Que se calle el viento
que alguna vez irrumpió en mi vida.
Que despierte el silencio
que lo sobrepasé en tantos importunios.
Que mueran los secretos
aquellos que están en trance, entre el olvido y el recuerdo.
Que se esfumen los tormentos en cada palabra
que fluyan como las ideas, la sangre o el agua.
Y que no me quede nada
de todo lo irrescatable de los hechos.
Que la vida no sea vida
que la nada lo sea todo.
Que las razones no importen en el aire,
que del aire no espere más que fresco.
Que el viento vuele y me arrastre,
que la paz no exista y simplemente me pueda ir.
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martes, 27 de abril de 2010
sábado, 24 de abril de 2010
Orgullo de tenerte... por Lisandro
A mi NONA querida!
Estoy sentado escuchándote
viejas historias de tu ayer.
Sonríes con ternura al recordar
cuántas cosas tienes por contar.
Soy feliz en tus palabras
me hacen volar, tienen alas.
Sonrío contigo en cada instante
sos mi todo, todo lo importante.
Tienes un libro en el corazón
dónde siempre nace una canción.
Frases picarescas en rebeldía
es tu historia mi poesía.
Estoy sentado, pero me levanto
no me cansé de tu encanto
sólo quiero abrazarte fuerte
no quiero pensar que puedo perderte.
Reliquia tus historias en la mente
tu aroma de experiencias sí se siente.
Orgullo de tenerte en mi poesía
ser tu nieto me da vida.
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Estoy sentado escuchándote
viejas historias de tu ayer.
Sonríes con ternura al recordar
cuántas cosas tienes por contar.
Soy feliz en tus palabras
me hacen volar, tienen alas.
Sonrío contigo en cada instante
sos mi todo, todo lo importante.
Tienes un libro en el corazón
dónde siempre nace una canción.
Frases picarescas en rebeldía
es tu historia mi poesía.
Estoy sentado, pero me levanto
no me cansé de tu encanto
sólo quiero abrazarte fuerte
no quiero pensar que puedo perderte.
Reliquia tus historias en la mente
tu aroma de experiencias sí se siente.
Orgullo de tenerte en mi poesía
ser tu nieto me da vida.
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Lisandro E. Penazzo,
Poesía
martes, 20 de abril de 2010
UN TRAGO DE DESPEDIDA por Carla Kowalski
- Me enteré de que se casa Pablo- dijo Inés tomando de las manos a Patricia.
Al principio Inés se asustó al no ver reacción alguna en su amiga, pero después la tuvo que sostener cuando su cuerpo se fue hacia el piso.
Las lágrimas goteaban en su rodilla.
Patricia sintió que el mundo la aplastaba contra el suelo, lo siguió sintiendo aunque Inés hacia horas que la había levantado y recostado en su cama.
- Después de tantos años se casa con otra- murmuraba.
Con los días se fue acostumbrando a la idea, aunque tenía la esperanza de que él la llamara, que se arrepintiera, que la eligiera.
Y como respuesta a todas sus plegarias, Pablo llamo:
- Hola, mi vida – dijo una voz masculina.
-¡Mi amor! ¡Mi amor! ¡Llamaste! Me dijeron algo horrible- le contó ella.
- Pará Pato, no digas nada… Te tengo que contar algo, perdona que lo haga por teléfono, pero creo que así nos evitamos una situación incómoda.
- ¿Entonces te casas? ¿Y me lo vas a decir por teléfono? ¿Después de haberte dado seis años de mi vida?- preguntó ofuscada.
- Escenas no, Patricia. Vos sabías que esto algún día iba a pasar, hace diez años que estoy con Alicia. Nunca te engañe-
- Si… pero… yo pensé… yo…- Patricia no podía emitir palabras, sentía que el pecho se le rompía, no podía aguantar el dolor, no podía creer que el amor de su vida se casara con otra. No podía creer que fuera tan hijo de puta.
Pablo, respiró hondo y le explicó:- Pato… Pato… perdóname, es que soy medio brusco para decir las cosas… ya me conoces, pero hay algo mas, ahora que me voy a casar, entenderás que no nos vamos a poder ver mas, es que me quiero poner las pilas…
- Entiendo- dijo Patricia con la cara empapada en lágrimas.
-Pero… en honor a nuestro amor… a todos estos años juntos, creo que nos deberíamos una despedida- Dijo Pablo soltando una risita.
Ella no contestó, quedó inmóvil, sosteniendo el teléfono, sin pestañar, con la vista fija en la pared.
- Ok, no me contestes ahora. Pensalo y llamame. Creo que nos merecemos una última noche juntos, brindar por todos estos años, sería como un trago de despedida ¿no? Pensalo. Chau, bebe.
Patricia colgó el teléfono, luego lo arrojó contra la pared. Tiro todo lo que tenia a su alcance, hasta se propuso arrancar el papel tapiz de la pared. Paró cuando descubrió el piso lleno de sangre. Luego se vio las manos.
Dos días antes de la boda, los amantes quedaron en verse en el departamento de soltero de Pablo. A pesar de los gritos y consejos de Inés, lo había llamado y aceptado su invitación de despedirse con una noche muy especial. Por única vez, un último encuentro.
Se vistió con un vestido ajustado negro, se pinto de rojo los labios y arregló su cabello para que parecieran desordenado. Dejo caer dos gotas de perfume en su escote.
Cuando llego al departamento, Pablo le sonrió e hizo un ademán para que ingrese.
Patricia observó detenidamente los detalles del ambiente: luces tenues, velas por doquier, música romántica. De sus ojos cayeron un par de lágrimas, pensó que quizás alguna vez la había querido.
- ¿Qué pasa mi vida? ¿Tomamos el champagne que trajiste? Que no te quiero ver con esa carita triste- La animaba él.
Patricia lo observaba, miraba su caminar, sus ojos, esa sonrisa fascinante…
Brindaron, tomaron casi toda la botella, él más que ella...
Y Patricia lo seguía mirando, a veces le sonreía cuando hacia una payasada, y le siguió sonriendo cuando lo vio agarrarse el estómago, cuando lo vio retorcerse del dolor.
Y cuando supo que estaba apunto de morir hablo: - ¿Vos no querías un trago de despedida? Yo no, corazón, nos vemos en el infierno.- Y se tomó el último trago con veneno.
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Al principio Inés se asustó al no ver reacción alguna en su amiga, pero después la tuvo que sostener cuando su cuerpo se fue hacia el piso.
Las lágrimas goteaban en su rodilla.
Patricia sintió que el mundo la aplastaba contra el suelo, lo siguió sintiendo aunque Inés hacia horas que la había levantado y recostado en su cama.
- Después de tantos años se casa con otra- murmuraba.
Con los días se fue acostumbrando a la idea, aunque tenía la esperanza de que él la llamara, que se arrepintiera, que la eligiera.
Y como respuesta a todas sus plegarias, Pablo llamo:
- Hola, mi vida – dijo una voz masculina.
-¡Mi amor! ¡Mi amor! ¡Llamaste! Me dijeron algo horrible- le contó ella.
- Pará Pato, no digas nada… Te tengo que contar algo, perdona que lo haga por teléfono, pero creo que así nos evitamos una situación incómoda.
- ¿Entonces te casas? ¿Y me lo vas a decir por teléfono? ¿Después de haberte dado seis años de mi vida?- preguntó ofuscada.
- Escenas no, Patricia. Vos sabías que esto algún día iba a pasar, hace diez años que estoy con Alicia. Nunca te engañe-
- Si… pero… yo pensé… yo…- Patricia no podía emitir palabras, sentía que el pecho se le rompía, no podía aguantar el dolor, no podía creer que el amor de su vida se casara con otra. No podía creer que fuera tan hijo de puta.
Pablo, respiró hondo y le explicó:- Pato… Pato… perdóname, es que soy medio brusco para decir las cosas… ya me conoces, pero hay algo mas, ahora que me voy a casar, entenderás que no nos vamos a poder ver mas, es que me quiero poner las pilas…
- Entiendo- dijo Patricia con la cara empapada en lágrimas.
-Pero… en honor a nuestro amor… a todos estos años juntos, creo que nos deberíamos una despedida- Dijo Pablo soltando una risita.
Ella no contestó, quedó inmóvil, sosteniendo el teléfono, sin pestañar, con la vista fija en la pared.
- Ok, no me contestes ahora. Pensalo y llamame. Creo que nos merecemos una última noche juntos, brindar por todos estos años, sería como un trago de despedida ¿no? Pensalo. Chau, bebe.
Patricia colgó el teléfono, luego lo arrojó contra la pared. Tiro todo lo que tenia a su alcance, hasta se propuso arrancar el papel tapiz de la pared. Paró cuando descubrió el piso lleno de sangre. Luego se vio las manos.
Dos días antes de la boda, los amantes quedaron en verse en el departamento de soltero de Pablo. A pesar de los gritos y consejos de Inés, lo había llamado y aceptado su invitación de despedirse con una noche muy especial. Por única vez, un último encuentro.
Se vistió con un vestido ajustado negro, se pinto de rojo los labios y arregló su cabello para que parecieran desordenado. Dejo caer dos gotas de perfume en su escote.
Cuando llego al departamento, Pablo le sonrió e hizo un ademán para que ingrese.
Patricia observó detenidamente los detalles del ambiente: luces tenues, velas por doquier, música romántica. De sus ojos cayeron un par de lágrimas, pensó que quizás alguna vez la había querido.
- ¿Qué pasa mi vida? ¿Tomamos el champagne que trajiste? Que no te quiero ver con esa carita triste- La animaba él.
Patricia lo observaba, miraba su caminar, sus ojos, esa sonrisa fascinante…
Brindaron, tomaron casi toda la botella, él más que ella...
Y Patricia lo seguía mirando, a veces le sonreía cuando hacia una payasada, y le siguió sonriendo cuando lo vio agarrarse el estómago, cuando lo vio retorcerse del dolor.
Y cuando supo que estaba apunto de morir hablo: - ¿Vos no querías un trago de despedida? Yo no, corazón, nos vemos en el infierno.- Y se tomó el último trago con veneno.
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viernes, 16 de abril de 2010
EL NAUFRAGO y EL PRÍNCIPE SIN GANAS por Susana
EL NÁUFRAGO
Un naufrago flotaba en el mar.
De pronto una medusa le dijo;
-Si me besas, te llevo a tierra.-
El naufrago asustado se negó.
Al otro día paso una tortuga horrible;
-Si me besas te rescato-
El naufrago con asco se negó.
Al vigésimo día pasó una sirena…
El naufrago la llamó…
-¡Si me llevas a tierra te doy un beso!-le ofreció.
La sirena lo miró, todo quemado por el sol y la salitre
-No gracias-respondió- solo beso hombres guapos…-
2º) Final.
-¡Ni loca!- respondió- Prefiero besar a un sapo…-
EL PRINCIPE SIN GANAS
Había una vez un príncipe encantado con capa corona y hermoso peinado.
Tenía un castillo, un reino, duendes, hadas y en el fondo del pecho un corazón pintado.
Y vino a pasar por el reino una princesa descalza, sin súbditos, ni corona y sin ninguna alhaja. Y en el fondo del pecho un corazón de lata.
Al ver al príncipe dijo; “Es lo que me hace falta”
Al verla el príncipe opinó; “Que fea eres muchacha”
Se termino la historia por falta de ganas.
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Un naufrago flotaba en el mar.
De pronto una medusa le dijo;
-Si me besas, te llevo a tierra.-
El naufrago asustado se negó.
Al otro día paso una tortuga horrible;
-Si me besas te rescato-
El naufrago con asco se negó.
Al vigésimo día pasó una sirena…
El naufrago la llamó…
-¡Si me llevas a tierra te doy un beso!-le ofreció.
La sirena lo miró, todo quemado por el sol y la salitre
-No gracias-respondió- solo beso hombres guapos…-
2º) Final.
-¡Ni loca!- respondió- Prefiero besar a un sapo…-
EL PRINCIPE SIN GANAS
Había una vez un príncipe encantado con capa corona y hermoso peinado.
Tenía un castillo, un reino, duendes, hadas y en el fondo del pecho un corazón pintado.
Y vino a pasar por el reino una princesa descalza, sin súbditos, ni corona y sin ninguna alhaja. Y en el fondo del pecho un corazón de lata.
Al ver al príncipe dijo; “Es lo que me hace falta”
Al verla el príncipe opinó; “Que fea eres muchacha”
Se termino la historia por falta de ganas.
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cuentos,
Maria Susana Ferreira
martes, 13 de abril de 2010
TALLER ABIERTO ABRIL '10
Como ya todos saben una vez por mes publicamos el trabajo de nuestras visitas.
En este caso nos visitan Gabriela Ledezma e Ignacio Reiva
A continuación encontrarán una pequeña reseña de cada uno, luego, para leer sus textos, cliqueen "leer mas".
Gabriela nos cuenta: Mi nombre es Gabriela Ledezma pero me gusta que me digan GABA, tengo 40 años y escribo desde los 12 años, tengo muchísimos escritos siempre me ha encantado, soy mexicana y vivo en el Estado de México. Hoy nos deleita con su texto Acéptame.
Ignacio Reiva nace en la provincia de Buenos Aires y de eso ya hace tanto tiempo que no se sabe el momento exacto. Empieza a leer en cuanto descubre los libros y sólo quita los ojos de las hojas para escribir. Es cuidador de 4 Blogs: http://polvodeltiempo.blogspot.com http://cuentosunos.blogspot.com http://pobresdenosotros.blogspot.com y http://gritosusurrado.blogspot.com
Hoy nos regala: Causas
ACEPTAME por Gabriela Ledezma
Acéptame, dame un si con el corazón en la mano, no me abandones, no huyas de tus sentimientos, dándole prioridad a la razón, si, si, ya lo sé y por lo mismo, tenemos derecho a equivocarnos, como humanos, alguna vez erramos, pero porque ahora que el destino vuelve a reencontrarnos no me aceptas y quieres regresar a la vida que construiste cuando nos alejamos.
Acéptame, dame un si con el corazón en la mano, no me abandones, no me destruyas,
sabes bien que un solo si, hará de mi al mejor ser humano, un no, en estos momentos será derrumbar todo lo bueno que pudo haber existido en mí.
Acéptame hoy y jamás, jamás volveré a alejarme de ti. Sabes; perdí la felicidad cuanto te fuiste hoy te pido una vez más. Acéptame, porque con tu aceptación jamás voy a volver a irme.
Gracias por aceptarme, eres todo para mí
CAUSAS por Ignacio Reiva
-¿Por qué me mato?... Porque quiero vivir.
La oreja del otro lado del teléfono pensaba para sus adentros que no podía estar pasándole esto. Un desconocido, a las dos de la mañana, lo llamaba para anunciarle, así como así, que se iba a matar. Con el insensato agravante de alegar como causa, sus ganas de vivir.
-Usted piense, decía, la libertad es una utopía encarcelada. La gente ha decidido no pensar ¿Se imagina lo que eso significa para un artista? Vivir sin libertad y relegando la inteligencia.
La bostezante víctima de la suerte insinuó un aha, casi mudo.
-Uno compone un réquiem y la gente lo baila en nombre de la estúpida alegría New Age sin contenido. Uno pinta la pasión y se convierte en etiqueta de salsa de tomates, si escribe un pensamiento, le responden por la calle con una frase hecha y desgastada. Así no hay arte que aguante, el arte estaba hecho para los hombres y los hombres lo rechazan. Es más, usted debe estar pensando ¿Por qué no se mata de una vez y me deja dormir? Porque tampoco me entiende, nadie me entiende.
