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martes, 9 de noviembre de 2010

ALGO DISTINTO por Carla

Hoy no hay un cuento ni una poesía… hoy quiero escribir sobre algo distinto, sobre una experiencia personal.


Quiero saber que piensan ustedes sobre la espiritualidad, en general, no importa de qué religión sean.
Este post tiene que ver con una de las experiencias más memorables e importantes que tuve en mi vida, y realmente siento, que aunque a algunos les parezca exagerado, solo la va a superar pasar por un embarazo o un parto.
El Jueves pasado, fui a Rosario (para los que no son de Argentina es una ciudad de aproximadamente 1.000.000 de habitantes, en la provincia de Santa Fe), en realidad fui a ver, a conocer a una persona, a un sacerdote, el Padre Ignacio.
Cuando llegué a la Iglesia estaba llena de jóvenes (ese día era la misa de los Jóvenes, también hay una para las mujeres, otra para los hombres, las embarazadas, y los domingos para todo el mundo). Era impresionante la gente que había, la gente que había convocado.
Debo confesar que nunca creí, ni me simpatizó el Padre Ignacio, pero como tengo un problemita de salud, y por insistencia de mis amigas decidí ir.
Creo que se trataba de un último intento para poder sentirme bien.
La cuestión, es que durante las imposiciones de manos, empecé a sentirme emocionada, comencé a pensar en mi problema de salud y sollozaba a cada instante. Pero cuando estaba a dos pasos de encontrarme con el Padre Ignacio, todas las emociones comenzaron a salir, y no pude contener mis lágrimas y el llanto se hizo grande. Hasta que estuve en frente de él… y me miro, y me hablo y me abrazó. Y sentí que el mundo me abrazaba, que una paz infinita inundaba mi cuerpo, que el amor total entraba en mi alma. Nose como explicar la sensación que viví, solo puedo decir que fue una experiencia espiritual que nunca había vivido.
Y yo se que esto es un Taller Literario, y que no tiene mucho que ver lo que estoy escribiendo, pero la mayoría de ustedes ya son mis compañeros, mis amigos literarios, y realmente quería contarles lo que había sentido.
Quería preguntarles, o que me contaran, si alguna vez habían sentido algo parecido con respecto a la Espiritualidad. No tiene que ser con un sacerdote, no se, algo que los haya hecho sentir vivos, grandes, llenos de amor.
Me gustaría que me contaran que experiencia los marco en la vida.
Gracias por leerme, por escucharme, hoy tenía la necesidad de hablar más que de escribir.

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jueves, 1 de octubre de 2009

Y SÍ… ME CAI DE LA ESCALERA por Carla Kowalski


Eran las 4 de la tarde de un lunes cuando salí al patio de mi casa para destender la ropa seca. Subí a la escalera que me lleva a la terraza y junté dos remeras y 1 par de medias. Bajaba tranquila cuando de pronto, como una revelación, me vi cayendo de cara, rompiéndome todos los dientes, quebrándome la nariz y sacándome un ojo. Gracias a esa visión, fue que con fuerza tiré hacia abajo, cayendo sentada de costado y doblándome un pie.

Obvio que me dolió, pero no tanto… pero como estaba sola, empecé a lloriquear con un “ay… ay… ay” para ver si me sentían los vecinos. Pero tampoco había nadie. Lo más extraño es que no era que necesitaba que alguien me levantara, pero tenía la necesidad de escuchar:-¿Estas bien? ¿Necesitas algo?- Para poder decir con cara de sufrimiento y lástima: No… puedo sola.
Como no apareció nadie, me tuve que levantar solita. Conclusión: Esguince de pie y una bota aparatosa que parece un patín roller sin rueditas, que uso hasta para dormir.
Pero, todo esto, tiene un comienzo, un elemento protagonista que es: la escalera, que tiene el honor de ser llamada: “Escalera de mierda”.
Primero porque la casa no tenia escalera, a mi se me ocurrió colocarla para tender la ropa en la terraza, en un tendedero chiquito que entra en el patio… (Si, ya se, no se entiende).
Pero yo quería tener una terraza, y me compre un banquito de plaza para sentarme los días de sol. ¿Cuántas veces me senté? 4 o 5… El uso que le doy es apoyar el cesto de ropa mojada mientras la tiendo (si, un desperdicio).
Para colmo, mi patio es muy chico, así que con la escalera no se aprovecha, puse una mesita de plástico y 4 sillas…. pero están todas apiladas. O sea, no me siento ni en el patio ni en la terraza.
Y el motivo de la caída fue porque al ser un patio pequeño, no había espacio para escalones anchos y no queda otra que subir de costado, para llegar al tendedero que entra en el patio, pero que está en la terraza, porque abajo la escalera ocupa lugar y están la mesa y las sillas apiladas en las que nunca me siento. Eso sí, en los cumpleaños, cuando me quedo sin asientos, siempre me salvan las sillas apiladas.
Otro uso que le iba a dar a la escalera, era en la parte de abajo del descanso, hacer como un placarcito porque me pensaba comprar una cortadora de césped, que nunca compre, porque por mas que le dije al herrero que me hiciera los escalones tapados, me los hizo con unas rejitas para que me salga mas barato, cuando yo le había dicho que no me importaba porque quería el famoso descanso tapado para resguardar la cortadora de césped de la lluvia, pero ni tampoco eso logre.
En fin, quizás saque la escalera, o la rompa o la prenda fuego, porque desde el momento en que la vimos colocada, con los hierros, toda aparatosa, ocupando todo el patio, alguien dijo: “Alguno se va a caer”.
Y sí… tenía que ser yo.
Pero la pregunta que me da vuelta en estos días es ¿para qué mierda quería una escalera? La verdad, no logro respondérmelo.

14-08-09

(Para todos los que me preguntaron, Sí, es real.)

La caída que pudo ser... jejeje



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