lunes, 29 de marzo de 2010

Noche Definitiva por Lisandro


El viento silbaba agudamente, dejándose oír por las rendijas de las persianas. Altamirano lo oía entre dormido. La agitación de sus ronquidos junto con el canto del viento se mezclaba en sonidos densamente espesos dentro de la habitación.

El ventilador seguía golpeando el aire produciendo molestias en Altamirano, este se levantó suavemente decidido a darle un fin al aparato, y así corrió la perilla hasta apagarlo. Las patas de la cama relincharon dando señal que el hombre volvió a acostarse.
No podía dormir bien, estaba ahogado, apretado y molesto en su mismo lugar. Suspiraba insatisfecho y quejoso, relinchando como un caballo, por no conseguir aunque sea un MINUTO de sueño, y resalto minuto porque cabe destacar que también las agujas del reloj se complotaron con hacer un recorrido abruptamente retumbando sobre el oído del mal dormido. Ni que hablar de los grillos con sus cánticos intolerables produciendo eco sobre las cuatro paredes.
Y así fue, por tanta desesperación, por no pegar ni un ojo, Altamirano se pegó un tiro.

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jueves, 25 de marzo de 2010

UN HOMBRE DESESPERADO por Carla Kowalski.

Marcos vivía en Montecarlo, tenía un mono-ambiente donde habitaba solo. A sus 52 años no tenía hijos ni novia, ya que era homosexual. Pero como era celoso de su vida privada, nunca se lo había confesado a nadie, y tampoco había logrado tener una relación con un hombre.
Su único entretenimiento era el casino, a veces ganaba y otras perdía, pero eran sumas insignificantes.

La noche del viernes se dirigió al casino. Como estaba fastidiado de su trabajo, decidió jugárselo todo, y apostar el sueldo del mes.
Jugó la suma al 32. La ruleta giró, los segundos se hicieron horas. Comenzó a sentir el repiqueteo de la bolilla en su vuelta final. 30, 31, 32, 33… 32.
Marcos no lo podía creer, por primera vez en su existencia, la vida lo había premiado. Un millón de euros, todo para él.
Lo que siguió a esa noche fue inesperado: botellas de champagne, vodka, whisky, gente desconocida a su alrededor, gente felicitándolo, el casino dándole vueltas en su cabeza.
Parecía ser otro hombre, totalmente borracho no se daba cuenta de nada. El problema, fue al día siguiente, se despertó en la cama de un hotel junto a un hombre.
¡Que espanto! ¡Que desesperación! – Sentía Marcos. ¿Cómo pudo llegar a hacer lo que nunca había logrado en su vida, lo que siempre había tratado de evitar?.
Se cambió rápidamente y salió de la habitación todo asustado. Católico devoto fue a la primera Iglesia que encontró, se confesó… pero el párroco no consideró su situación, su tristeza, su ofuscación y prácticamente lo condenó al infierno.
Marcos salió desolado, su millón de euros habían sido una maldición. ¿De que le habían servido, si todo en lo que se había esforzado en su vida para reprimir su homosexualidad se había perdido en una noche?
¿De que le servirían, si Dios, el único ser en el que creía, no lo iba a perdonar, según el párroco de la Iglesia?
Su vida no tenía sentido, todo su esfuerzo se había esfumado en esa noche…
Según sus pensamientos, lo único que le quedaba era suicidarse.
Llegó a su casa, y lo hizo.

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lunes, 22 de marzo de 2010

OTOÑO por Susana

Me duele en otoño que caigan las hojas,
que expiren las rosas,
que acorten los días.

Que la arena suave que cubre la orilla
se vuelva tan fría.
Me duele en otoño tu risa marchita,
el eco lejano de ardientes caricias,
de manos sin vida.
Me duele en otoño que siga el invierno,
pesado,
tan lento,
con manto de hielo.
No tengo en las tardes de brisas heladas
más que mi tristeza de que estás con ella,
cuando cae el sol,
cuando te despiertas.
Hoy tengo en otoño toda la certeza
que el invierno acecha.

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jueves, 18 de marzo de 2010

NO VA A LLOVER HASTA OCTUBRE (parte1) por Iván

Ante todo aclaro que este cuento sera publicado en dos partes, esta es la primera, la segunda vendrá en quince o veinte días. Si les interesa la nefasta historia de este cuento de humor negro, les puedo enviar un mail cuando salga la segunda parte.
Les aclaro que me hubiese gustado ser mas expresivo y descriptivo pero se estiraba en demasía. Y como se dice: Espero les haya gustado y vuelvan por mas.

El último disparo (1era parte)
Yo sostuve siempre que en una batalla nadie recuerda quien disparó la última bala.
El olor a pólvora desaparece siempre antes de que aparezca el olor a carne podrida, el campo de batalla es duro hasta cuando se terminan los disparos. Ver amigos muertos o mutilados no es fácil, desparramados por todos lados, se escuchan siempre de fondo los gritos y lamentos de los malheridos pidiendo ayuda.