Un nuevo aha, mezclado con bostezo y hartazgo, volvió a interrumpir el monólogo del suicida, que una vez terminado el sonido, arremetió nuevamente.
-Si partimos de la base de que la libertad les molesta, de que nadie sabe qué hacer con ella; que prefieren escuchar la música que les imponen escuchar; que jamás persiguen un libro agotado. Se saben imposibilitados de razonamientos trascendentes y profundos y por eso adoptan religiones y filosofías de velas y sales de baño. Caminan incapaces de saber hacia dónde se dirigen e, incluso, el por qué caminan. Fíjese usted qu..
La paciencia de quien escuchaba pareció agotarse y con una carga excesiva de furia contenida y sueño acumulado interrumpió diciendo.
-Escuche: evidentemente este mundo no es para usted, ni siquiera para ser artista, si es que usted es algo de eso, así que haga lo que tenga que hacer pero sin molestar a los demás. Y colgó el auricular
El suicida temblando decidió hacer lo que tenía que hacer, ahora sabía que debía hacerlo, no había opción, así que tomó papel y lápiz y escribió.
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En este caso nos visitan Gabriela Ledezma e Ignacio Reiva
A continuación encontrarán una pequeña reseña de cada uno, luego, para leer sus textos, cliqueen "leer mas".
Gabriela nos cuenta: Mi nombre es Gabriela Ledezma pero me gusta que me digan GABA, tengo 40 años y escribo desde los 12 años, tengo muchísimos escritos siempre me ha encantado, soy mexicana y vivo en el Estado de México. Hoy nos deleita con su texto Acéptame.
Ignacio Reiva nace en la provincia de Buenos Aires y de eso ya hace tanto tiempo que no se sabe el momento exacto. Empieza a leer en cuanto descubre los libros y sólo quita los ojos de las hojas para escribir. Es cuidador de 4 Blogs: http://polvodeltiempo.blogspot.com http://cuentosunos.blogspot.com http://pobresdenosotros.blogspot.com y http://gritosusurrado.blogspot.com
Hoy nos regala: Causas
ACEPTAME por Gabriela Ledezma
Acéptame, dame un si con el corazón en la mano, no me abandones, no huyas de tus sentimientos, dándole prioridad a la razón, si, si, ya lo sé y por lo mismo, tenemos derecho a equivocarnos, como humanos, alguna vez erramos, pero porque ahora que el destino vuelve a reencontrarnos no me aceptas y quieres regresar a la vida que construiste cuando nos alejamos.
Acéptame, dame un si con el corazón en la mano, no me abandones, no me destruyas,
sabes bien que un solo si, hará de mi al mejor ser humano, un no, en estos momentos será derrumbar todo lo bueno que pudo haber existido en mí.
Acéptame hoy y jamás, jamás volveré a alejarme de ti. Sabes; perdí la felicidad cuanto te fuiste hoy te pido una vez más. Acéptame, porque con tu aceptación jamás voy a volver a irme.
Gracias por aceptarme, eres todo para mí
CAUSAS por Ignacio Reiva
-¿Por qué me mato?... Porque quiero vivir.
La oreja del otro lado del teléfono pensaba para sus adentros que no podía estar pasándole esto. Un desconocido, a las dos de la mañana, lo llamaba para anunciarle, así como así, que se iba a matar. Con el insensato agravante de alegar como causa, sus ganas de vivir.
-Usted piense, decía, la libertad es una utopía encarcelada. La gente ha decidido no pensar ¿Se imagina lo que eso significa para un artista? Vivir sin libertad y relegando la inteligencia.
La bostezante víctima de la suerte insinuó un aha, casi mudo.
-Uno compone un réquiem y la gente lo baila en nombre de la estúpida alegría New Age sin contenido. Uno pinta la pasión y se convierte en etiqueta de salsa de tomates, si escribe un pensamiento, le responden por la calle con una frase hecha y desgastada. Así no hay arte que aguante, el arte estaba hecho para los hombres y los hombres lo rechazan. Es más, usted debe estar pensando ¿Por qué no se mata de una vez y me deja dormir? Porque tampoco me entiende, nadie me entiende.
Un nuevo aha, mezclado con bostezo y hartazgo, volvió a interrumpir el monólogo del suicida, que una vez terminado el sonido, arremetió nuevamente.
-Si partimos de la base de que la libertad les molesta, de que nadie sabe qué hacer con ella; que prefieren escuchar la música que les imponen escuchar; que jamás persiguen un libro agotado. Se saben imposibilitados de razonamientos trascendentes y profundos y por eso adoptan religiones y filosofías de velas y sales de baño. Caminan incapaces de saber hacia dónde se dirigen e, incluso, el por qué caminan. Fíjese usted qu..
La paciencia de quien escuchaba pareció agotarse y con una carga excesiva de furia contenida y sueño acumulado interrumpió diciendo.
-Escuche: evidentemente este mundo no es para usted, ni siquiera para ser artista, si es que usted es algo de eso, así que haga lo que tenga que hacer pero sin molestar a los demás. Y colgó el auricular
El suicida temblando decidió hacer lo que tenía que hacer, ahora sabía que debía hacerlo, no había opción, así que tomó papel y lápiz y escribió.
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Taller Abierto
viernes, 9 de abril de 2010
Minicuentos POR KAPASULINOS
Este es un trabajo que realizamos en el taller en una de nuestras reuniones. Cada uno tenía que escribir tres mini-cuentos y elegir uno para ser publicados.
En el último ejercicio escribimos un minicuento todos juntos.
Para leer los minicuentos cliquear en Leer mas.
Minicuento por SUSANA
Sonó el despertador, eran las seis de la mañana, recordó que era domingo, lo apagó y siguió durmiendo.
Minicuento por CARLA.
Sofia jugaba en la hamaca. El viento rozaba sus cabellos. El hombre se acercó y la miró. No hubo vuelta atrás.
Minicuento por LISANDRO
Prendió un cigarro y los recuerdos se le hicieron ceniza. El cenicero se ensució de experiencia. Insiste en prender otro cigarro… Quiere consumir lo vivido.
Minicuento por NOELIA
Solía caminar en noches claras, rodeada de sombras empeñadas en acabar con sus pasos hasta despertar.
Minicuento por IVÁN
Es la ventana más triste que vi. A través de ella se ve el celeste del cielo, los rayos del sol entran como si nada, las mariposas se apoyan del lado de afuera.
Mejor compro una cortina. Una cortina bien oscura voy a comprar.
Minicuento por KAPASULINOS
El pintor vio como el rojo se fundía en el azul. La mezcla matizó su satisfacción al crear un tercer color. Recordando aquellos logros inalcanzables de toda su existencia, había descubierto ya tres colores ¿Habría de existir un cuarto color?
Necesitaba un nuevo elemento, decidió probar con su sangre.
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En el último ejercicio escribimos un minicuento todos juntos.
Para leer los minicuentos cliquear en Leer mas.
Minicuento por SUSANA
Sonó el despertador, eran las seis de la mañana, recordó que era domingo, lo apagó y siguió durmiendo.
Minicuento por CARLA.
Sofia jugaba en la hamaca. El viento rozaba sus cabellos. El hombre se acercó y la miró. No hubo vuelta atrás.
Minicuento por LISANDRO
Prendió un cigarro y los recuerdos se le hicieron ceniza. El cenicero se ensució de experiencia. Insiste en prender otro cigarro… Quiere consumir lo vivido.
Minicuento por NOELIA
Solía caminar en noches claras, rodeada de sombras empeñadas en acabar con sus pasos hasta despertar.
Minicuento por IVÁN
Es la ventana más triste que vi. A través de ella se ve el celeste del cielo, los rayos del sol entran como si nada, las mariposas se apoyan del lado de afuera.
Mejor compro una cortina. Una cortina bien oscura voy a comprar.
Minicuento por KAPASULINOS
El pintor vio como el rojo se fundía en el azul. La mezcla matizó su satisfacción al crear un tercer color. Recordando aquellos logros inalcanzables de toda su existencia, había descubierto ya tres colores ¿Habría de existir un cuarto color?
Necesitaba un nuevo elemento, decidió probar con su sangre.
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martes, 6 de abril de 2010
Un segundo y medio. Por Noelia.
Presurosa salió a su encuentro.
Abrumada por sus propios sentimientos y expectativas, con el corazón golpeándola en el pecho en posición de escape a cualquiera de las fuerzas naturales. Se podía sentir el aire húmedo y agitado saliendo de su dibujada boca de cerezas.
Sin interrupciones a su paso decidido, levantando el polvo del suelo con sus pies descalzos, acostumbrados a la rusticidad del aquel suelo que la sintió nacer.
Se plantó en seco al verlo bajar con el bolso en las manos, con el rostro cansado, los hombros caídos y una imperceptible gota recorriéndole la cara, disimuladamente borrada con la manga de un traje azul gastado.
El tiempo lo había cambiado, no se parecía en nada a aquel hombre que corría al alzarla en brazos para jugar con Miranda, cuando sus labios tenían una risa y un brillo propios, y ahora a penas esbozaba una triste sonrisa.
No alcanzó a pensar en los motivos del cambio irreversible que se avecinaba, pero supo desde aquel momento, que las cosas no volverían a ser como antes, que no volvería a ver reír a su padre. Leer más...
Abrumada por sus propios sentimientos y expectativas, con el corazón golpeándola en el pecho en posición de escape a cualquiera de las fuerzas naturales. Se podía sentir el aire húmedo y agitado saliendo de su dibujada boca de cerezas.
Sin interrupciones a su paso decidido, levantando el polvo del suelo con sus pies descalzos, acostumbrados a la rusticidad del aquel suelo que la sintió nacer.
Se plantó en seco al verlo bajar con el bolso en las manos, con el rostro cansado, los hombros caídos y una imperceptible gota recorriéndole la cara, disimuladamente borrada con la manga de un traje azul gastado.
El tiempo lo había cambiado, no se parecía en nada a aquel hombre que corría al alzarla en brazos para jugar con Miranda, cuando sus labios tenían una risa y un brillo propios, y ahora a penas esbozaba una triste sonrisa.
No alcanzó a pensar en los motivos del cambio irreversible que se avecinaba, pero supo desde aquel momento, que las cosas no volverían a ser como antes, que no volvería a ver reír a su padre. Leer más...
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Noelia Arizaga,
Relatos
viernes, 2 de abril de 2010
NO VA A LLOVER HASTA OCTUBRE (parte2) por Iván
Paso a informarles que antes de leer este post debe leer con anterioridad la primera parte. Les dejo el link;
http://literariokapasulino.blogspot.com/2010/03/no-va-llover-hasta-octubre-parte1-por.html
A mi entender es bastante llevadero.Saludos y espero les agrade.
Quiero agradecer al Galán del barrio por avisarme de los errores anteriores (que ya corregí), thanks dude.
Las pinturas (3era parte)
Llegamos al primer cajón, estaba perforado por todos lados, incluso salpicado de tierra, señal que varios cañonazos cercanos pero no certeros lo habrían inquietado. A este cajón tampoco lo había notado. Procedí a levantarle la tapa, toda la troupe se asomó a curiosear, esperaban ver ahí un colador humano. Acurrucado en su interior había un joven de casi unos veinte años, se ocultaba tras un lienzo; Estaba vivo pero muerto de miedo, no habría los ojos y no dejaba de temblar. Estaba muy pálido, tan blanco como la sal.
-Joven, si no pinta nada, no le pagaré.- Dijo el General
Todos los demás presentes miraron a otro lado, la vergüenza ajena nos invadió, ¡Cuanta falta de tacto y desconsideración!, el pobre pibe sufría en un estado de shock, tal vez una neurosis de guerra (en esa época no se había acuñado el término pero cuando lo escuche por primera vez, no hice más que recordar al pobre mozalbete acongojado en ese rincón)
-Tal vez cuando se recomponga, pintará… de seguro la batalla le asustó.- Dijo el más normal de los cajetillas que se habían bajado de las “carrozas”.
Seguimos caminando como unos cien metros más, hasta lo que para Luna y para mí era el tercer cajón, para los demás era el segundo, dentro de la caja no había nadie, el pintor se había acomodado con su atril bajo un ceibo a pintar y felizmente daba pinceladas. Totalmente opuesto al joven, este demente parecía haber disfrutado de la sangrienta batalla.
Nos acercamos por detrás, sin ánimo de cortarle su inspiración; notó nuestra presencia se dio vuelta y sonrió. Sin más volvió a pintar.
El General se le acercó miró el cuadro unos segundos y se volvió hacia el grupo de acompañantes y dijo: - Una obra con una calidad impresionante.-
-Impresionante.- dijo Cardozo y siguió tomando nota.
El pintor nos miro y volvió a sonreír, pero el General tenía en su rostro un gesto entre duda y decepción
¿Dónde exactamente estaría yo ahí?-
-Usted no va a aparece en la pintura.-Respondió el pintor
-¡¿Cómo que no voy a aparecer!?- Gritó ofuscado, lanzando un golpe al aire. – ¡¿Para qué se les paga a los pintores si no hacen nada o hacen lo que quieren!?.- La cara se la había puesto roja, las venas del cuello se le habían hinchado demasiado.
Hubo un silencio incomodo. Hasta los heridos y amputados se tapaban la boca para no gritar de dolor. Todos mirando atentos a la situación.
-El dinero que le daré a cada uno de ustedes es equivalente al costo de cinco cañones.-
Luna me susurró al oído:-Son quince cañones, en total hubiésemos tenido cuarenta y dos.-
-Se hubiesen rendido de seguro, no sería necesario tal despilfarro de vidas.- Respondí.
Cardozo nos estuvo leyendo los labios y anotando nuestros diálogos, lo pesqué de reojo. Me incliné hacia Luna y le dije: - A ese lo fondeamos en la laguna.-
-El demente pintor (que no media con que déspota se enfrentaba) dijo orgulloso:- Entienda que tengo grabada en mi mente una escena, la escena más importante de la batalla. Y esa imagen no se borrará.-
-Usted me pinta o lo hago estaquear.-el General se dio vuelta y se marchó; Por mi parte me quedé con mi hombre de confianza a ver las pinceladas, realmente esta persona tenía un don. El cuadro aun sin terminar ya era bueno.
-¿Cual es esa imagen que tiene grabada en la cabeza? ¿Esa que le da tanta inspiración?- Pregunté sutilmente.
-“El final”, la última bala que disparó un gran tirador, que es ese joven.- Dijo señalando hacia las catreras de los enfermos.
-Felipe.-Dije con poco gana.
-Ven acércate joven. Te voy a retratar.- Felipe dudaba, el pintor agrego:-No falló un tiro, es el soldado perfecto.-
-Miré… el General detesta por no decir que odia a Felipe, no lo puede retratar… él no debería estar aquí.-
-¿Por qué no?-
-Por qué no tiene todas las bochas en el juego. ¿Me explico? Si se entera el viejo este, nos hacen estaquear a los tres.-
-¿Por qué no pintás mejor al viejo disparando la última bala y te dejas de joder?-
-Al General lo voy a pintar así de chiquito (haciendo un gesto con los dedos), en un rincón y bien feo lo voy a hacer.-
Estaba asustado, me veía venir una estaqueada de una semana. De repente me pregunté qué habrá sido del General y su sequito. Recordé que a ellos les faltaba ver al último de los artistas, el francés. Si se enteraban de seguro me fusilaban por acumulación de merito.
