar conmigo y más.........en estos momentos!!

besossssssssssss

SIL dijo...

A menudo los hijos, se nos parecen, y así nos dan...
todo tipo de satisfacciones...

:O

Qué familia, Iván!!

Buenísimo.

(genial el juego con la numeración de las habitaciones)
No te deja respirar el relato hasta el punto final.

Abrazo inmenso a toda la tropa.

SIL

anapedraza dijo...

¡OSTRÁS!

Me quito el sombrero con la boca abierta.

MIGUEL

Con tinta violeta dijo...

Muy bueno, ja,ja...vaya con la viejita...y vaya con el joven...porqué será que comienzo a mirar preocupada a las ancianitas que veo pasear desde mi ventana?
Un beso.
Paloma

Lely Vehuel dijo...

Sabes cuanto me gustan los cuentos y los tuyos geniales,este buenisimo.
Comienza la semana y hay que ponerle toda la energía, que puedo decir de tu sitio que no te he dicho ya, sabes que me encanta pasar de visita por aquí, vengo siempre porque me reconforta. Hoy llego desde Cuentos y Orquídeas y tengo un nuevo cuento a ver si gusta, hecha esta la invitación entonces, te mando un fuerte abrazo. Mucha luz y hasta pronto...

Harold Diaz dijo...

Excelente relato.

Saludos!!

HUMO dijo...

Muy bueno!!!!
Con el mejor de los condimentos para mantener la atención!

cariños!

=) HUMO

Norma Ruiz dijo...

¡que hermosos relato.
un final inesperado
¡me sorprendió¡
me encanto
besos

el oso dijo...

Iván, muy, pero muy bueno... Lo macabro y retorcido de la trama no me impidió divertirme a pleno con el relato.
¡Para poner en un marco!
Abrazos

Raúl dijo...

Un buen cuento, si señor.

MariluzGH dijo...

Atrapante... muy buen relato.
Ah, no... afortunadamente ahora no tengo que volver a ingresar en un hospital, me acordaría de ti Iván (tal vez con poco agrado) jajajajaja

abrazo (sin cuchilla en las manos) ;)

A.Dulac dijo...

Buen desarrollo y final imprevisto,capta la atención y ...habrá que dormir fuera de casa con un ojo abierto.A.Dulac

lidia dijo...

BUENAS TRDE KAPA AZULINO,BELLO TRABAJO,HERMOSISIMO...!
ME HA GUSTADO MUCHO!
MIS FELICITACIONES A TODOS LOS KAPAZULINOS,MUY BUENOS TRABAJOS,
GRACIAS POR COMENTAR EN MIO BLOG!
GRACIAS!
LIDIA-LA ESCRIBA

Noelia dijo...

Increíble ivan!!! aterrador y lleno de suspenso este cuento... no podés dejarlo hasta el final... Siempre digo: tus cuentos son bárbaros...este me gustó muchísimo también!
Besos y nos estamos viendo!
Noe...