La tensión de la batalla hace que uno transpire demasiado, uno se puede deshidratar en verano. Mi reservorio de agua había sido perforado por un plomo sin fortuna que nunca tocó mi piel. Caminé unos metros hacia un bañado próximo para juntar algo de agua para beber, mientras bajaba por un barranco, se me agregó corriendo Felipe, Él era un soldado con una inteligencia subnormal, algo tonto e ingenuo en algunos aspectos, pero con un terrible pulso y gran destreza como tirador.
-Sargento, sargento yo tiré la última bala.-Contó con alegría
Lo mire, sonreí (no le creí) y le asentí con un gesto afirmativo.
-Vio que usted siempre dice que nadie recuerda quien dispara por ultimo y culmina la batalla.-
Lo volví a mirar.
-Fui yo.- Lucía orgulloso
Seguimos caminado. Llegamos al bañado, el agua estaba roja de sangre, intomable. Varios cuerpos flotaban, llenándose sus heridas de hambrientas mojarras que hacían burbujear el agua ensangrentada.
-El General está por llegar, mejor escóndete, que no te vea.-

En las tolderías donde se practicaban precarias curaciones, el nerviosismo reinaba, ahí se escondía Felipe del General.
-Quédate aquí y si viene con la hija: no la mires y que no te vea.-
-Será muy General, pero no aguanta ver unas tripas colgando.- dijo Felipe. Todos los que escucharon, rieron, incluyendo los convalecientes.
-La risa es el remedio del alma.- dijo el médico, mientras preparaba un serrucho.
-Doctor Ordoñez, ¿qué dirá el General si en la enfermería se ríen como en el teatro?-

Me retiré callado a dar una recorrida a caballo por el campo. A mi lado estaba José, uno de los pocos soldados que había ido a la escuela, se encargaba de contabilizar en un libro de actas, las bajas y los heridos de ambos lados.
-Se retiraron para el este y se reagruparon para marcharse a toda prisa sin cuidar la retaguardia.-
-Ellos huyeron, pero no se puede decir que hayamos ganado, quedaron pocos en pie.- Comenté
-Falta gente. Los hombres de Lynch los siguieron unas cuantas leguas.-
-Me cago en ese tipo, en lugar de quedarse a ayudar a los heridos, se florea de guapo para notarse con el General.
Me mordí los labios de bronca, nunca me gustó la gente rastrera, y Lynch lo era con alevosía.
Seguimos al trote mirando todo, llegamos a unos cajones de madera, no los había notado anteriormente. Median un metro por dos y uno, uno y medio de alto, tenían dos ranuras de dos o tres pulgadas a lo largo y en el interior había una luz.
Al acercársenos le dije a José.
-Luna dígame que es esto. ¿Qué es este cajón?- Y le pegué una patada. Luego otra.
-Acá están los pintores Sargento. Bah… un pintor, hay uno en cada cajón-
-¿Los pintores?- Pregunte extrañado.
Hubo un silencio, yo estaba muy sorprendido.-
-¿Cuántos cajones hay?- volví a interrogar
-Por lo que vi, hay tres.- Me respondió.
Levante la tapa y vi a un cristiano dibujando con carbonilla sobre un lienzo grande, una decena de velas clavadas en las tablas iluminaban el interior.

El General (2da parte)
Este personaje hablaba raro, algo gangoso, no entendí lo que decía. Al parecer se había enfadado con mi persona. Me gritó como si fuera un niño. No dude en sacarlo de ahí y agarrarlo por el cuello; No podía permitir que uno de mis subordinados vieran afectada mi imagen como autoridad, tal es así que le dije: -Usted me habla con respecto.- A lo que siguió vociferándome.
Ya iracundo le arrojé al suelo y comencé a golpearlo. Luna trató de sostenerme, de evitar la paliza. –Sargento, Sargento… Él habla en francés, no le está faltando el respeto. Simplemente no lo entiende.-
El francés tampoco entendía lo que hablábamos, tal vez pensó que lo querría ejecutar.
Vaya uno a saber porque, lo cierto es que el pintor, ante mi descuido salió corriendo como liebre, huyó hacia el campo de batalla, bordeando un monte de espinillos. No dude en perseguirlo, de seguro lo contrato el ego del Generalísimo; Si se perdía seria tanto o más catastrófico que perder la batalla.
El francés no era tan rápido, pero yo estaba exhausto y no le pude dar alcance. Desde unos ochenta metros mis hombres comenzaron a disparar, se oían los típicos gritos de final de batalla: -Queda uno.-,-Vamos a darle.-, -Tírale, tírale. Que no se escape.-Luna se detuvo a gritar: - No le disparen, no le disparen.- Hacía gestos saltando y agitando sus brazos.
Al oír disparos el francés busco huir a través del monte, muchos de mis hombres se fueron uniendo a la persecución.-Lo queremos vivo, no lo maten.- gritábamos al unísono con Luna.
-Volvamos.-Le dije.-Que los busquen los otros, para que soy Sargento.-