Corrí tanto como pude y me acerqué sigilosamente. Estaban todos los antes mencionados y más, ¿quiénes? No sabían en ese momento. Pero se encontraban hablando a unos veinte metros del cajón del francés. En ese momento supuse que: todo era una bomba de tiempo. Por lo bajo, rece un padrenuestro. Cardozo lo codeó a Lynch y me señalo con un movimiento corto de cabeza.
Los oligarcas y el negro Betún (4ta parte)
El General habló un rato con un señor muy refinado: Don Juan Uribe Parodi. Era alguien que estaba muy interesado en esta batalla, pues de ganarse la posición compraría esas tierras “limítrofes” a muy bajo costo sin generar sospechas.
-No olvide General… que yo fui a la Gobernación y pague con diez cañones toda esta zona, pero no me compré todos los cadáveres, ni toda esta sangre.- Dije el Titiritero del Gobierno.
-Si, es verdad, deme tiempo para que limpien todo, lo dejaremos impecables.-
-No vayan a enterrar a nadie en este suelo. Del otro lado de la laguna tal vez.- Todos casualmente sincronizados giraron sus cabezas hacia la laguna. A lo que agregó:- En el invierno empezamos a armar los establos y traeremos el ganado para principio de verano. El veintiuno de julio quiero todo impecable.-
El General asintió con una sonrisa.
-Y por favor quite esas letrinas o hágalas quemar.- Dijo señalando al habitáculo artístico del francés.
-¡Esas no son letrinas!, ahí dentro, hice poner tres pintores a retratar nuestra victoria.- Dijo el General a lo que agregó:
-Vayamos a ver que pintó.-
-Se tenía fe.- Dijo el hacendado.
Y nos acercamos en fila india, según el rango o aspiraciones de carácter personal.
Todos rieron, perdón reímos; Fue una risa notoriamente de compromiso, hasta Felipe se hubiera dado cuenta.
-¿Tres pintores ahí adentro?, ¿Tres personas en dos metros cuadrados?-, -En una manufacturera está bien, pero son artistas merecen mejor trato.- Dije este tal Uribe, que cada segundo transcurrido lo quería estrangular más por entendidas razones.
Entre Luna y Cardozo levantaron la tapa y como era evidente no había nadie, solo el lienzo dibujado en carbonilla.
-¿¡Que paso acá!?- Preguntó Lynch que hasta ese momento solo sonreía.
-Usted debería saberlo, usted no me informó nunca de esto y encima no se hizo responsable.- Aproveché con vileza la situación.
-¿Que sabe Usted de esto?- Le interrogó el General enojado.
-Nada. Yo no estaba- Dijo asustado, y yo sonreí por lo bajo.
-¿Que sabe Usted?- Me preguntó bruscamente y se me fue la sonrisa de la cara, me puse pálido.
-Nada.-Dije muy confiado de mi mentira, pero sabiendo que tenía patas cortas.
-¿¡Nada!? ¿Pero si Usted estuvo aquí?- Volvió a la carga. La tortilla se había dado vuelta, ahora yo estaba abajo.
-Si pero… Haciendo cosas más importantes.-
-¿Mas importantes? ¿Otra vez tengo que repetir que no hay cosas más importante que esto!, Miré el papelón que me hace pasar frente a personalidades tan importantes.- Me miró con resignada bronca.
Nadie dijo nada, el silencio se cortó cuando a en ese momento a lo lejos, un grupo de entre ocho o diez llegaron al trote cantando felizmente. El grupo se acercó, eran soldados a mi cargo, traían a una persona atada a un palo como jabalí.
-Un desertor.- aseguró Lynch
-Seguramente lo tiene merecido.- Dijo Cardozo.
Su rostro era irreconocible, su ropa también, había sido golpeado y azotado al viejo estilo romano. Entre tantos moretones y tanta sangre no se reconocían ni los ojos ni los labios. Entre todos se adelantó un soldado negro apodado Betún, (alguien que medía casi siete pies, ciento veinte kilos de puro músculos hechos de levantar medias reses en el saladero) quien dijo con orgullo:-Ya aprendió a no escaparse del Sargento.- Luego mostro sus temibles nudillos llenos de sangre.
Le susurré a Luna en el oído:- El Francés, la puta madre, me van a estaquear.-
Solo respondió:-¡Sacrebleu!
El flácido cuerpo del francés no podía ni moverse, solo pensaba que Betún no dijera nada, nadie había reconocido al pintor. Con Luna le hacíamos gestos de que no hablara más. Pero no fue él quien habló si no la lengua del magullado francés, que parecía inconsciente pero no lo estaba.
-Balbucea tonterías.-Dije quitándole importancia.
El señor Uribe se acerca y dice: -Es el pintor, me está diciendo que es el pintor y que le pegaron.-
El General se acerca a Betún y le interroga, (era cabeza y media más alto que Él): -¿Usted bestia salvaje golpeó al artista?.-
Y lo señalo; Creyendo que era algo bueno: asintió con orgullo y mostrando sus blancos dientes.-
-Y dígame… ¿De qué Sargento supuestamente se escapaba?-
El Negro me señalo, estaba más frito que un huevo, también lo señalo a mi hombre de confianza. Pobre Luna yo lo metí en esto.
-A Usted parece que le gusta mentir.- Y me señalo furioso. – ¿¡Que van a decir en Francia! ¡Qué van a decir en Europa!?-
Se acerca El tal Uribe Parodi: -Sabe usted que yo tengo arreglado la venta a Francia de mil cabezas equinas y mil cabezas vacunas faenadas al año. Mire si se enteran de la brutalidad de nuestros actos. De que somos más barbaros que Atila. Una vergüenza lo que puede pasar si este hombre va a la corte o al parlamento o lo que sea, allá en Paris y cuenta de usted y sus hombres. Puede ser una catástrofe. -
En esos segundos que duraron horas para mi, por no decir días. El general interrumpe ordenando:-Al francés que lo fusilen, diremos que se ahogo en un rio.-
-Que lo fusilen pero no en mi campo.- Acotó el Oligarca U.P.
-Y al negro- No recuerdo quien preguntó.
-No me gustan los negros, que lo fusilen también con el francés.-Dijo el Generalísimo.
- ¿Y el soldado Felipe Retamar?- Acotó Cardozo, que se la tenía guardada, seguro estaba anotado en esa libreta de mierda.
-Ese subnormal fue desterrado del batallón. Se le prohibió permanecer.- dijo el General sorprendido. Cardozo le susurró algo a su sargento. Lynch al oír el mensaje da un paso al frente y con frialdad dice:- Tengo información exacta y confiable que ese engendro que se hace llamar “Felipe el tirador” esta bajo las órdenes del Sargento Aguirre.- El General se gira hacia mi persona y sorprendido me dice: -Te las sabes todas Aguirre ¿eh? Se dio media vuelta:- Bueno Usted con Luna, solos claro está.- Se van a encargar de limpiar lo que fue el campo de batalla, después veré.-
De abril a octubre (Quinta y última parte)
Mientras cargábamos los ya hediondos cadáveres a una carreta para ir a enterrarlos a unas dos leguas y volver para hacer lo mismos con los otros miles, no pude mirarlo a Luna a los ojos, no sabía cómo disculparme, ese castigo era en gran parte culpa mía.
Cuando volvíamos de enterrar los primeros veinte, a lo lejos vemos a dos personas acostadas y a una sentada en un banquito.
El que estaba sentado era Cardozo, los otros (que estaban estaqueados) eran Felipe y el pintor demente.
-¿Que haces acá vos?-Pregunté
-Me han designado a cuidar de estas personas.-
-Ponete ya a cargar finados por que la próxima tumba es para vos.- No dudó en dar una mano. Lo miraba con bronca, Luna mejor ni cuento, nunca vi tanto odio en una mirada.
Cuando casi terminamos de cargar la segunda carreta Luna se detiene y dice: -Cuando llueve ese cañadón (señalándolo, cerca había una zanja que juntaba agua del campo e iba para un arroyo próximo) se hace de una correntada bárbara. Si tiramos los cuerpos ahí den por hecho que terminan en el Océano. Ahora es un hilo de agua pero después se desborda todo.
-Imposible.-Dijo Cardozo, ambos los miramos con mala cara. Lo notó, fue por eso que agregó de inmediato: -La temporada de lluvias ya paso. No va a llover hasta octubre.-
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http://literariokapasulino.blogspot.com/2010/03/no-va-llover-hasta-octubre-parte1-por.html
A mi entender es bastante llevadero.Saludos y espero les agrade.
Quiero agradecer al Galán del barrio por avisarme de los errores anteriores (que ya corregí), thanks dude.
Las pinturas (3era parte)
Llegamos al primer cajón, estaba perforado por todos lados, incluso salpicado de tierra, señal que varios cañonazos cercanos pero no certeros lo habrían inquietado. A este cajón tampoco lo había notado. Procedí a levantarle la tapa, toda la troupe se asomó a curiosear, esperaban ver ahí un colador humano. Acurrucado en su interior había un joven de casi unos veinte años, se ocultaba tras un lienzo; Estaba vivo pero muerto de miedo, no habría los ojos y no dejaba de temblar. Estaba muy pálido, tan blanco como la sal.
-Joven, si no pinta nada, no le pagaré.- Dijo el General
Todos los demás presentes miraron a otro lado, la vergüenza ajena nos invadió, ¡Cuanta falta de tacto y desconsideración!, el pobre pibe sufría en un estado de shock, tal vez una neurosis de guerra (en esa época no se había acuñado el término pero cuando lo escuche por primera vez, no hice más que recordar al pobre mozalbete acongojado en ese rincón)
-Tal vez cuando se recomponga, pintará… de seguro la batalla le asustó.- Dijo el más normal de los cajetillas que se habían bajado de las “carrozas”.
Seguimos caminando como unos cien metros más, hasta lo que para Luna y para mí era el tercer cajón, para los demás era el segundo, dentro de la caja no había nadie, el pintor se había acomodado con su atril bajo un ceibo a pintar y felizmente daba pinceladas. Totalmente opuesto al joven, este demente parecía haber disfrutado de la sangrienta batalla.
Nos acercamos por detrás, sin ánimo de cortarle su inspiración; notó nuestra presencia se dio vuelta y sonrió. Sin más volvió a pintar.
El General se le acercó miró el cuadro unos segundos y se volvió hacia el grupo de acompañantes y dijo: - Una obra con una calidad impresionante.-
-Impresionante.- dijo Cardozo y siguió tomando nota.
El pintor nos miro y volvió a sonreír, pero el General tenía en su rostro un gesto entre duda y decepción
¿Dónde exactamente estaría yo ahí?-
-Usted no va a aparece en la pintura.-Respondió el pintor
-¡¿Cómo que no voy a aparecer!?- Gritó ofuscado, lanzando un golpe al aire. – ¡¿Para qué se les paga a los pintores si no hacen nada o hacen lo que quieren!?.- La cara se la había puesto roja, las venas del cuello se le habían hinchado demasiado.
Hubo un silencio incomodo. Hasta los heridos y amputados se tapaban la boca para no gritar de dolor. Todos mirando atentos a la situación.
-El dinero que le daré a cada uno de ustedes es equivalente al costo de cinco cañones.-
Luna me susurró al oído:-Son quince cañones, en total hubiésemos tenido cuarenta y dos.-
-Se hubiesen rendido de seguro, no sería necesario tal despilfarro de vidas.- Respondí.
Cardozo nos estuvo leyendo los labios y anotando nuestros diálogos, lo pesqué de reojo. Me incliné hacia Luna y le dije: - A ese lo fondeamos en la laguna.-
-El demente pintor (que no media con que déspota se enfrentaba) dijo orgulloso:- Entienda que tengo grabada en mi mente una escena, la escena más importante de la batalla. Y esa imagen no se borrará.-
-Usted me pinta o lo hago estaquear.-el General se dio vuelta y se marchó; Por mi parte me quedé con mi hombre de confianza a ver las pinceladas, realmente esta persona tenía un don. El cuadro aun sin terminar ya era bueno.
-¿Cual es esa imagen que tiene grabada en la cabeza? ¿Esa que le da tanta inspiración?- Pregunté sutilmente.
-“El final”, la última bala que disparó un gran tirador, que es ese joven.- Dijo señalando hacia las catreras de los enfermos.
-Felipe.-Dije con poco gana.
-Ven acércate joven. Te voy a retratar.- Felipe dudaba, el pintor agrego:-No falló un tiro, es el soldado perfecto.-
-Miré… el General detesta por no decir que odia a Felipe, no lo puede retratar… él no debería estar aquí.-
-¿Por qué no?-
-Por qué no tiene todas las bochas en el juego. ¿Me explico? Si se entera el viejo este, nos hacen estaquear a los tres.-
-¿Por qué no pintás mejor al viejo disparando la última bala y te dejas de joder?-
-Al General lo voy a pintar así de chiquito (haciendo un gesto con los dedos), en un rincón y bien feo lo voy a hacer.-
Estaba asustado, me veía venir una estaqueada de una semana. De repente me pregunté qué habrá sido del General y su sequito. Recordé que a ellos les faltaba ver al último de los artistas, el francés. Si se enteraban de seguro me fusilaban por acumulación de merito.
Corrí tanto como pude y me acerqué sigilosamente. Estaban todos los antes mencionados y más, ¿quiénes? No sabían en ese momento. Pero se encontraban hablando a unos veinte metros del cajón del francés. En ese momento supuse que: todo era una bomba de tiempo. Por lo bajo, rece un padrenuestro. Cardozo lo codeó a Lynch y me señalo con un movimiento corto de cabeza.
Los oligarcas y el negro Betún (4ta parte)
El General habló un rato con un señor muy refinado: Don Juan Uribe Parodi. Era alguien que estaba muy interesado en esta batalla, pues de ganarse la posición compraría esas tierras “limítrofes” a muy bajo costo sin generar sospechas.
-No olvide General… que yo fui a la Gobernación y pague con diez cañones toda esta zona, pero no me compré todos los cadáveres, ni toda esta sangre.- Dije el Titiritero del Gobierno.
-Si, es verdad, deme tiempo para que limpien todo, lo dejaremos impecables.-
-No vayan a enterrar a nadie en este suelo. Del otro lado de la laguna tal vez.- Todos casualmente sincronizados giraron sus cabezas hacia la laguna. A lo que agregó:- En el invierno empezamos a armar los establos y traeremos el ganado para principio de verano. El veintiuno de julio quiero todo impecable.-
El General asintió con una sonrisa.
-Y por favor quite esas letrinas o hágalas quemar.- Dijo señalando al habitáculo artístico del francés.
-¡Esas no son letrinas!, ahí dentro, hice poner tres pintores a retratar nuestra victoria.- Dijo el General a lo que agregó:
-Vayamos a ver que pintó.-
-Se tenía fe.- Dijo el hacendado.
Y nos acercamos en fila india, según el rango o aspiraciones de carácter personal.
Todos rieron, perdón reímos; Fue una risa notoriamente de compromiso, hasta Felipe se hubiera dado cuenta.
-¿Tres pintores ahí adentro?, ¿Tres personas en dos metros cuadrados?-, -En una manufacturera está bien, pero son artistas merecen mejor trato.- Dije este tal Uribe, que cada segundo transcurrido lo quería estrangular más por entendidas razones.
Entre Luna y Cardozo levantaron la tapa y como era evidente no había nadie, solo el lienzo dibujado en carbonilla.
-¿¡Que paso acá!?- Preguntó Lynch que hasta ese momento solo sonreía.
-Usted debería saberlo, usted no me informó nunca de esto y encima no se hizo responsable.- Aproveché con vileza la situación.
-¿Que sabe Usted de esto?- Le interrogó el General enojado.
-Nada. Yo no estaba- Dijo asustado, y yo sonreí por lo bajo.
-¿Que sabe Usted?- Me preguntó bruscamente y se me fue la sonrisa de la cara, me puse pálido.
-Nada.-Dije muy confiado de mi mentira, pero sabiendo que tenía patas cortas.
-¿¡Nada!? ¿Pero si Usted estuvo aquí?- Volvió a la carga. La tortilla se había dado vuelta, ahora yo estaba abajo.
-Si pero… Haciendo cosas más importantes.-
-¿Mas importantes? ¿Otra vez tengo que repetir que no hay cosas más importante que esto!, Miré el papelón que me hace pasar frente a personalidades tan importantes.- Me miró con resignada bronca.
Nadie dijo nada, el silencio se cortó cuando a en ese momento a lo lejos, un grupo de entre ocho o diez llegaron al trote cantando felizmente. El grupo se acercó, eran soldados a mi cargo, traían a una persona atada a un palo como jabalí.
-Un desertor.- aseguró Lynch
-Seguramente lo tiene merecido.- Dijo Cardozo.
Su rostro era irreconocible, su ropa también, había sido golpeado y azotado al viejo estilo romano. Entre tantos moretones y tanta sangre no se reconocían ni los ojos ni los labios. Entre todos se adelantó un soldado negro apodado Betún, (alguien que medía casi siete pies, ciento veinte kilos de puro músculos hechos de levantar medias reses en el saladero) quien dijo con orgullo:-Ya aprendió a no escaparse del Sargento.- Luego mostro sus temibles nudillos llenos de sangre.
Le susurré a Luna en el oído:- El Francés, la puta madre, me van a estaquear.-
Solo respondió:-¡Sacrebleu!
El flácido cuerpo del francés no podía ni moverse, solo pensaba que Betún no dijera nada, nadie había reconocido al pintor. Con Luna le hacíamos gestos de que no hablara más. Pero no fue él quien habló si no la lengua del magullado francés, que parecía inconsciente pero no lo estaba.
-Balbucea tonterías.-Dije quitándole importancia.
El señor Uribe se acerca y dice: -Es el pintor, me está diciendo que es el pintor y que le pegaron.-
El General se acerca a Betún y le interroga, (era cabeza y media más alto que Él): -¿Usted bestia salvaje golpeó al artista?.-
Y lo señalo; Creyendo que era algo bueno: asintió con orgullo y mostrando sus blancos dientes.-
-Y dígame… ¿De qué Sargento supuestamente se escapaba?-
El Negro me señalo, estaba más frito que un huevo, también lo señalo a mi hombre de confianza. Pobre Luna yo lo metí en esto.
-A Usted parece que le gusta mentir.- Y me señalo furioso. – ¿¡Que van a decir en Francia! ¡Qué van a decir en Europa!?-
Se acerca El tal Uribe Parodi: -Sabe usted que yo tengo arreglado la venta a Francia de mil cabezas equinas y mil cabezas vacunas faenadas al año. Mire si se enteran de la brutalidad de nuestros actos. De que somos más barbaros que Atila. Una vergüenza lo que puede pasar si este hombre va a la corte o al parlamento o lo que sea, allá en Paris y cuenta de usted y sus hombres. Puede ser una catástrofe. -
En esos segundos que duraron horas para mi, por no decir días. El general interrumpe ordenando:-Al francés que lo fusilen, diremos que se ahogo en un rio.-
-Que lo fusilen pero no en mi campo.- Acotó el Oligarca U.P.
-Y al negro- No recuerdo quien preguntó.
-No me gustan los negros, que lo fusilen también con el francés.-Dijo el Generalísimo.
- ¿Y el soldado Felipe Retamar?- Acotó Cardozo, que se la tenía guardada, seguro estaba anotado en esa libreta de mierda.
-Ese subnormal fue desterrado del batallón. Se le prohibió permanecer.- dijo el General sorprendido. Cardozo le susurró algo a su sargento. Lynch al oír el mensaje da un paso al frente y con frialdad dice:- Tengo información exacta y confiable que ese engendro que se hace llamar “Felipe el tirador” esta bajo las órdenes del Sargento Aguirre.- El General se gira hacia mi persona y sorprendido me dice: -Te las sabes todas Aguirre ¿eh? Se dio media vuelta:- Bueno Usted con Luna, solos claro está.- Se van a encargar de limpiar lo que fue el campo de batalla, después veré.-
De abril a octubre (Quinta y última parte)
Mientras cargábamos los ya hediondos cadáveres a una carreta para ir a enterrarlos a unas dos leguas y volver para hacer lo mismos con los otros miles, no pude mirarlo a Luna a los ojos, no sabía cómo disculparme, ese castigo era en gran parte culpa mía.
Cuando volvíamos de enterrar los primeros veinte, a lo lejos vemos a dos personas acostadas y a una sentada en un banquito.
El que estaba sentado era Cardozo, los otros (que estaban estaqueados) eran Felipe y el pintor demente.
-¿Que haces acá vos?-Pregunté
-Me han designado a cuidar de estas personas.-
-Ponete ya a cargar finados por que la próxima tumba es para vos.- No dudó en dar una mano. Lo miraba con bronca, Luna mejor ni cuento, nunca vi tanto odio en una mirada.
Cuando casi terminamos de cargar la segunda carreta Luna se detiene y dice: -Cuando llueve ese cañadón (señalándolo, cerca había una zanja que juntaba agua del campo e iba para un arroyo próximo) se hace de una correntada bárbara. Si tiramos los cuerpos ahí den por hecho que terminan en el Océano. Ahora es un hilo de agua pero después se desborda todo.
-Imposible.-Dijo Cardozo, ambos los miramos con mala cara. Lo notó, fue por eso que agregó de inmediato: -La temporada de lluvias ya paso. No va a llover hasta octubre.-
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Cuento,
Ivan Ignacio,
segunda parte
lunes, 29 de marzo de 2010
Noche Definitiva por Lisandro

El viento silbaba agudamente, dejándose oír por las rendijas de las persianas. Altamirano lo oía entre dormido. La agitación de sus ronquidos junto con el canto del viento se mezclaba en sonidos densamente espesos dentro de la habitación.
El ventilador seguía golpeando el aire produciendo molestias en Altamirano, este se levantó suavemente decidido a darle un fin al aparato, y así corrió la perilla hasta apagarlo. Las patas de la cama relincharon dando señal que el hombre volvió a acostarse.
No podía dormir bien, estaba ahogado, apretado y molesto en su mismo lugar. Suspiraba insatisfecho y quejoso, relinchando como un caballo, por no conseguir aunque sea un MINUTO de sueño, y resalto minuto porque cabe destacar que también las agujas del reloj se complotaron con hacer un recorrido abruptamente retumbando sobre el oído del mal dormido. Ni que hablar de los grillos con sus cánticos intolerables produciendo eco sobre las cuatro paredes.
Y así fue, por tanta desesperación, por no pegar ni un ojo, Altamirano se pegó un tiro.
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Lisandro E. Penazzo,
Relatos
jueves, 25 de marzo de 2010
UN HOMBRE DESESPERADO por Carla Kowalski.
Marcos vivía en Montecarlo, tenía un mono-ambiente donde habitaba solo. A sus 52 años no tenía hijos ni novia, ya que era homosexual. Pero como era celoso de su vida privada, nunca se lo había confesado a nadie, y tampoco había logrado tener una relación con un hombre.
Su único entretenimiento era el casino, a veces ganaba y otras perdía, pero eran sumas insignificantes.
La noche del viernes se dirigió al casino. Como estaba fastidiado de su trabajo, decidió jugárselo todo, y apostar el sueldo del mes.
Jugó la suma al 32. La ruleta giró, los segundos se hicieron horas. Comenzó a sentir el repiqueteo de la bolilla en su vuelta final. 30, 31, 32, 33… 32.
Marcos no lo podía creer, por primera vez en su existencia, la vida lo había premiado. Un millón de euros, todo para él.
Lo que siguió a esa noche fue inesperado: botellas de champagne, vodka, whisky, gente desconocida a su alrededor, gente felicitándolo, el casino dándole vueltas en su cabeza.
Parecía ser otro hombre, totalmente borracho no se daba cuenta de nada. El problema, fue al día siguiente, se despertó en la cama de un hotel junto a un hombre.
¡Que espanto! ¡Que desesperación! – Sentía Marcos. ¿Cómo pudo llegar a hacer lo que nunca había logrado en su vida, lo que siempre había tratado de evitar?.
Se cambió rápidamente y salió de la habitación todo asustado. Católico devoto fue a la primera Iglesia que encontró, se confesó… pero el párroco no consideró su situación, su tristeza, su ofuscación y prácticamente lo condenó al infierno.
Marcos salió desolado, su millón de euros habían sido una maldición. ¿De que le habían servido, si todo en lo que se había esforzado en su vida para reprimir su homosexualidad se había perdido en una noche?
¿De que le servirían, si Dios, el único ser en el que creía, no lo iba a perdonar, según el párroco de la Iglesia?
Su vida no tenía sentido, todo su esfuerzo se había esfumado en esa noche…
Según sus pensamientos, lo único que le quedaba era suicidarse.
Llegó a su casa, y lo hizo.
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Su único entretenimiento era el casino, a veces ganaba y otras perdía, pero eran sumas insignificantes.
La noche del viernes se dirigió al casino. Como estaba fastidiado de su trabajo, decidió jugárselo todo, y apostar el sueldo del mes.
Jugó la suma al 32. La ruleta giró, los segundos se hicieron horas. Comenzó a sentir el repiqueteo de la bolilla en su vuelta final. 30, 31, 32, 33… 32.
Marcos no lo podía creer, por primera vez en su existencia, la vida lo había premiado. Un millón de euros, todo para él.
Lo que siguió a esa noche fue inesperado: botellas de champagne, vodka, whisky, gente desconocida a su alrededor, gente felicitándolo, el casino dándole vueltas en su cabeza.
Parecía ser otro hombre, totalmente borracho no se daba cuenta de nada. El problema, fue al día siguiente, se despertó en la cama de un hotel junto a un hombre.
¡Que espanto! ¡Que desesperación! – Sentía Marcos. ¿Cómo pudo llegar a hacer lo que nunca había logrado en su vida, lo que siempre había tratado de evitar?.
Se cambió rápidamente y salió de la habitación todo asustado. Católico devoto fue a la primera Iglesia que encontró, se confesó… pero el párroco no consideró su situación, su tristeza, su ofuscación y prácticamente lo condenó al infierno.
Marcos salió desolado, su millón de euros habían sido una maldición. ¿De que le habían servido, si todo en lo que se había esforzado en su vida para reprimir su homosexualidad se había perdido en una noche?
¿De que le servirían, si Dios, el único ser en el que creía, no lo iba a perdonar, según el párroco de la Iglesia?
Su vida no tenía sentido, todo su esfuerzo se había esfumado en esa noche…
Según sus pensamientos, lo único que le quedaba era suicidarse.
Llegó a su casa, y lo hizo.
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lunes, 22 de marzo de 2010
OTOÑO por Susana
Me duele en otoño que caigan las hojas,
que expiren las rosas,
que acorten los días.
Que la arena suave que cubre la orilla
se vuelva tan fría.
Me duele en otoño tu risa marchita,
el eco lejano de ardientes caricias,
de manos sin vida.
Me duele en otoño que siga el invierno,
pesado,
tan lento,
con manto de hielo.
No tengo en las tardes de brisas heladas
más que mi tristeza de que estás con ella,
cuando cae el sol,
cuando te despiertas.
Hoy tengo en otoño toda la certeza
que el invierno acecha.
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que expiren las rosas,
que acorten los días.
Que la arena suave que cubre la orilla
se vuelva tan fría.
Me duele en otoño tu risa marchita,
el eco lejano de ardientes caricias,
de manos sin vida.
Me duele en otoño que siga el invierno,
pesado,
tan lento,
con manto de hielo.
No tengo en las tardes de brisas heladas
más que mi tristeza de que estás con ella,
cuando cae el sol,
cuando te despiertas.
Hoy tengo en otoño toda la certeza
que el invierno acecha.
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Maria Susana Ferreira,
poemas
jueves, 18 de marzo de 2010
NO VA A LLOVER HASTA OCTUBRE (parte1) por Iván
Ante todo aclaro que este cuento sera publicado en dos partes, esta es la primera, la segunda vendrá en quince o veinte días. Si les interesa la nefasta historia de este cuento de humor negro, les puedo enviar un mail cuando salga la segunda parte.
Les aclaro que me hubiese gustado ser mas expresivo y descriptivo pero se estiraba en demasía. Y como se dice: Espero les haya gustado y vuelvan por mas.
El último disparo (1era parte)
Yo sostuve siempre que en una batalla nadie recuerda quien disparó la última bala.
El olor a pólvora desaparece siempre antes de que aparezca el olor a carne podrida, el campo de batalla es duro hasta cuando se terminan los disparos. Ver amigos muertos o mutilados no es fácil, desparramados por todos lados, se escuchan siempre de fondo los gritos y lamentos de los malheridos pidiendo ayuda.
La tensión de la batalla hace que uno transpire demasiado, uno se puede deshidratar en verano. Mi reservorio de agua había sido perforado por un plomo sin fortuna que nunca tocó mi piel. Caminé unos metros hacia un bañado próximo para juntar algo de agua para beber, mientras bajaba por un barranco, se me agregó corriendo Felipe, Él era un soldado con una inteligencia subnormal, algo tonto e ingenuo en algunos aspectos, pero con un terrible pulso y gran destreza como tirador.
-Sargento, sargento yo tiré la última bala.-Contó con alegría
Lo mire, sonreí (no le creí) y le asentí con un gesto afirmativo.
-Vio que usted siempre dice que nadie recuerda quien dispara por ultimo y culmina la batalla.-
Lo volví a mirar.
-Fui yo.- Lucía orgulloso
Seguimos caminado. Llegamos al bañado, el agua estaba roja de sangre, intomable. Varios cuerpos flotaban, llenándose sus heridas de hambrientas mojarras que hacían burbujear el agua ensangrentada.
-El General está por llegar, mejor escóndete, que no te vea.-
En las tolderías donde se practicaban precarias curaciones, el nerviosismo reinaba, ahí se escondía Felipe del General.
-Quédate aquí y si viene con la hija: no la mires y que no te vea.-
-Será muy General, pero no aguanta ver unas tripas colgando.- dijo Felipe. Todos los que escucharon, rieron, incluyendo los convalecientes.
-La risa es el remedio del alma.- dijo el médico, mientras preparaba un serrucho.
-Doctor Ordoñez, ¿qué dirá el General si en la enfermería se ríen como en el teatro?-
Me retiré callado a dar una recorrida a caballo por el campo. A mi lado estaba José, uno de los pocos soldados que había ido a la escuela, se encargaba de contabilizar en un libro de actas, las bajas y los heridos de ambos lados.