Nos volvimos hacia lo que en la mañana fueron nuestras posiciones, los soldados estaban desarmando todo, preparando las tumbas. Todo era barullo; Risas, gritos, felicidad salvo los llantos en la enfermería. Toda esa mezcla auditiva que tenía todas las frecuencias sonoras se cortó en unos pocos segundos: Había llegado el contingente del General. Grandes y cómodos carruajes, limpios y modernos habitáculos. Caballos impecables.
El General se bajo cuidando de no pisar barro o bosta, hicimos el saludo correspondiente, no se molestó en mirarnos, miro el lugar detenidamente, sonrió, me miró.
-¿Ganamos?- Preguntó
-A cualquier precio había que ganar… y así se ganó mi General.-
-¿Lynch?- Preguntó preocupado y necesitado de un lamebotas.
-Se arriesgó en una persecución innecesaria, mi general.- Respondí
-No pido una opinión, pido una respuesta.- Hubo una pausa incomoda, siguió interrogando:-¿Los pintores?-
-No lo sé- Respondí.
-No lo sabe, muy bien… no lo sabe… ¿sabe cuánta gente murió?-
-En este momento mi hombre de confianza y estadista José Luna está procesan…-
-¡No importa el número exacto!-Interrumpió furioso.-Esa gente murió y… ¿quién va a retratar la batalla por la que dieron su vida?-
-General, no se me informó en ningún momento que habría pintores en el campo de batalla.-
-¿Me dice que Lynch no informó?- preguntó extrañado. Asentí con la cabeza.
-Se le habrá olvidado… es extraño porque idea de Él.-
-Vamos a ver entonces que ha pasado con los artistas.-Dijo buscando a alguien que le indicara el camino. El siempre confiable Luna se ofreció a guiar a la troupe que incluía aparte de su “Excelencia” y su hija y los típicos cinco o seis “cortesanos” rastreros, al alcahuete de Lynch que tomaba nota de todo y yo por ultimo.

Mientras caminábamos miraba al Cabo Cardozo, (que solo le faltaba limpiarle el culo a Lynch) y me indignaba sobre cómo era la escala rastrera. Cardozo lamia las botas de Lynch, este las del General, este las del Caudillo, este las de los terratenientes.
Una vergüenza, cero dignidad tenia esta gente de ciudad.
Íbamos todos en fila india, yo de ultimo, delante mío el más bajo de la escala; Creo que mi indignación se retroalimentaba cada segundo que veía a estas inmundicias humanas, solo pude descargarme con un puntapié en la “retaguardia” de Cardozo.
Asustado y desparramado en el piso, me miró sorprendido, seguí en la fila observándolo fijo a los ojos, con bronca y desprecio. No le saqué los ojos de encima. Nadie vio nada.
Se levantó y tomó nota de lo ocurrido.

La segunda parte se encontrará detrás de éste Link:
http://literariokapasulino.blogspot.com/2010/04/no-va-llover-hasta-octubre-parte2-por.html
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lunes, 15 de marzo de 2010

TALLER ABIERTO MARZO 2010

Como ya todos saben una vez por mes publicamos el trabajo de nuestras visitas.
En este caso nos visitan Silvina y Florencia Estigarribia
A continuación encontrarán una pequeña reseña de cada uno, luego, para leer sus textos, cliqueen "leer mas".

SIL tiene 38 años y vive en un remoto y pequeño paraje perdido en medio de la República Argentina.
Según sus propias declaraciones, escribe (o al menos trata) de escribir poesía desde los 10 años de edad, y tiene en la actualidad un blog llamado : ¨LAS ÚLTIMAS PALABRAS¨
Nos ha contado, entre mates y masas de crema pastelera, que envió su texto porque se considera con honor y alegría, una gran amiga de los integrantes de este grupo.
Para éso, nos acerca un texto llamado: ¨ LA LIRA QUE DELIRA¨

Florencia Estigarribia, tiene 15 años, es de Quilmes (zona sur) y ha vivido allí desde que nacio. . Nos cuenta que es muy lectora; sus autores preferidos son Jorge Luis Borges, Stephen King, Richard Bach(por Juan Salvador Gaviota que es un libro que la marco para toda la vida), Jane Austen, Sidney Sheldon, Paulo Coelho (por El Alquimista), entre muchos otros. Escribe desde los 8 años. Sueña con ser una reconocida escritora y pretende ser licenciada en Letras. Pueden visitar su blog: http://impertinenciaas.blogspot.com


LA LIRA QUE DELIRA por Sil

I
En liras que deliran
mis versos se han reunido e insolentes
se rozan y se miran,
se ríen de las máculas silentes
que trágicas mis yemas les inspiran.


II
En liras que deliran
mi pluma va dejando descarada
palabras que respiran,
caderas como péndulo y espada,
quimeras libertinas que se embriagan.

III
En liras profanadas
poesía sin su cuerpo se vacía,
al alba entre las gradas
se eleva y con sufriente alferecía
asperja con la lluvia su alcancía.


IV
En liras que bostezan
la noche no perdona su lejía,
las bocas ya no rezan,
las rimas se desnudan sin bujía
en un voraz incendio de herejía.


V
En liras delirantes
yo trato de quedarme con tus brazos
de fuego y de diamantes,
cortantes que abran vallas con sablazos
y rompan mis murallas con sus trazos.

VI
En liras rebeladas
me arrastro con cadenas de arrebato.
Mis venas incendiadas
entregan mi condena a tu mandato
y aceptan que te adoro sin recato.