-Se retiraron para el este y se reagruparon para marcharse a toda prisa sin cuidar la retaguardia.-
-Ellos huyeron, pero no se puede decir que hayamos ganado, quedaron pocos en pie.- Comenté
-Falta gente. Los hombres de Lynch los siguieron unas cuantas leguas.-
-Me cago en ese tipo, en lugar de quedarse a ayudar a los heridos, se florea de guapo para notarse con el General.
Me mordí los labios de bronca, nunca me gustó la gente rastrera, y Lynch lo era con alevosía.
Seguimos al trote mirando todo, llegamos a unos cajones de madera, no los había notado anteriormente. Median un metro por dos y uno, uno y medio de alto, tenían dos ranuras de dos o tres pulgadas a lo largo y en el interior había una luz.
Al acercársenos le dije a José.
-Luna dígame que es esto. ¿Qué es este cajón?- Y le pegué una patada. Luego otra.
-Acá están los pintores Sargento. Bah… un pintor, hay uno en cada cajón-
-¿Los pintores?- Pregunte extrañado.
Hubo un silencio, yo estaba muy sorprendido.-
-¿Cuántos cajones hay?- volví a interrogar
-Por lo que vi, hay tres.- Me respondió.
Levante la tapa y vi a un cristiano dibujando con carbonilla sobre un lienzo grande, una decena de velas clavadas en las tablas iluminaban el interior.
El General (2da parte)
Este personaje hablaba raro, algo gangoso, no entendí lo que decía. Al parecer se había enfadado con mi persona. Me gritó como si fuera un niño. No dude en sacarlo de ahí y agarrarlo por el cuello; No podía permitir que uno de mis subordinados vieran afectada mi imagen como autoridad, tal es así que le dije: -Usted me habla con respecto.- A lo que siguió vociferándome.
Ya iracundo le arrojé al suelo y comencé a golpearlo. Luna trató de sostenerme, de evitar la paliza. –Sargento, Sargento… Él habla en francés, no le está faltando el respeto. Simplemente no lo entiende.-
El francés tampoco entendía lo que hablábamos, tal vez pensó que lo querría ejecutar.
Vaya uno a saber porque, lo cierto es que el pintor, ante mi descuido salió corriendo como liebre, huyó hacia el campo de batalla, bordeando un monte de espinillos. No dude en perseguirlo, de seguro lo contrato el ego del Generalísimo; Si se perdía seria tanto o más catastrófico que perder la batalla.
El francés no era tan rápido, pero yo estaba exhausto y no le pude dar alcance. Desde unos ochenta metros mis hombres comenzaron a disparar, se oían los típicos gritos de final de batalla: -Queda uno.-,-Vamos a darle.-, -Tírale, tírale. Que no se escape.-Luna se detuvo a gritar: - No le disparen, no le disparen.- Hacía gestos saltando y agitando sus brazos.
Al oír disparos el francés busco huir a través del monte, muchos de mis hombres se fueron uniendo a la persecución.-Lo queremos vivo, no lo maten.- gritábamos al unísono con Luna.
-Volvamos.-Le dije.-Que los busquen los otros, para que soy Sargento.-
Nos volvimos hacia lo que en la mañana fueron nuestras posiciones, los soldados estaban desarmando todo, preparando las tumbas. Todo era barullo; Risas, gritos, felicidad salvo los llantos en la enfermería. Toda esa mezcla auditiva que tenía todas las frecuencias sonoras se cortó en unos pocos segundos: Había llegado el contingente del General. Grandes y cómodos carruajes, limpios y modernos habitáculos. Caballos impecables.
El General se bajo cuidando de no pisar barro o bosta, hicimos el saludo correspondiente, no se molestó en mirarnos, miro el lugar detenidamente, sonrió, me miró.
-¿Ganamos?- Preguntó
-A cualquier precio había que ganar… y así se ganó mi General.-
-¿Lynch?- Preguntó preocupado y necesitado de un lamebotas.
-Se arriesgó en una persecución innecesaria, mi general.- Respondí
-No pido una opinión, pido una respuesta.- Hubo una pausa incomoda, siguió interrogando:-¿Los pintores?-
-No lo sé- Respondí.
-No lo sabe, muy bien… no lo sabe… ¿sabe cuánta gente murió?-
-En este momento mi hombre de confianza y estadista José Luna está procesan…-
-¡No importa el número exacto!-Interrumpió furioso.-Esa gente murió y… ¿quién va a retratar la batalla por la que dieron su vida?-
-General, no se me informó en ningún momento que habría pintores en el campo de batalla.-
-¿Me dice que Lynch no informó?- preguntó extrañado. Asentí con la cabeza.
-Se le habrá olvidado… es extraño porque idea de Él.-
-Vamos a ver entonces que ha pasado con los artistas.-Dijo buscando a alguien que le indicara el camino. El siempre confiable Luna se ofreció a guiar a la troupe que incluía aparte de su “Excelencia” y su hija y los típicos cinco o seis “cortesanos” rastreros, al alcahuete de Lynch que tomaba nota de todo y yo por ultimo.
Mientras caminábamos miraba al Cabo Cardozo, (que solo le faltaba limpiarle el culo a Lynch) y me indignaba sobre cómo era la escala rastrera. Cardozo lamia las botas de Lynch, este las del General, este las del Caudillo, este las de los terratenientes.
Una vergüenza, cero dignidad tenia esta gente de ciudad.
Íbamos todos en fila india, yo de ultimo, delante mío el más bajo de la escala; Creo que mi indignación se retroalimentaba cada segundo que veía a estas inmundicias humanas, solo pude descargarme con un puntapié en la “retaguardia” de Cardozo.
Asustado y desparramado en el piso, me miró sorprendido, seguí en la fila observándolo fijo a los ojos, con bronca y desprecio. No le saqué los ojos de encima. Nadie vio nada.
Se levantó y tomó nota de lo ocurrido.
La segunda parte se encontrará detrás de éste Link:
http://literariokapasulino.blogspot.com/2010/04/no-va-llover-hasta-octubre-parte2-por.html
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Les aclaro que me hubiese gustado ser mas expresivo y descriptivo pero se estiraba en demasía. Y como se dice: Espero les haya gustado y vuelvan por mas.
El último disparo (1era parte)
Yo sostuve siempre que en una batalla nadie recuerda quien disparó la última bala.
El olor a pólvora desaparece siempre antes de que aparezca el olor a carne podrida, el campo de batalla es duro hasta cuando se terminan los disparos. Ver amigos muertos o mutilados no es fácil, desparramados por todos lados, se escuchan siempre de fondo los gritos y lamentos de los malheridos pidiendo ayuda.
La tensión de la batalla hace que uno transpire demasiado, uno se puede deshidratar en verano. Mi reservorio de agua había sido perforado por un plomo sin fortuna que nunca tocó mi piel. Caminé unos metros hacia un bañado próximo para juntar algo de agua para beber, mientras bajaba por un barranco, se me agregó corriendo Felipe, Él era un soldado con una inteligencia subnormal, algo tonto e ingenuo en algunos aspectos, pero con un terrible pulso y gran destreza como tirador.
-Sargento, sargento yo tiré la última bala.-Contó con alegría
Lo mire, sonreí (no le creí) y le asentí con un gesto afirmativo.
-Vio que usted siempre dice que nadie recuerda quien dispara por ultimo y culmina la batalla.-
Lo volví a mirar.
-Fui yo.- Lucía orgulloso
Seguimos caminado. Llegamos al bañado, el agua estaba roja de sangre, intomable. Varios cuerpos flotaban, llenándose sus heridas de hambrientas mojarras que hacían burbujear el agua ensangrentada.
-El General está por llegar, mejor escóndete, que no te vea.-
En las tolderías donde se practicaban precarias curaciones, el nerviosismo reinaba, ahí se escondía Felipe del General.
-Quédate aquí y si viene con la hija: no la mires y que no te vea.-
-Será muy General, pero no aguanta ver unas tripas colgando.- dijo Felipe. Todos los que escucharon, rieron, incluyendo los convalecientes.
-La risa es el remedio del alma.- dijo el médico, mientras preparaba un serrucho.
-Doctor Ordoñez, ¿qué dirá el General si en la enfermería se ríen como en el teatro?-
Me retiré callado a dar una recorrida a caballo por el campo. A mi lado estaba José, uno de los pocos soldados que había ido a la escuela, se encargaba de contabilizar en un libro de actas, las bajas y los heridos de ambos lados.
-Se retiraron para el este y se reagruparon para marcharse a toda prisa sin cuidar la retaguardia.-
-Ellos huyeron, pero no se puede decir que hayamos ganado, quedaron pocos en pie.- Comenté
-Falta gente. Los hombres de Lynch los siguieron unas cuantas leguas.-
-Me cago en ese tipo, en lugar de quedarse a ayudar a los heridos, se florea de guapo para notarse con el General.
Me mordí los labios de bronca, nunca me gustó la gente rastrera, y Lynch lo era con alevosía.
Seguimos al trote mirando todo, llegamos a unos cajones de madera, no los había notado anteriormente. Median un metro por dos y uno, uno y medio de alto, tenían dos ranuras de dos o tres pulgadas a lo largo y en el interior había una luz.
Al acercársenos le dije a José.
-Luna dígame que es esto. ¿Qué es este cajón?- Y le pegué una patada. Luego otra.
-Acá están los pintores Sargento. Bah… un pintor, hay uno en cada cajón-
-¿Los pintores?- Pregunte extrañado.
Hubo un silencio, yo estaba muy sorprendido.-
-¿Cuántos cajones hay?- volví a interrogar
-Por lo que vi, hay tres.- Me respondió.
Levante la tapa y vi a un cristiano dibujando con carbonilla sobre un lienzo grande, una decena de velas clavadas en las tablas iluminaban el interior.
El General (2da parte)
Este personaje hablaba raro, algo gangoso, no entendí lo que decía. Al parecer se había enfadado con mi persona. Me gritó como si fuera un niño. No dude en sacarlo de ahí y agarrarlo por el cuello; No podía permitir que uno de mis subordinados vieran afectada mi imagen como autoridad, tal es así que le dije: -Usted me habla con respecto.- A lo que siguió vociferándome.
Ya iracundo le arrojé al suelo y comencé a golpearlo. Luna trató de sostenerme, de evitar la paliza. –Sargento, Sargento… Él habla en francés, no le está faltando el respeto. Simplemente no lo entiende.-
El francés tampoco entendía lo que hablábamos, tal vez pensó que lo querría ejecutar.
Vaya uno a saber porque, lo cierto es que el pintor, ante mi descuido salió corriendo como liebre, huyó hacia el campo de batalla, bordeando un monte de espinillos. No dude en perseguirlo, de seguro lo contrato el ego del Generalísimo; Si se perdía seria tanto o más catastrófico que perder la batalla.
El francés no era tan rápido, pero yo estaba exhausto y no le pude dar alcance. Desde unos ochenta metros mis hombres comenzaron a disparar, se oían los típicos gritos de final de batalla: -Queda uno.-,-Vamos a darle.-, -Tírale, tírale. Que no se escape.-Luna se detuvo a gritar: - No le disparen, no le disparen.- Hacía gestos saltando y agitando sus brazos.
Al oír disparos el francés busco huir a través del monte, muchos de mis hombres se fueron uniendo a la persecución.-Lo queremos vivo, no lo maten.- gritábamos al unísono con Luna.
-Volvamos.-Le dije.-Que los busquen los otros, para que soy Sargento.-
Nos volvimos hacia lo que en la mañana fueron nuestras posiciones, los soldados estaban desarmando todo, preparando las tumbas. Todo era barullo; Risas, gritos, felicidad salvo los llantos en la enfermería. Toda esa mezcla auditiva que tenía todas las frecuencias sonoras se cortó en unos pocos segundos: Había llegado el contingente del General. Grandes y cómodos carruajes, limpios y modernos habitáculos. Caballos impecables.
El General se bajo cuidando de no pisar barro o bosta, hicimos el saludo correspondiente, no se molestó en mirarnos, miro el lugar detenidamente, sonrió, me miró.
-¿Ganamos?- Preguntó
-A cualquier precio había que ganar… y así se ganó mi General.-
-¿Lynch?- Preguntó preocupado y necesitado de un lamebotas.
-Se arriesgó en una persecución innecesaria, mi general.- Respondí
-No pido una opinión, pido una respuesta.- Hubo una pausa incomoda, siguió interrogando:-¿Los pintores?-
-No lo sé- Respondí.
-No lo sabe, muy bien… no lo sabe… ¿sabe cuánta gente murió?-
-En este momento mi hombre de confianza y estadista José Luna está procesan…-
-¡No importa el número exacto!-Interrumpió furioso.-Esa gente murió y… ¿quién va a retratar la batalla por la que dieron su vida?-
-General, no se me informó en ningún momento que habría pintores en el campo de batalla.-
-¿Me dice que Lynch no informó?- preguntó extrañado. Asentí con la cabeza.
-Se le habrá olvidado… es extraño porque idea de Él.-
-Vamos a ver entonces que ha pasado con los artistas.-Dijo buscando a alguien que le indicara el camino. El siempre confiable Luna se ofreció a guiar a la troupe que incluía aparte de su “Excelencia” y su hija y los típicos cinco o seis “cortesanos” rastreros, al alcahuete de Lynch que tomaba nota de todo y yo por ultimo.
Mientras caminábamos miraba al Cabo Cardozo, (que solo le faltaba limpiarle el culo a Lynch) y me indignaba sobre cómo era la escala rastrera. Cardozo lamia las botas de Lynch, este las del General, este las del Caudillo, este las de los terratenientes.
Una vergüenza, cero dignidad tenia esta gente de ciudad.
Íbamos todos en fila india, yo de ultimo, delante mío el más bajo de la escala; Creo que mi indignación se retroalimentaba cada segundo que veía a estas inmundicias humanas, solo pude descargarme con un puntapié en la “retaguardia” de Cardozo.
Asustado y desparramado en el piso, me miró sorprendido, seguí en la fila observándolo fijo a los ojos, con bronca y desprecio. No le saqué los ojos de encima. Nadie vio nada.
Se levantó y tomó nota de lo ocurrido.
La segunda parte se encontrará detrás de éste Link:
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Cuento,
humor negro,
Ivan Ignacio,
primera parte
lunes, 15 de marzo de 2010
TALLER ABIERTO MARZO 2010
Como ya todos saben una vez por mes publicamos el trabajo de nuestras visitas.
En este caso nos visitan Silvina y Florencia Estigarribia
A continuación encontrarán una pequeña reseña de cada uno, luego, para leer sus textos, cliqueen "leer mas".
SIL tiene 38 años y vive en un remoto y pequeño paraje perdido en medio de la República Argentina.
Según sus propias declaraciones, escribe (o al menos trata) de escribir poesía desde los 10 años de edad, y tiene en la actualidad un blog llamado : ¨LAS ÚLTIMAS PALABRAS¨
Nos ha contado, entre mates y masas de crema pastelera, que envió su texto porque se considera con honor y alegría, una gran amiga de los integrantes de este grupo.
Para éso, nos acerca un texto llamado: ¨ LA LIRA QUE DELIRA¨
Florencia Estigarribia, tiene 15 años, es de Quilmes (zona sur) y ha vivido allí desde que nacio. . Nos cuenta que es muy lectora; sus autores preferidos son Jorge Luis Borges, Stephen King, Richard Bach(por Juan Salvador Gaviota que es un libro que la marco para toda la vida), Jane Austen, Sidney Sheldon, Paulo Coelho (por El Alquimista), entre muchos otros. Escribe desde los 8 años. Sueña con ser una reconocida escritora y pretende ser licenciada en Letras. Pueden visitar su blog: http://impertinenciaas.blogspot.com
LA LIRA QUE DELIRA por Sil
I
En liras que deliran
mis versos se han reunido e insolentes
se rozan y se miran,
se ríen de las máculas silentes
que trágicas mis yemas les inspiran.
II
En liras que deliran
mi pluma va dejando descarada
palabras que respiran,
caderas como péndulo y espada,
quimeras libertinas que se embriagan.
III
En liras profanadas
poesía sin su cuerpo se vacía,
al alba entre las gradas
se eleva y con sufriente alferecía
asperja con la lluvia su alcancía.
IV
En liras que bostezan
la noche no perdona su lejía,
las bocas ya no rezan,
las rimas se desnudan sin bujía
en un voraz incendio de herejía.
V
En liras delirantes
yo trato de quedarme con tus brazos
de fuego y de diamantes,
cortantes que abran vallas con sablazos
y rompan mis murallas con sus trazos.
VI
En liras rebeladas
me arrastro con cadenas de arrebato.
Mis venas incendiadas
entregan mi condena a tu mandato
y aceptan que te adoro sin recato.
CIERTO DIA… por Florencia Estigarribia
"Cierto dìa senti ganas de llevarme por delante cada objeto mortal que se posaba frente a mi, atravezar paredes, muebles y utilerìas para ser yo por una vez al menos. De aquel día solo puedo recordar atrofias cerebrales y pensamientos ilogicos, perseverancia en el arte de adoptar estigmas y volver a plantear locuras e incoherencias. De acuerdo con el archivo de mi vida solo aquel dia pude centrar mi mente en lo que verdaderamente me preocupa, pensar quizas en el por què de la vida y de las ocurrencias de los mortales aqui presentes. ¿Que ganan con ser pesimistas? ¿que ganan con alejarme de la sola felicidad que anhelo? ¿por que?. Simplemente una locuaz impertinencia hace la diferencia. Aquella que me hace parecer una desquiciada anormal que solo piensa en si misma y no en los demàs, una de las tantas que centra su placer personal en su egocentrica filosofia. La monotonia del paisaje se hace cada vez màs ensordecerdora para mis ansias de volar. Ellos solo piensan en guiarme hacia la falda de la conveniencia y alejarme por completo de las alas de la felicidad... de MI felicidad, no admito variantes. Una mera impertinencia, una grieta para el mal en este mundo, un eco de deformidad, una sensacion de omnipotencia permanente, un ataud que solo enciera fiasgo. ¿alguien puede definirme de una mejor manera?, no lo creo. Aunque muchos cercanos y quizas queridos digan que las atrocidades que yo llamo definiciones propias, son eso mismo: atrocidades, la verdad es que en eso concluyo. Sin embargo, ¿que verdad es posible sin la realidad que persevera en mi y me hace sentir que a cada segundo nace una nueva dosis de locura inmediata?. Al fin y al cabo, ellos lograron definirme perfectamente y de eso, al menos, debo estar agradecida. A eso llamo yo ironìa. ¿que PRECISAS facultades debo tener para agradar a esas personas a las que todo el mundo considera sabias solo porque atraviezan por el paso del tiempo? ¿a caso la sociedad me impone un resplandor de seriedad con el solo fin de llegar a ser ESO que TANTO anhelan? ¿por que deberia yo responder a ese llamado? ¿que me ata a ser seria con la sociedad si no consigo ser seria conmigo misma?. ¡que ironia!. Pensar en la sola insolencia de obedecer, me causa un estupor extraño y definitivo. No creo ver en mi la necesidad de responder a determinadas actitudes altamente explosivas que me llevarìan al borde del abismo. Quizas, algunos me digan que no tengo futuro, que la vida no elabora recompensas para aquellos egoistas impertinentes, que solo conseguire darles la razon y como cierre del telon se rian en mi cara y me demuestren su concepto de egocentrismo e impertinencia. A pesar de todos ellos, seguirè el camino que, solo yo se, me he asignado y algun dia, yo debere reirme de ellos. ¡A ese dia llamaran ellos IRONIA!"
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En este caso nos visitan Silvina y Florencia Estigarribia
A continuación encontrarán una pequeña reseña de cada uno, luego, para leer sus textos, cliqueen "leer mas".
SIL tiene 38 años y vive en un remoto y pequeño paraje perdido en medio de la República Argentina.
Según sus propias declaraciones, escribe (o al menos trata) de escribir poesía desde los 10 años de edad, y tiene en la actualidad un blog llamado : ¨LAS ÚLTIMAS PALABRAS¨
Nos ha contado, entre mates y masas de crema pastelera, que envió su texto porque se considera con honor y alegría, una gran amiga de los integrantes de este grupo.
Para éso, nos acerca un texto llamado: ¨ LA LIRA QUE DELIRA¨
Florencia Estigarribia, tiene 15 años, es de Quilmes (zona sur) y ha vivido allí desde que nacio. . Nos cuenta que es muy lectora; sus autores preferidos son Jorge Luis Borges, Stephen King, Richard Bach(por Juan Salvador Gaviota que es un libro que la marco para toda la vida), Jane Austen, Sidney Sheldon, Paulo Coelho (por El Alquimista), entre muchos otros. Escribe desde los 8 años. Sueña con ser una reconocida escritora y pretende ser licenciada en Letras. Pueden visitar su blog: http://impertinenciaas.blogspot.com
LA LIRA QUE DELIRA por Sil
I
En liras que deliran
mis versos se han reunido e insolentes
se rozan y se miran,
se ríen de las máculas silentes
que trágicas mis yemas les inspiran.
II
En liras que deliran
mi pluma va dejando descarada
palabras que respiran,
caderas como péndulo y espada,
quimeras libertinas que se embriagan.
III
En liras profanadas
poesía sin su cuerpo se vacía,
al alba entre las gradas
se eleva y con sufriente alferecía
asperja con la lluvia su alcancía.
IV
En liras que bostezan
la noche no perdona su lejía,
las bocas ya no rezan,
las rimas se desnudan sin bujía
en un voraz incendio de herejía.
V
En liras delirantes
yo trato de quedarme con tus brazos
de fuego y de diamantes,
cortantes que abran vallas con sablazos
y rompan mis murallas con sus trazos.
VI
En liras rebeladas
me arrastro con cadenas de arrebato.
Mis venas incendiadas
entregan mi condena a tu mandato
y aceptan que te adoro sin recato.
CIERTO DIA… por Florencia Estigarribia
"Cierto dìa senti ganas de llevarme por delante cada objeto mortal que se posaba frente a mi, atravezar paredes, muebles y utilerìas para ser yo por una vez al menos. De aquel día solo puedo recordar atrofias cerebrales y pensamientos ilogicos, perseverancia en el arte de adoptar estigmas y volver a plantear locuras e incoherencias. De acuerdo con el archivo de mi vida solo aquel dia pude centrar mi mente en lo que verdaderamente me preocupa, pensar quizas en el por què de la vida y de las ocurrencias de los mortales aqui presentes. ¿Que ganan con ser pesimistas? ¿que ganan con alejarme de la sola felicidad que anhelo? ¿por que?. Simplemente una locuaz impertinencia hace la diferencia. Aquella que me hace parecer una desquiciada anormal que solo piensa en si misma y no en los demàs, una de las tantas que centra su placer personal en su egocentrica filosofia. La monotonia del paisaje se hace cada vez màs ensordecerdora para mis ansias de volar. Ellos solo piensan en guiarme hacia la falda de la conveniencia y alejarme por completo de las alas de la felicidad... de MI felicidad, no admito variantes. Una mera impertinencia, una grieta para el mal en este mundo, un eco de deformidad, una sensacion de omnipotencia permanente, un ataud que solo enciera fiasgo. ¿alguien puede definirme de una mejor manera?, no lo creo. Aunque muchos cercanos y quizas queridos digan que las atrocidades que yo llamo definiciones propias, son eso mismo: atrocidades, la verdad es que en eso concluyo. Sin embargo, ¿que verdad es posible sin la realidad que persevera en mi y me hace sentir que a cada segundo nace una nueva dosis de locura inmediata?. Al fin y al cabo, ellos lograron definirme perfectamente y de eso, al menos, debo estar agradecida. A eso llamo yo ironìa. ¿que PRECISAS facultades debo tener para agradar a esas personas a las que todo el mundo considera sabias solo porque atraviezan por el paso del tiempo? ¿a caso la sociedad me impone un resplandor de seriedad con el solo fin de llegar a ser ESO que TANTO anhelan? ¿por que deberia yo responder a ese llamado? ¿que me ata a ser seria con la sociedad si no consigo ser seria conmigo misma?. ¡que ironia!. Pensar en la sola insolencia de obedecer, me causa un estupor extraño y definitivo. No creo ver en mi la necesidad de responder a determinadas actitudes altamente explosivas que me llevarìan al borde del abismo. Quizas, algunos me digan que no tengo futuro, que la vida no elabora recompensas para aquellos egoistas impertinentes, que solo conseguire darles la razon y como cierre del telon se rian en mi cara y me demuestren su concepto de egocentrismo e impertinencia. A pesar de todos ellos, seguirè el camino que, solo yo se, me he asignado y algun dia, yo debere reirme de ellos. ¡A ese dia llamaran ellos IRONIA!"
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Taller Abierto
jueves, 11 de marzo de 2010
Un amor para mi. Noelia.
Este cuento, fue a partir de una consigna de la última reunión del taller. Espero que les guste, ya que no suelo escribir cuentos, me resulta un poco difícil, y no se cuando me voy a volver a animar...
La idea era... "Un hombre, en Monte Carlo, va al casino, gana un millón, vuleve a su casa. Se suicida."
La vida entera en un segundo, un sueño en blanco, los ojos mirando al cielo.
Rubén se levantó, se dio una ducha y se dispuso a sacarse de la cabeza la noche anterior.
Salió de su casa con doscientos pesos en la billetera y el alma vacía. Soñó con un cambio de suerte, con perderlo todo, con la familia inexistente, con el juego desmedido, con lecciones que sorprenden cuando tenés gente que te rodea. Caminaba solo.
Veinte cuadras y llegaba. Quince pesos de remis y las luces lo esperaban. Un atado de cigarrillos largos que durarían lo que durasen.
“Maquinitas pagadoras”, “Esta nunca da plata”. Se sentó y como rutina comenzó a perder una a una cada ficha.
Como si a sus deseos alguien hubiese atendido, con ruidos y con luces, y frente a una multitud se encontraba. Frente a él, el premio mayor y la suerte golpeándolo por la espalda hasta dejarlo sin aire.
Se cruzó con muchas miradas, de desprecio y de envidia, de sorpresa y de desilusión, y ante todas, sin pensarlo si quiera, respondía con una sonrisa que no demostraba nada. Ni grandezas. Ni pobrezas.
Se llevó el efectivo que marcaría su destino. Decidió no volver a jugar, no apostar a nada, no medir los actos, volver a su casa y llamar a María.
Ella lo había dejado. Después de unas horas apasionadas con el corazón en la mano y un futuro en los ojos, lo había dejado.
La llamó para decirle que había conseguido dos pasajes hacia una nueva vida para ellos, una vida juntos sin preocupaciones ni problemas, para decirle que compraría una casa para poder, por fin, terminar con los miserables días pasados. La llamó para decirle que la amaba, que iban a poder ser felices…
La llamó una vez.
La llamó dos veces hasta que atendía el contestador. Nunca dejaba mensajes. Le resultaban fríos, le parecía que nadie les daba importancia.
La tercera es la vencida.
María contestó. Rubén solo atinó a decirle ¿Porqué me dejaste?, la misma pregunta que tantas veces se había repetido la noche anterior, la misma pregunta de la que no obtenía respuesta alguna, una pregunta que al menos pudiera aceptar.
María no lo amaba, no lo iba a amar.
- María, gané! Podemos ser felices! Ahora si!
María cortó.
Con la fuerza que rompen las olas a la orilla del mar y con la fuerza de los vientos que azota a los árboles, María terminó de quebrar a Rubén en último silencio que no llegó a escuchar.
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La idea era... "Un hombre, en Monte Carlo, va al casino, gana un millón, vuleve a su casa. Se suicida."
La vida entera en un segundo, un sueño en blanco, los ojos mirando al cielo.
Rubén se levantó, se dio una ducha y se dispuso a sacarse de la cabeza la noche anterior.
Salió de su casa con doscientos pesos en la billetera y el alma vacía. Soñó con un cambio de suerte, con perderlo todo, con la familia inexistente, con el juego desmedido, con lecciones que sorprenden cuando tenés gente que te rodea. Caminaba solo.
Veinte cuadras y llegaba. Quince pesos de remis y las luces lo esperaban. Un atado de cigarrillos largos que durarían lo que durasen.
“Maquinitas pagadoras”, “Esta nunca da plata”. Se sentó y como rutina comenzó a perder una a una cada ficha.
Como si a sus deseos alguien hubiese atendido, con ruidos y con luces, y frente a una multitud se encontraba. Frente a él, el premio mayor y la suerte golpeándolo por la espalda hasta dejarlo sin aire.
Se cruzó con muchas miradas, de desprecio y de envidia, de sorpresa y de desilusión, y ante todas, sin pensarlo si quiera, respondía con una sonrisa que no demostraba nada. Ni grandezas. Ni pobrezas.
Se llevó el efectivo que marcaría su destino. Decidió no volver a jugar, no apostar a nada, no medir los actos, volver a su casa y llamar a María.
Ella lo había dejado. Después de unas horas apasionadas con el corazón en la mano y un futuro en los ojos, lo había dejado.
La llamó para decirle que había conseguido dos pasajes hacia una nueva vida para ellos, una vida juntos sin preocupaciones ni problemas, para decirle que compraría una casa para poder, por fin, terminar con los miserables días pasados. La llamó para decirle que la amaba, que iban a poder ser felices…
La llamó una vez.
La llamó dos veces hasta que atendía el contestador. Nunca dejaba mensajes. Le resultaban fríos, le parecía que nadie les daba importancia.
La tercera es la vencida.
María contestó. Rubén solo atinó a decirle ¿Porqué me dejaste?, la misma pregunta que tantas veces se había repetido la noche anterior, la misma pregunta de la que no obtenía respuesta alguna, una pregunta que al menos pudiera aceptar.
María no lo amaba, no lo iba a amar.
- María, gané! Podemos ser felices! Ahora si!
María cortó.
Con la fuerza que rompen las olas a la orilla del mar y con la fuerza de los vientos que azota a los árboles, María terminó de quebrar a Rubén en último silencio que no llegó a escuchar.
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Cuento,
Noelia Arizaga
domingo, 7 de marzo de 2010
Llueve por Lisandro

Llueve en este atardecer, es la muerte menos triste del Sol, porque no se hace ver detrás de esta ventana, son esas nubes grises que no reflejan ni un destello dorado, entonces sigue lloviendo, y le doy nacimiento a mi lapicera en este escrito.