CIERTO DIA… por Florencia Estigarribia
"Cierto dìa senti ganas de llevarme por delante cada objeto mortal que se posaba frente a mi, atravezar paredes, muebles y utilerìas para ser yo por una vez al menos. De aquel día solo puedo recordar atrofias cerebrales y pensamientos ilogicos, perseverancia en el arte de adoptar estigmas y volver a plantear locuras e incoherencias. De acuerdo con el archivo de mi vida solo aquel dia pude centrar mi mente en lo que verdaderamente me preocupa, pensar quizas en el por què de la vida y de las ocurrencias de los mortales aqui presentes. ¿Que ganan con ser pesimistas? ¿que ganan con alejarme de la sola felicidad que anhelo? ¿por que?. Simplemente una locuaz impertinencia hace la diferencia. Aquella que me hace parecer una desquiciada anormal que solo piensa en si misma y no en los demàs, una de las tantas que centra su placer personal en su egocentrica filosofia. La monotonia del paisaje se hace cada vez màs ensordecerdora para mis ansias de volar. Ellos solo piensan en guiarme hacia la falda de la conveniencia y alejarme por completo de las alas de la felicidad... de MI felicidad, no admito variantes. Una mera impertinencia, una grieta para el mal en este mundo, un eco de deformidad, una sensacion de omnipotencia permanente, un ataud que solo enciera fiasgo. ¿alguien puede definirme de una mejor manera?, no lo creo. Aunque muchos cercanos y quizas queridos digan que las atrocidades que yo llamo definiciones propias, son eso mismo: atrocidades, la verdad es que en eso concluyo. Sin embargo, ¿que verdad es posible sin la realidad que persevera en mi y me hace sentir que a cada segundo nace una nueva dosis de locura inmediata?. Al fin y al cabo, ellos lograron definirme perfectamente y de eso, al menos, debo estar agradecida. A eso llamo yo ironìa. ¿que PRECISAS facultades debo tener para agradar a esas personas a las que todo el mundo considera sabias solo porque atraviezan por el paso del tiempo? ¿a caso la sociedad me impone un resplandor de seriedad con el solo fin de llegar a ser ESO que TANTO anhelan? ¿por que deberia yo responder a ese llamado? ¿que me ata a ser seria con la sociedad si no consigo ser seria conmigo misma?. ¡que ironia!. Pensar en la sola insolencia de obedecer, me causa un estupor extraño y definitivo. No creo ver en mi la necesidad de responder a determinadas actitudes altamente explosivas que me llevarìan al borde del abismo. Quizas, algunos me digan que no tengo futuro, que la vida no elabora recompensas para aquellos egoistas impertinentes, que solo conseguire darles la razon y como cierre del telon se rian en mi cara y me demuestren su concepto de egocentrismo e impertinencia. A pesar de todos ellos, seguirè el camino que, solo yo se, me he asignado y algun dia, yo debere reirme de ellos. ¡A ese dia llamaran ellos IRONIA!"


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jueves, 11 de marzo de 2010

Un amor para mi. Noelia.

Este cuento, fue a partir de una consigna de la última reunión del taller. Espero que les guste, ya que no suelo escribir cuentos, me resulta un poco difícil, y no se cuando me voy a volver a animar...
La idea era... "Un hombre, en Monte Carlo, va al casino, gana un millón, vuleve a su casa. Se suicida."

La vida entera en un segundo, un sueño en blanco, los ojos mirando al cielo.
Rubén se levantó, se dio una ducha y se dispuso a sacarse de la cabeza la noche anterior.
Salió de su casa con doscientos pesos en la billetera y el alma vacía. Soñó con un cambio de suerte, con perderlo todo, con la familia inexistente, con el juego desmedido, con lecciones que sorprenden cuando tenés gente que te rodea. Caminaba solo.
Veinte cuadras y llegaba. Quince pesos de remis y las luces lo esperaban. Un atado de cigarrillos largos que durarían lo que durasen.
“Maquinitas pagadoras”, “Esta nunca da plata”. Se sentó y como rutina comenzó a perder una a una cada ficha.
Como si a sus deseos alguien hubiese atendido, con ruidos y con luces, y frente a una multitud se encontraba. Frente a él, el premio mayor y la suerte golpeándolo por la espalda hasta dejarlo sin aire.
Se cruzó con muchas miradas, de desprecio y de envidia, de sorpresa y de desilusión, y ante todas, sin pensarlo si quiera, respondía con una sonrisa que no demostraba nada. Ni grandezas. Ni pobrezas.
Se llevó el efectivo que marcaría su destino. Decidió no volver a jugar, no apostar a nada, no medir los actos, volver a su casa y llamar a María.
Ella lo había dejado. Después de unas horas apasionadas con el corazón en la mano y un futuro en los ojos, lo había dejado.
La llamó para decirle que había conseguido dos pasajes hacia una nueva vida para ellos, una vida juntos sin preocupaciones ni problemas, para decirle que compraría una casa para poder, por fin, terminar con los miserables días pasados. La llamó para decirle que la amaba, que iban a poder ser felices…
La llamó una vez.
La llamó dos veces hasta que atendía el contestador. Nunca dejaba mensajes. Le resultaban fríos, le parecía que nadie les daba importancia.
La tercera es la vencida.
María contestó. Rubén solo atinó a decirle ¿Porqué me dejaste?, la misma pregunta que tantas veces se había repetido la noche anterior, la misma pregunta de la que no obtenía respuesta alguna, una pregunta que al menos pudiera aceptar.
María no lo amaba, no lo iba a amar.
- María, gané! Podemos ser felices! Ahora si!
María cortó.
Con la fuerza que rompen las olas a la orilla del mar y con la fuerza de los vientos que azota a los árboles, María terminó de quebrar a Rubén en último silencio que no llegó a escuchar.