Llueve, y me mojan los sentimientos lejanos de un recuerdo. Llueve y nada puedo hacer para cubrirme de la tinta que derramo en mis sentidos, es como que se coagula mi sangre y la tinta cubre su espacio, ni que hablar del corazón que cumple el rol de dicho papel.
Esas gotas de lluvia que rozan mi ventana y el suave zumbido del viento que da placer a mis oídos y el impulso que trae el sonido de estas gotas… me hacen cerrar los ojos, concentrándome en mi mismo.
Amo la lluvia en cualquier estación, amo la voz del viento que entra minucioso por las rendijas de mi puerta, amo el gris y la tormenta porque no me permiten ver la muerte del Sol, amo el aroma de la tierra mojada porque me limpia la conciencia.
Creo que la lluvia es la mejor limpieza para toda frustración, es la salvación a la sofocación de ideas y de miedos, es el placer más grande sentirla en mi mismo, me da paz… me tranquiliza los nervios, me hace creer en mi mismo, y me hace soñar en toda ilusión.
Amo la lluvia porque escucha mis credos… Amo su perdón.
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Lisandro E. Penazzo,
Reflexión
miércoles, 3 de marzo de 2010
PARA IVÁN por Carla Kowalski
Al final del camino te voy a encontrar
buscando en cada mirada la luz de la paz
sintiendo con fuerza el amor que está en mi
porque se que existe alguien perfecto para mi
Y con sorpresa descubrí...
que el final del camino llego sin pensar
y encontré en unos ojos la alegría que busque,
en una sonrisa el beso del amor,
en un abrazo la familia que soñé
Y en tu nombre, Iván, el hombre para mí
Y se que el camino será uno para los dos,
y se que esta vida es nuestra mi amor.
Porque siempre y para siempre estarás en mi corazón
Por siempre y para siempre serás mi gran amor.
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Carla,
Misceláneas
viernes, 26 de febrero de 2010
EL GRITO por Maria Susana

Quiero ser “EL GRITO”
y que no haya nadie en el mundo
capaz de sofocarme.
Ser “EL GRITO”
de horror a la tormenta.
Ser “EL GRITO”
de amor o de vergüenza.
Ser “EL GRITO”aún
en medio de la nada.
Ese mismo
que sale de tu alma.
Ser “EL GRITO”que abra tus heridas
y en la garganta desgarrada
maldiga la nostalgia
que brota en carne viva.
No ser mas …que un grito
eterno, inmortal,
fugitivo… incontrolable.
Luz y oscuridad,
vida y muerte,
principio y fin místico.
Delirante…agonizante…
Que se anide en el silencio de tu pena,
asechador, cobarde,
refugiado en tu dolor…
para vengarme.
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Maria Susana Ferreira,
poemas
domingo, 21 de febrero de 2010
Opel
En una noche donde solo se oía el ruido de los grillos, un rugido marca Opel sacudió la tranquilidad. La saeta verde preparada para competiciones pasó por el frente del pueblerino hospital. Las intensas ondas sonoras se metieron en cada rincón de la zona, incluso a través de los gruesos muros del viejo hospital, uno de esos lugares fue en la sala 207.
Esa noche una cama estaba vacía y en la otra cama una mujer mayor; despegó sus arrugados parpados, el estruendoso motor cortó su sueño. No volvió a dormir, pasó quince minutos mirando el techo, ida en la banalidad, su concentración se esfumó cuando la central del aire acondicionado se apagó. Miró el reloj despertador (que era de ella) y vio las agujas posicionadas en las tres y cuarto, volvió a mirar el techo durante otros diez minutos, después de esa meditación se levantó.
El pie izquierdo fue el primero en contactar el frio suelo de mosaicos. La cama era alta y el descenso evito ser brusco. Con pocos pasos la anciana alcanzó la puerta, la abrió con suavidad sin hacer ningún ruido. No había un alma en el pasillo, ni las lámparas fluorescente hacían ruido; La anciana miró a ambos lados como niño que cruza la avenida y abrió con suavidad la puerta de la habitación opuesta.
Había dos camas ocupadas, reconoció que en una a un joven, en la otra no distinguió nada. La claridad entrante del pasillo llamó la atención de un tercero que sentado en una silla velaba por el internado. Quien le miró con asombro.
-Disculpé, me equivoqué.-susurró a quien le empezó a mirar con un gesto que denotaba molestia.
Se volvió sobre sus pasos y miró el otro extremo del pasillo, miraba la sala de enfermería. Se volvió hacia la habitación contigua a la suya (la 208) avanzó nuevamente como una gacela que desconfía de algo, con sigilo fiel.
Había una sola persona, estaba conectada por tubos y cables a unos cuantos aparatos eléctricos y tenia dos sueros distintos. La anciana se le acercó en silencio, estiró su brazo y movió levemente las chapitas de los sueros, se agachó y tiró del enchufe, dio media vuelta y se retiró sin mirar atrás.
Llegó a la puerta y siguió por el pasillo, unas voces salían del interior de la 206, pegó su oreja a la puerta y lo confirmó.
Siguió hasta la 205, la puerta estaba abierta, había un octogenario muy delgado en la cama. Su cuerpo lucia famélico.
Ella entró, Él estaba despierto por el calor; La anciana diez años menor que Él, se le acercó lentamente, mostrando una sonrisa compareciente. El moribundo anciano la miraba mientras ella le rodeaba la cabeza con sus manos, esas mismas manos tomaron la almohada y la apoyaron sobre su rostro. Un par de débiles manotazos fue el pobre intento de ese hombre por sobrevivir.
La sirena de la ambulancia se oyó desde la esquina, en puntas de pie la señora se acercó a la ventana a curiosear. Bajaban a un joven de la camilla, era de un accidente automovilístico.
Volvió para confirmar que el anciano no respirase mas, dejó todo como estaba. Se acercó a la puerta a espiar, la gente de la guardia médica había dejado la habitación vacía. De la habitación frente a la suya salió la persona que cuidaba al internado, bajó las escaleras. La anciana se dirigió a la guardia, entró y revisó un par de cajones, tomó un guante y una cuchilla y se volvió a la primera sala adonde entró, fue directo y con lentitud al más joven, con una mano atrás, ocultando su arma. El muchacho estaba despierto, pues necesitaba mas calmantes para su pierna
-¿Doña… se perdió nuevamente?.-Dijo sin importar que el otro durmiera.
-No soy Doña, soy la Tía.- Respondió la mujer.
-No señora, usted se perdió, vuelva a su habitación.-
-Dale un beso a la tía que hace mucho no te ve.-
El joven no queriendo dejar de ser educado y con total confianza le siguió como quien dice: la corriente. Se acerco y la abrazó, la anciana atinó con brusquedad una puntada sobre el cuello de la victima, desangrando al joven, que no tardó en tomarse el cuello con una mano y con la otra sujetaba su arrugado brazo. La mujer intentaba zafarse clavando el acero en el ya sangrado pecho. La cortada garganta del muchacho no pudo denunciar por ayuda, se quedo mudo, por mas que soplaran sus pulmones, ningún ruido volvió a escuchársele.
La bata de la homicida apenas se ensució. Tiró el cuchillo bajo la otra cama y salió directo a su cuarto, nadie la vio.
En el pasillo se escuchaban dos personas susurrando en tono agresivo, se paró detrás de la puerta para oír.
-No puedo darles mas calmantes sin la autorización del medico.-
-Trae al medico entonces.-
-Esta con el tipo del Opel.-
-¿Podría por lo menos mirarle la sutura?-
El enfermero asintió y entraron a la habitación, un grito que evidenció el descubrimiento del crimen despertó a cada persona en el piso. La vieja tiró su guante por el inodoro y después lavó su bata, la que luego escondió en una bolsa que colocó en la mochila del inodoro. Se vistió con una nueva y se acostó.
En el hospital se generó una conmoción. Todos los médicos fueron a la 215 en vano, los oficiales de la provincial no demoraron en llegar. Detrás de la puerta de opuesta la anciana dormía plácidamente.
A las pocas horas, ya el día amanecido, se despertó con el ingreso de dos enfermeras, que en una camilla traían a un hombre joven accidentado.
La vieja los miraba de reojo, las mujeres eran simpáticas con él. El joven estaba algo inquieto, tal vez por su accidente.
-Tuviste suerte, tu auto quedó muy mal según contaron los bomberos.- Dijo una de ellas
-Mi pobre Opel, me acompaño en tantas.-Respondió como quien pierde a un amigo.
-No te va a acompañar más. Je.-
-¿Qué pasó que hubo tanto alboroto?- Preguntó el joven paciente.
-Un caso policial, cada tanto pasa esas cosas.-Respondió la misma enfermera,
-si,.. Cada cuatro o cinco años. Nunca resuelven nada. -Acotó la otra.
-Cuando se te desinflame la pierna volvemos.- Agregó mientras le colocaba el suero en su lugar. Sonrieron y se fueron dejando al joven con la anciana. Un precario biombo separaba las camas, la vieja esperó unos diez minutos y se levantó, movió el biombo y miró al joven.
-¿Y mamá?¿Como me salió?-
-Vos bien hijo.-
-¿Y vos?-Volvió a preguntar
-Poco pude hacer.Casi me agarran.-
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Esa noche una cama estaba vacía y en la otra cama una mujer mayor; despegó sus arrugados parpados, el estruendoso motor cortó su sueño. No volvió a dormir, pasó quince minutos mirando el techo, ida en la banalidad, su concentración se esfumó cuando la central del aire acondicionado se apagó. Miró el reloj despertador (que era de ella) y vio las agujas posicionadas en las tres y cuarto, volvió a mirar el techo durante otros diez minutos, después de esa meditación se levantó.
El pie izquierdo fue el primero en contactar el frio suelo de mosaicos. La cama era alta y el descenso evito ser brusco. Con pocos pasos la anciana alcanzó la puerta, la abrió con suavidad sin hacer ningún ruido. No había un alma en el pasillo, ni las lámparas fluorescente hacían ruido; La anciana miró a ambos lados como niño que cruza la avenida y abrió con suavidad la puerta de la habitación opuesta.
Había dos camas ocupadas, reconoció que en una a un joven, en la otra no distinguió nada. La claridad entrante del pasillo llamó la atención de un tercero que sentado en una silla velaba por el internado. Quien le miró con asombro.
-Disculpé, me equivoqué.-susurró a quien le empezó a mirar con un gesto que denotaba molestia.
Se volvió sobre sus pasos y miró el otro extremo del pasillo, miraba la sala de enfermería. Se volvió hacia la habitación contigua a la suya (la 208) avanzó nuevamente como una gacela que desconfía de algo, con sigilo fiel.
Había una sola persona, estaba conectada por tubos y cables a unos cuantos aparatos eléctricos y tenia dos sueros distintos. La anciana se le acercó en silencio, estiró su brazo y movió levemente las chapitas de los sueros, se agachó y tiró del enchufe, dio media vuelta y se retiró sin mirar atrás.
Llegó a la puerta y siguió por el pasillo, unas voces salían del interior de la 206, pegó su oreja a la puerta y lo confirmó.
Siguió hasta la 205, la puerta estaba abierta, había un octogenario muy delgado en la cama. Su cuerpo lucia famélico.
Ella entró, Él estaba despierto por el calor; La anciana diez años menor que Él, se le acercó lentamente, mostrando una sonrisa compareciente. El moribundo anciano la miraba mientras ella le rodeaba la cabeza con sus manos, esas mismas manos tomaron la almohada y la apoyaron sobre su rostro. Un par de débiles manotazos fue el pobre intento de ese hombre por sobrevivir.
La sirena de la ambulancia se oyó desde la esquina, en puntas de pie la señora se acercó a la ventana a curiosear. Bajaban a un joven de la camilla, era de un accidente automovilístico.
Volvió para confirmar que el anciano no respirase mas, dejó todo como estaba. Se acercó a la puerta a espiar, la gente de la guardia médica había dejado la habitación vacía. De la habitación frente a la suya salió la persona que cuidaba al internado, bajó las escaleras. La anciana se dirigió a la guardia, entró y revisó un par de cajones, tomó un guante y una cuchilla y se volvió a la primera sala adonde entró, fue directo y con lentitud al más joven, con una mano atrás, ocultando su arma. El muchacho estaba despierto, pues necesitaba mas calmantes para su pierna
-¿Doña… se perdió nuevamente?.-Dijo sin importar que el otro durmiera.
-No soy Doña, soy la Tía.- Respondió la mujer.
-No señora, usted se perdió, vuelva a su habitación.-
-Dale un beso a la tía que hace mucho no te ve.-
El joven no queriendo dejar de ser educado y con total confianza le siguió como quien dice: la corriente. Se acerco y la abrazó, la anciana atinó con brusquedad una puntada sobre el cuello de la victima, desangrando al joven, que no tardó en tomarse el cuello con una mano y con la otra sujetaba su arrugado brazo. La mujer intentaba zafarse clavando el acero en el ya sangrado pecho. La cortada garganta del muchacho no pudo denunciar por ayuda, se quedo mudo, por mas que soplaran sus pulmones, ningún ruido volvió a escuchársele.
La bata de la homicida apenas se ensució. Tiró el cuchillo bajo la otra cama y salió directo a su cuarto, nadie la vio.
En el pasillo se escuchaban dos personas susurrando en tono agresivo, se paró detrás de la puerta para oír.
-No puedo darles mas calmantes sin la autorización del medico.-
-Trae al medico entonces.-
-Esta con el tipo del Opel.-
-¿Podría por lo menos mirarle la sutura?-
El enfermero asintió y entraron a la habitación, un grito que evidenció el descubrimiento del crimen despertó a cada persona en el piso. La vieja tiró su guante por el inodoro y después lavó su bata, la que luego escondió en una bolsa que colocó en la mochila del inodoro. Se vistió con una nueva y se acostó.
En el hospital se generó una conmoción. Todos los médicos fueron a la 215 en vano, los oficiales de la provincial no demoraron en llegar. Detrás de la puerta de opuesta la anciana dormía plácidamente.
A las pocas horas, ya el día amanecido, se despertó con el ingreso de dos enfermeras, que en una camilla traían a un hombre joven accidentado.
La vieja los miraba de reojo, las mujeres eran simpáticas con él. El joven estaba algo inquieto, tal vez por su accidente.
-Tuviste suerte, tu auto quedó muy mal según contaron los bomberos.- Dijo una de ellas
-Mi pobre Opel, me acompaño en tantas.-Respondió como quien pierde a un amigo.
-No te va a acompañar más. Je.-
-¿Qué pasó que hubo tanto alboroto?- Preguntó el joven paciente.
-Un caso policial, cada tanto pasa esas cosas.-Respondió la misma enfermera,
-si,.. Cada cuatro o cinco años. Nunca resuelven nada. -Acotó la otra.
-Cuando se te desinflame la pierna volvemos.- Agregó mientras le colocaba el suero en su lugar. Sonrieron y se fueron dejando al joven con la anciana. Un precario biombo separaba las camas, la vieja esperó unos diez minutos y se levantó, movió el biombo y miró al joven.
-¿Y mamá?¿Como me salió?-
-Vos bien hijo.-
-¿Y vos?-Volvió a preguntar
-Poco pude hacer.Casi me agarran.-
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jueves, 18 de febrero de 2010
CADÁVER EXQUISITO 7 CON SILVINA
El domingo 30 de Enero,recibimos la grata visita de Sil de "Las últimas palabras", en nuestro querido Taller Kapasulino y junto con ella realizamos un cadáver exquisito.