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domingo, 7 de marzo de 2010

Llueve por Lisandro


Llueve en este atardecer, es la muerte menos triste del Sol, porque no se hace ver detrás de esta ventana, son esas nubes grises que no reflejan ni un destello dorado, entonces sigue lloviendo, y le doy nacimiento a mi lapicera en este escrito.

Llueve, y me mojan los sentimientos lejanos de un recuerdo. Llueve y nada puedo hacer para cubrirme de la tinta que derramo en mis sentidos, es como que se coagula mi sangre y la tinta cubre su espacio, ni que hablar del corazón que cumple el rol de dicho papel.
Esas gotas de lluvia que rozan mi ventana y el suave zumbido del viento que da placer a mis oídos y el impulso que trae el sonido de estas gotas… me hacen cerrar los ojos, concentrándome en mi mismo.
Amo la lluvia en cualquier estación, amo la voz del viento que entra minucioso por las rendijas de mi puerta, amo el gris y la tormenta porque no me permiten ver la muerte del Sol, amo el aroma de la tierra mojada porque me limpia la conciencia.
Creo que la lluvia es la mejor limpieza para toda frustración, es la salvación a la sofocación de ideas y de miedos, es el placer más grande sentirla en mi mismo, me da paz… me tranquiliza los nervios, me hace creer en mi mismo, y me hace soñar en toda ilusión.
Amo la lluvia porque escucha mis credos… Amo su perdón.

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miércoles, 3 de marzo de 2010

PARA IVÁN por Carla Kowalski


Al final del camino te voy a encontrar
buscando en cada mirada la luz de la paz
sintiendo con fuerza el amor que está en mi
porque se que existe alguien perfecto para mi


Y con sorpresa descubrí...
que el final del camino llego sin pensar
y encontré en unos ojos la alegría que busque,
en una sonrisa el beso del amor,
en un abrazo la familia que soñé
Y en tu nombre, Iván, el hombre para mí

Y se que el camino será uno para los dos,
y se que esta vida es nuestra mi amor.
Porque siempre y para siempre estarás en mi corazón
Por siempre y para siempre serás mi gran amor.
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viernes, 26 de febrero de 2010

EL GRITO por Maria Susana


Quiero ser “EL GRITO”
y que no haya nadie en el mundo
capaz de sofocarme.


Ser “EL GRITO”
de horror a la tormenta.
Ser “EL GRITO”
de amor o de vergüenza.
Ser “EL GRITO”aún
en medio de la nada.
Ese mismo
que sale de tu alma.

Ser “EL GRITO”que abra tus heridas
y en la garganta desgarrada
maldiga la nostalgia
que brota en carne viva.

No ser mas …que un grito
eterno, inmortal,
fugitivo… incontrolable.
Luz y oscuridad,
vida y muerte,
principio y fin místico.
Delirante…agonizante…
Que se anide en el silencio de tu pena,

asechador, cobarde,


refugiado en tu dolor…



para vengarme.


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domingo, 21 de febrero de 2010

Opel

En una noche donde solo se oía el ruido de los grillos, un rugido marca Opel sacudió la tranquilidad. La saeta verde preparada para competiciones pasó por el frente del pueblerino hospital. Las intensas ondas sonoras se metieron en cada rincón de la zona, incluso a través de los gruesos muros del viejo hospital, uno de esos lugares fue en la sala 207.
Esa noche una cama estaba vacía y en la otra cama una mujer mayor; despegó sus arrugados parpados, el estruendoso motor cortó su sueño. No volvió a dormir, pasó quince minutos mirando el techo, ida en la banalidad, su concentración se esfumó cuando la central del aire acondicionado se apagó. Miró el reloj despertador (que era de ella) y vio las agujas posicionadas en las tres y cuarto, volvió a mirar el techo durante otros diez minutos, después de esa meditación se levantó.
El pie izquierdo fue el primero en contactar el frio suelo de mosaicos. La cama era alta y el descenso evito ser brusco. Con pocos pasos la anciana alcanzó la puerta, la abrió con suavidad sin hacer ningún ruido. No había un alma en el pasillo, ni las lámparas fluorescente hacían ruido; La anciana miró a ambos lados como niño que cruza la avenida y abrió con suavidad la puerta de la habitación opuesta.
Había dos camas ocupadas, reconoció que en una a un joven, en la otra no distinguió nada. La claridad entrante del pasillo llamó la atención de un tercero que sentado en una silla velaba por el internado. Quien le miró con asombro.
-Disculpé, me equivoqué.-susurró a quien le empezó a mirar con un gesto que denotaba molestia.
Se volvió sobre sus pasos y miró el otro extremo del pasillo, miraba la sala de enfermería. Se volvió hacia la habitación contigua a la suya (la 208) avanzó nuevamente como una gacela que desconfía de algo, con sigilo fiel.
Había una sola persona, estaba conectada por tubos y cables a unos cuantos aparatos eléctricos y tenia dos sueros distintos. La anciana se le acercó en silencio, estiró su brazo y movió levemente las chapitas de los sueros, se agachó y tiró del enchufe, dio media vuelta y se retiró sin mirar atrás.
Llegó a la puerta y siguió por el pasillo, unas voces salían del interior de la 206, pegó su oreja a la puerta y lo confirmó.
Siguió hasta la 205, la puerta estaba abierta, había un octogenario muy delgado en la cama. Su cuerpo lucia famélico.
Ella entró, Él estaba despierto por el calor; La anciana diez años menor que Él, se le acercó lentamente, mostrando una sonrisa compareciente. El moribundo anciano la miraba mientras ella le rodeaba la cabeza con sus manos, esas mismas manos tomaron la almohada y la apoyaron sobre su rostro. Un par de débiles manotazos fue el pobre intento de ese hombre por sobrevivir.
La sirena de la ambulancia se oyó desde la esquina, en puntas de pie la señora se acercó a la ventana a curiosear. Bajaban a un joven de la camilla, era de un accidente automovilístico.
Volvió para confirmar que el anciano no respirase mas, dejó todo como estaba. Se acercó a la puerta a espiar, la gente de la guardia médica había dejado la habitación vacía. De la habitación frente a la suya salió la persona que cuidaba al internado, bajó las escaleras. La anciana se dirigió a la guardia, entró y revisó un par de cajones, tomó un guante y una cuchilla y se volvió a la primera sala adonde entró, fue directo y con lentitud al más joven, con una mano atrás, ocultando su arma. El muchacho estaba despierto, pues necesitaba mas calmantes para su pierna
-¿Doña… se perdió nuevamente?.-Dijo sin importar que el otro durmiera.
-No soy Doña, soy la Tía.- Respondió la mujer.
-No señora, usted se perdió, vuelva a su habitación.-
-Dale un beso a la tía que hace mucho no te ve.-
El joven no queriendo dejar de ser educado y con total confianza le siguió como quien dice: la corriente. Se acerco y la abrazó, la anciana atinó con brusquedad una puntada sobre el cuello de la victima, desangrando al joven, que no tardó en tomarse el cuello con una mano y con la otra sujetaba su arrugado brazo. La mujer intentaba zafarse clavando el acero en el ya sangrado pecho. La cortada garganta del muchacho no pudo denunciar por ayuda, se quedo mudo, por mas que soplaran sus pulmones, ningún ruido volvió a escuchársele.
La bata de la homicida apenas se ensució. Tiró el cuchillo bajo la otra cama y salió directo a su cuarto, nadie la vio.
En el pasillo se escuchaban dos personas susurrando en tono agresivo, se paró detrás de la puerta para oír.
-No puedo darles mas calmantes sin la autorización del medico.-
-Trae al medico entonces.-
-Esta con el tipo del Opel.-
-¿Podría por lo menos mirarle la sutura?-
El enfermero asintió y entraron a la habitación, un grito que evidenció el descubrimiento del crimen despertó a cada persona en el piso. La vieja tiró su guante por el inodoro y después lavó su bata, la que luego escondió en una bolsa que colocó en la mochila del inodoro. Se vistió con una nueva y se acostó.
En el hospital se generó una conmoción. Todos los médicos fueron a la 215 en vano, los oficiales de la provincial no demoraron en llegar. Detrás de la puerta de opuesta la anciana dormía plácidamente.
A las pocas horas, ya el día amanecido, se despertó con el ingreso de dos enfermeras, que en una camilla traían a un hombre joven accidentado.
La vieja los miraba de reojo, las mujeres eran simpáticas con él. El joven estaba algo inquieto, tal vez por su accidente.
-Tuviste suerte, tu auto quedó muy mal según contaron los bomberos.- Dijo una de ellas
-Mi pobre Opel, me acompaño en tantas.-Respondió como quien pierde a un amigo.
-No te va a acompañar más. Je.-
-¿Qué pasó que hubo tanto alboroto?- Preguntó el joven paciente.
-Un caso policial, cada tanto pasa esas cosas.-Respondió la misma enfermera,
-si,.. Cada cuatro o cinco años. Nunca resuelven nada. -Acotó la otra.
-Cuando se te desinflame la pierna volvemos.- Agregó mientras le colocaba el suero en su lugar. Sonrieron y se fueron dejando al joven con la anciana. Un precario biombo separaba las camas, la vieja esperó unos diez minutos y se levantó, movió el biombo y miró al joven.
-¿Y mamá?¿Como me salió?-
-Vos bien hijo.-
-¿Y vos?-Volvió a preguntar
-Poco pude hacer.Casi me agarran.-

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jueves, 18 de febrero de 2010

CADÁVER EXQUISITO 7 CON SILVINA

El domingo 30 de Enero,recibimos la grata visita de Sil de "Las últimas palabras", en nuestro querido Taller Kapasulino y junto con ella realizamos un cadáver exquisito.

Cadáver exquisito es un ejercicio literario que se realiza en grupo. Un integrante escribe tres oraciones, tapa las dos primeras y pasa la hoja al siguiente compañero. Este solo ve el final y a partir de eso escribe tres oraciones. Como el compañero anterior pasa la hoja tapando sus dos primeras oraciones, y así sucesivamente hasta llegar al ultimo compañero.

Para leer el cadáver exquisito realizado por: Susana, Carla, Iván, Sil,y Lichi, Cliquea en Leer más....