Cadáver exquisito es un ejercicio literario que se realiza en grupo. Un integrante escribe tres oraciones, tapa las dos primeras y pasa la hoja al siguiente compañero. Este solo ve el final y a partir de eso escribe tres oraciones. Como el compañero anterior pasa la hoja tapando sus dos primeras oraciones, y así sucesivamente hasta llegar al ultimo compañero.
Para leer el cadáver exquisito realizado por: Susana, Carla, Iván, Sil,y Lichi, Cliquea en Leer más....
Tengo el cuerpo cubierto de espinas y el alma que llora en silencio por tu amor que se va con el viento.
y yo me quedo sola, mirándote ir, la tristeza de tu ida me lastima el alma.
No miraste para atrás. No viste mi llanto. Un alma rota es difícil de curar.
Porque un espíritu herido sangra y no logra morir. Porque la sangre emanada no se ve ni coagula. Porque cuando un cristal se quiebra no hay retorno.
Y es cuando no hay pegamento para unirlo, porque por mas que se intente, queda cicatrizado como el corazón, y comienza el ardor, y sangra hasta manchar la conciencia.
Leer más...
Cadáver exquisito es un ejercicio literario que se realiza en grupo. Un integrante escribe tres oraciones, tapa las dos primeras y pasa la hoja al siguiente compañero. Este solo ve el final y a partir de eso escribe tres oraciones. Como el compañero anterior pasa la hoja tapando sus dos primeras oraciones, y así sucesivamente hasta llegar al ultimo compañero.
Para leer el cadáver exquisito realizado por: Susana, Carla, Iván, Sil,y Lichi, Cliquea en Leer más....
Tengo el cuerpo cubierto de espinas y el alma que llora en silencio por tu amor que se va con el viento.
y yo me quedo sola, mirándote ir, la tristeza de tu ida me lastima el alma.
No miraste para atrás. No viste mi llanto. Un alma rota es difícil de curar.
Porque un espíritu herido sangra y no logra morir. Porque la sangre emanada no se ve ni coagula. Porque cuando un cristal se quiebra no hay retorno.
Y es cuando no hay pegamento para unirlo, porque por mas que se intente, queda cicatrizado como el corazón, y comienza el ardor, y sangra hasta manchar la conciencia.
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Cadaver exquisito
sábado, 13 de febrero de 2010
TALLER ABIERTO FEBRERO '10
Como ya todos saben una vez por mes publicamos el trabajo de nuestras visitas.
En este caso nos visitan Luis Serrano Pozuelo y Miguel Aguilera .
A continuación encontrarán una pequeña reseña de cada uno, luego, para leer sus textos, cliqueen "leer mas".
Luis Serrano Pozuelo nació en Madrid, y allí ha vivido a lo largo de sus sesenta y dos años.
Es un lector compulsivo de novela con una larguísima lista de autores preferidos entre los que cabría destacar a Irene Némerovsky, Paul Auster, John Irving, Sándor Marai, Hanuki Murakami y un extenso etc.
Pueden visitar su blog: Suma de Letras
Hoy nos regala "Andando"
Miguel Aguilera tiene 37 años y es de Río Cuarto, Córdoba, Argentina
Tiene dos blogs "El Errante" y "Literato"
Nos cuenta que envió su texto porque personas que visitan su blog, visitan el nuestro y le pareció interesante participar en nuestro blog.
Escribe narrativa en prosa y nos dice que lo hace sin esfuerzo y con sumo placer.
Hoy nos regala: La noche siempre es menos cruel que el día.
ANDANDO por Luis Serrano Pozuelo
Si andando una mañana por la vereda que conduce al ir y venir de la memoria, del recuerdo, encuentras una sombra con dedos y labios, no le digas de mis letras, no le hables de mis silencios
Si mientras retuerces el pasado arisco de un ayer que cayó en desgracia, encuentras una horquilla de alma dislocada, de almanaque de pozo y negrura, no mires a los ojos de quien te pregunte y continua el camino que se desliza entre castaños y abedules.
No preguntes, no te detengas, no mires atrás, allí de dónde vienes viviendo sin humo y sin pincel y abraza la tersura del viento que, va y viene, buscando un lugar en donde implantar su vecindad amortiguada.
Quédate parado en el filo de ese tiempo, que solo los que ya bebieron del barranco desolador de la victoria, conocen como suyo, y del que, solo el sonido de sus timbales inmunes a la luz y al soplo, ponen abundancia de deseo y mechero, lumbre y asilo.
Si andando una mañana, retuerces el pasado arisco, no preguntes, no mires a los ojos, quédate parado y escucha lo que tendrán que decirte tus entrañas sierpes.
La noche siempre es menos cruel que el día por Miguel Aguilera
El día que George Harrison escribía la canción “Someplace Else” ella y yo hacíamos el amor. No sé bien en qué etapa de nuestra relación estábamos, tampoco sé si coincidía con la primera estrofa o las que continúan, pero sí sé que la tarareábamos en la oscuridad recorriéndonos los cuerpos con las manos, y besando toda aquella extensión de piel que deseásemos. Pequeños e insignificantes, así éramos en esos días, pero aunque fuésemos un punto perdido en el universo todo lo que se hallaba en él mismo convergía completamente dentro de nosotros dos.
Por las noches, en medio de la oscuridad, esa misma canción sonaba una y otra vez mientras el vinilo giraba sin agitarse en el viejo tocadiscos. Qué bonitos tiempos. Los tiempos bonitos deben atesorarse, siempre he pensado eso. Envueltos en sábanas o aún con nuestros cuerpos desnudos y empapados en sudor esa chica y yo nos atrevíamos a cantar aquella canción sin siquiera pensar si era el principio o el fin, si íbamos o veníamos, si era enamoramiento o verdadero amor. Y el miedo se hincaba en medio de la oscuridad como un alfiler profundo que se clava dentro de la carne hasta llegar a tocar el espíritu. Ese dolor fino y punzante nos daba un soplido de realidad, nos intentaba asustar y sucumbir a la idea del “dos son uno”, y aún así ninguno de los dos dejaba de cantar y abrazar y acariciar al otro.
He estado con muchas mujeres en una cama pero ninguna era igual a la anterior, ni tampoco mejor, ni mucho menos peor. En ese ring cuadrado mi cuerpo con el de ellas jugaba un frenesí único y libre. Pero todo fue hasta que George Harrison escribió aquella canción. Ese día lo cambió todo para mí y esa chica estaba junto a mí el día del cambio. Los grandes cambios se producen así, en una milésima de segundo, y por eso son grandes cambios. Pues aquel fue un gran cambio en mi vida. Dentro de aquel ring en que me sumergía por las noches con ella todo era más que armónico; y aunque ambos sin decirnos palabra alguna nos mirásemos como parados al borde de un abismo lográbamos entender e interpretar que aquel momento que vivíamos era único e irrepetible. ¿Tan difícil es entender eso?, me he preguntado muchas veces. Antes sí, me respondí, pero desde aquel día vivir el momento pasó a formar parte de los principios de mi propia vida.
No importaba si afuera había nieve, vientos huracanados o lluvia, dentro había paz. Un microclima se autogeneraba en el momento que el primer acorde de la guitarra de George Harrison sonaba en el aire transportándonos así a esa famosa nube número nueve. Y allí en la nube, la noche era menos cruel que el día y ambos podíamos amarnos, reconocernos y pensar que aunque el tiempo siguiese pasando y la nube desapareciese cada vez que escucháramos aquella hermosa canción los dos sabríamos que hay un único punto en el universo en donde el tiempo nos eligió a nosotros para formarlo.
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En este caso nos visitan Luis Serrano Pozuelo y Miguel Aguilera .
A continuación encontrarán una pequeña reseña de cada uno, luego, para leer sus textos, cliqueen "leer mas".
Luis Serrano Pozuelo nació en Madrid, y allí ha vivido a lo largo de sus sesenta y dos años.
Es un lector compulsivo de novela con una larguísima lista de autores preferidos entre los que cabría destacar a Irene Némerovsky, Paul Auster, John Irving, Sándor Marai, Hanuki Murakami y un extenso etc.
Pueden visitar su blog: Suma de Letras
Hoy nos regala "Andando"
Miguel Aguilera tiene 37 años y es de Río Cuarto, Córdoba, Argentina
Tiene dos blogs "El Errante" y "Literato"
Nos cuenta que envió su texto porque personas que visitan su blog, visitan el nuestro y le pareció interesante participar en nuestro blog.
Escribe narrativa en prosa y nos dice que lo hace sin esfuerzo y con sumo placer.
Hoy nos regala: La noche siempre es menos cruel que el día.
ANDANDO por Luis Serrano Pozuelo
Si andando una mañana por la vereda que conduce al ir y venir de la memoria, del recuerdo, encuentras una sombra con dedos y labios, no le digas de mis letras, no le hables de mis silencios
Si mientras retuerces el pasado arisco de un ayer que cayó en desgracia, encuentras una horquilla de alma dislocada, de almanaque de pozo y negrura, no mires a los ojos de quien te pregunte y continua el camino que se desliza entre castaños y abedules.
No preguntes, no te detengas, no mires atrás, allí de dónde vienes viviendo sin humo y sin pincel y abraza la tersura del viento que, va y viene, buscando un lugar en donde implantar su vecindad amortiguada.
Quédate parado en el filo de ese tiempo, que solo los que ya bebieron del barranco desolador de la victoria, conocen como suyo, y del que, solo el sonido de sus timbales inmunes a la luz y al soplo, ponen abundancia de deseo y mechero, lumbre y asilo.
Si andando una mañana, retuerces el pasado arisco, no preguntes, no mires a los ojos, quédate parado y escucha lo que tendrán que decirte tus entrañas sierpes.
La noche siempre es menos cruel que el día por Miguel Aguilera
El día que George Harrison escribía la canción “Someplace Else” ella y yo hacíamos el amor. No sé bien en qué etapa de nuestra relación estábamos, tampoco sé si coincidía con la primera estrofa o las que continúan, pero sí sé que la tarareábamos en la oscuridad recorriéndonos los cuerpos con las manos, y besando toda aquella extensión de piel que deseásemos. Pequeños e insignificantes, así éramos en esos días, pero aunque fuésemos un punto perdido en el universo todo lo que se hallaba en él mismo convergía completamente dentro de nosotros dos.
Por las noches, en medio de la oscuridad, esa misma canción sonaba una y otra vez mientras el vinilo giraba sin agitarse en el viejo tocadiscos. Qué bonitos tiempos. Los tiempos bonitos deben atesorarse, siempre he pensado eso. Envueltos en sábanas o aún con nuestros cuerpos desnudos y empapados en sudor esa chica y yo nos atrevíamos a cantar aquella canción sin siquiera pensar si era el principio o el fin, si íbamos o veníamos, si era enamoramiento o verdadero amor. Y el miedo se hincaba en medio de la oscuridad como un alfiler profundo que se clava dentro de la carne hasta llegar a tocar el espíritu. Ese dolor fino y punzante nos daba un soplido de realidad, nos intentaba asustar y sucumbir a la idea del “dos son uno”, y aún así ninguno de los dos dejaba de cantar y abrazar y acariciar al otro.
He estado con muchas mujeres en una cama pero ninguna era igual a la anterior, ni tampoco mejor, ni mucho menos peor. En ese ring cuadrado mi cuerpo con el de ellas jugaba un frenesí único y libre. Pero todo fue hasta que George Harrison escribió aquella canción. Ese día lo cambió todo para mí y esa chica estaba junto a mí el día del cambio. Los grandes cambios se producen así, en una milésima de segundo, y por eso son grandes cambios. Pues aquel fue un gran cambio en mi vida. Dentro de aquel ring en que me sumergía por las noches con ella todo era más que armónico; y aunque ambos sin decirnos palabra alguna nos mirásemos como parados al borde de un abismo lográbamos entender e interpretar que aquel momento que vivíamos era único e irrepetible. ¿Tan difícil es entender eso?, me he preguntado muchas veces. Antes sí, me respondí, pero desde aquel día vivir el momento pasó a formar parte de los principios de mi propia vida.
No importaba si afuera había nieve, vientos huracanados o lluvia, dentro había paz. Un microclima se autogeneraba en el momento que el primer acorde de la guitarra de George Harrison sonaba en el aire transportándonos así a esa famosa nube número nueve. Y allí en la nube, la noche era menos cruel que el día y ambos podíamos amarnos, reconocernos y pensar que aunque el tiempo siguiese pasando y la nube desapareciese cada vez que escucháramos aquella hermosa canción los dos sabríamos que hay un único punto en el universo en donde el tiempo nos eligió a nosotros para formarlo.
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Taller Abierto
lunes, 8 de febrero de 2010
Desvelo. Por Noelia.
Acá les dejo a todos aquellos que quieran leer, algunos de los escritos que salen de madrugada, producto de estar con amigas, después de unos mates, con los ojos cansados y lapiceras en las manos... Gracias a Anto y a Vir por esos momentos...
Una inquietud descontrolada,
un sueño apaciguado por recuerdos
soledad descubierta a medianoche,
con destellos de una amargura buscada.
Descuidos de una soñadora mente
que no descansa cuando oscurece,
y un cigarrillo no calma las llamas
aquellas que se encienden y luego…
¿Quién las apaga?
Una inquietud descontrolada,
un sueño apaciguado por recuerdos
soledad descubierta a medianoche,
con destellos de una amargura buscada.
Descuidos de una soñadora mente
que no descansa cuando oscurece,
y un cigarrillo no calma las llamas
aquellas que se encienden y luego…
¿Quién las apaga?
Comenzó el descuido inapropiado de palabras diversas que todo el mundo imagina, pocos dicen… ¡Y lo bien que hacen!
Con la fuerza del mundo entero contestó y argumentó mentiras, con dos puñales clavados en el alma, intentando así quizás, calmar el dolor.
Boca deliciosa, delicadamente dibujada, creadora de mágicos momentos, proyectora de recuerdos, futura imperdonable de dichos…
¿Dónde comienza la boca? En el insulto.
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Noelia Arizaga
miércoles, 3 de febrero de 2010
Yo no quiero a mi Argentina por Lisandro

Yo no quiero a mi argentina
con supremos que lloran el pasado
para despistar el presente olvidado
y descuidar un futuro incierto
cortando las manos al buen intento.
Yo no quiero a mi argentina
Con los pies de la justicia sobre el escritorio
compitiendo por el poder sobre el digitorio
con la mano zurda vestida de militar
ni con los himnos preparados para burlar
Yo no quiero a mi Argentina
Soplándose las uñas por falta de trabajo
fingiendo estar arriba, mientras estamos abajo
ni ver los presumidos que se hacen lucir
con una sonrisa satisfactorias al reír
Yo no quiero a mi argentina
con papel picado de color rojo manchado
con el sol manchado, de lagrimas sangrado
con la blancura de las nubes en medio de la tormenta
y el celeste de mi cielo perdiendo apuestas.
Yo no quiero a mi Argentina
con el grito apagado de la gente
con victimas agregadas en la mente
con el corazón defraudado por las promesas
con los sonidos baratos de falsas orquestas.
Yo no quiero a mi argentina
Llena de mugre sobre el gobierno
sintiéndose en el cielo, habitando el averno
Quiero a mi Argentina con mas esperanzas
quiero decir Argentina con voz de confianza!
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Lisandro E. Penazzo,
Poesía
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