Tengo el cuerpo cubierto de espinas y el alma que llora en silencio por tu amor que se va con el viento.
y yo me quedo sola, mirándote ir, la tristeza de tu ida me lastima el alma.
No miraste para atrás. No viste mi llanto. Un alma rota es difícil de curar.
Porque un espíritu herido sangra y no logra morir. Porque la sangre emanada no se ve ni coagula. Porque cuando un cristal se quiebra no hay retorno.
Y es cuando no hay pegamento para unirlo, porque por mas que se intente, queda cicatrizado como el corazón, y comienza el ardor, y sangra hasta manchar la conciencia.
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sábado, 13 de febrero de 2010

TALLER ABIERTO FEBRERO '10

Como ya todos saben una vez por mes publicamos el trabajo de nuestras visitas.
En este caso nos visitan Luis Serrano Pozuelo y Miguel Aguilera .
A continuación encontrarán una pequeña reseña de cada uno, luego, para leer sus textos, cliqueen "leer mas".

Luis Serrano Pozuelo nació en Madrid, y allí ha vivido a lo largo de sus sesenta y dos años.
Es un lector compulsivo de novela con una larguísima lista de autores preferidos entre los que cabría destacar a Irene Némerovsky, Paul Auster, John Irving, Sándor Marai, Hanuki Murakami y un extenso etc.
Pueden visitar su blog: Suma de Letras
Hoy nos regala "Andando"

Miguel Aguilera tiene 37 años y es de Río Cuarto, Córdoba, Argentina
Tiene dos blogs "El Errante" y "Literato"
Nos cuenta que envió su texto porque personas que visitan su blog, visitan el nuestro y le pareció interesante participar en nuestro blog.
Escribe narrativa en prosa y nos dice que lo hace sin esfuerzo y con sumo placer.
Hoy nos regala: La noche siempre es menos cruel que el día.



ANDANDO por Luis Serrano Pozuelo
Si andando una mañana por la vereda que conduce al ir y venir de la memoria, del recuerdo, encuentras una sombra con dedos y labios, no le digas de mis letras, no le hables de mis silencios

Si mientras retuerces el pasado arisco de un ayer que cayó en desgracia, encuentras una horquilla de alma dislocada, de almanaque de pozo y negrura, no mires a los ojos de quien te pregunte y continua el camino que se desliza entre castaños y abedules.

No preguntes, no te detengas, no mires atrás, allí de dónde vienes viviendo sin humo y sin pincel y abraza la tersura del viento que, va y viene, buscando un lugar en donde implantar su vecindad amortiguada.

Quédate parado en el filo de ese tiempo, que solo los que ya bebieron del barranco desolador de la victoria, conocen como suyo, y del que, solo el sonido de sus timbales inmunes a la luz y al soplo, ponen abundancia de deseo y mechero, lumbre y asilo.

Si andando una mañana, retuerces el pasado arisco, no preguntes, no mires a los ojos, quédate parado y escucha lo que tendrán que decirte tus entrañas sierpes.


La noche siempre es menos cruel que el día por Miguel Aguilera

El día que George Harrison escribía la canción “Someplace Else” ella y yo hacíamos el amor. No sé bien en qué etapa de nuestra relación estábamos, tampoco sé si coincidía con la primera estrofa o las que continúan, pero sí sé que la tarareábamos en la oscuridad recorriéndonos los cuerpos con las manos, y besando toda aquella extensión de piel que deseásemos. Pequeños e insignificantes, así éramos en esos días, pero aunque fuésemos un punto perdido en el universo todo lo que se hallaba en él mismo convergía completamente dentro de nosotros dos.
Por las noches, en medio de la oscuridad, esa misma canción sonaba una y otra vez mientras el vinilo giraba sin agitarse en el viejo tocadiscos. Qué bonitos tiempos. Los tiempos bonitos deben atesorarse, siempre he pensado eso. Envueltos en sábanas o aún con nuestros cuerpos desnudos y empapados en sudor esa chica y yo nos atrevíamos a cantar aquella canción sin siquiera pensar si era el principio o el fin, si íbamos o veníamos, si era enamoramiento o verdadero amor. Y el miedo se hincaba en medio de la oscuridad como un alfiler profundo que se clava dentro de la carne hasta llegar a tocar el espíritu. Ese dolor fino y punzante nos daba un soplido de realidad, nos intentaba asustar y sucumbir a la idea del “dos son uno”, y aún así ninguno de los dos dejaba de cantar y abrazar y acariciar al otro.
He estado con muchas mujeres en una cama pero ninguna era igual a la anterior, ni tampoco mejor, ni mucho menos peor. En ese ring cuadrado mi cuerpo con el de ellas jugaba un frenesí único y libre. Pero todo fue hasta que George Harrison escribió aquella canción. Ese día lo cambió todo para mí y esa chica estaba junto a mí el día del cambio. Los grandes cambios se producen así, en una milésima de segundo, y por eso son grandes cambios. Pues aquel fue un gran cambio en mi vida. Dentro de aquel ring en que me sumergía por las noches con ella todo era más que armónico; y aunque ambos sin decirnos palabra alguna nos mirásemos como parados al borde de un abismo lográbamos entender e interpretar que aquel momento que vivíamos era único e irrepetible. ¿Tan difícil es entender eso?, me he preguntado muchas veces. Antes sí, me respondí, pero desde aquel día vivir el momento pasó a formar parte de los principios de mi propia vida.
No importaba si afuera había nieve, vientos huracanados o lluvia, dentro había paz. Un microclima se autogeneraba en el momento que el primer acorde de la guitarra de George Harrison sonaba en el aire transportándonos así a esa famosa nube número nueve. Y allí en la nube, la noche era menos cruel que el día y ambos podíamos amarnos, reconocernos y pensar que aunque el tiempo siguiese pasando y la nube desapareciese cada vez que escucháramos aquella hermosa canción los dos sabríamos que hay un único punto en el universo en donde el tiempo nos eligió a nosotros para formarlo.


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lunes, 8 de febrero de 2010

Desvelo. Por Noelia.

Acá les dejo a todos aquellos que quieran leer, algunos de los escritos que salen de madrugada, producto de estar con amigas, después de unos mates, con los ojos cansados y lapiceras en las manos... Gracias a Anto y a Vir por esos momentos...

Una inquietud descontrolada,
un sueño apaciguado por recuerdos
soledad descubierta a medianoche,
con destellos de una amargura buscada.

Descuidos de una soñadora mente
que no descansa cuando oscurece,
y un cigarrillo no calma las llamas
aquellas que se encienden y luego…
¿Quién las apaga?

Comenzó el descuido inapropiado de palabras diversas que todo el mundo imagina, pocos dicen… ¡Y lo bien que hacen!
Con la fuerza del mundo entero contestó y argumentó mentiras, con dos puñales clavados en el alma, intentando así quizás, calmar el dolor.
Boca deliciosa, delicadamente dibujada, creadora de mágicos momentos, proyectora de recuerdos, futura imperdonable de dichos…
¿Dónde comienza la boca? En el insulto.


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miércoles, 3 de febrero de 2010

Yo no quiero a mi Argentina por Lisandro



Yo no quiero a mi argentina
con supremos que lloran el pasado
para despistar el presente olvidado
y descuidar un futuro incierto
cortando las manos al buen intento.


Yo no quiero a mi argentina
Con los pies de la justicia sobre el escritorio
compitiendo por el poder sobre el digitorio
con la mano zurda vestida de militar
ni con los himnos preparados para burlar

Yo no quiero a mi Argentina
Soplándose las uñas por falta de trabajo
fingiendo estar arriba, mientras estamos abajo
ni ver los presumidos que se hacen lucir
con una sonrisa satisfactorias al reír

Yo no quiero a mi argentina
con papel picado de color rojo manchado
con el sol manchado, de lagrimas sangrado
con la blancura de las nubes en medio de la tormenta
y el celeste de mi cielo perdiendo apuestas.

Yo no quiero a mi Argentina
con el grito apagado de la gente
con victimas agregadas en la mente
con el corazón defraudado por las promesas
con los sonidos baratos de falsas orquestas.

Yo no quiero a mi argentina
Llena de mugre sobre el gobierno
sintiéndose en el cielo, habitando el averno
Quiero a mi Argentina con mas esperanzas
quiero decir Argentina con voz de confianza!

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jueves, 28 de enero de 2010

UNA MUJER SOLA por Carla Kowalski

Estaba sentada debajo de un árbol mirando una hoja indecisa, y apostaba en cuantos segundos iba a caer; pero perdía siempre, la hoja jugaba conmigo y no se dejaba caer.
Me aburrí. Me aburrí como siempre de mis juegos tontos de tardes de soledad, de ésta vida sin sentido.
Caminé por el valle, al borde del río, me pregunté si tendría el valor de tirarme de un salto y perderme entre las profundidades y por fin ver la luz, aquella que todos cuentan que ven cuando se van.


Cerré los parpados y tuve una aproximación a esa imagen tan deseada por mí…
Y vi el mueble de mis abuelos, la lana amarilla con la que tejía mi tía. Y sentí el gusto del estofado de mi madre. Pise el pie de mi padre para que me retara como cuando era una niña.
Te vi a vos también, vi las marcas de tu cuerpo avejentado y las miradas de desconfianza de mis tías solteras cuando fuiste por primera vez a casa.
Vi la nube donde descansas ahora, y estiré mi brazo para alcanzarte… pero me asusté con los aullidos de la loba que rondaba por la casa de mis primos aquella noche estrellada; entonces deje de tratar de alcanzar tu nube para tocar al misterioso animal, lo hice con el dedo, y ella lamió mi mano, y pensé que tontos éramos en ese tiempo, acurrucados debajo de las sábanas por el miedo.
Vi a mi hermano, trayendo la cal para hacer nuestra casa y gesticular con vos muecas graciosas… pero ni aún aquí entiendo lo que se decían.
Espié a nuestro hijo durmiendo en su cama, y lloré ante ese recuerdo, pero fue hermoso poder abrazarlo otra vez, poder sentir su aroma de niño pequeño. Siempre le sentí olor a menta, por más extraño que parezca…
Vi la sien de Claudia chocar contra las rocas, y me vi pidiendo al rey de los cielos que nos la devuelva, que ese no pudiera ser su fin. Y te vi llorando solo junto a la alberca, bajo el sol de aquel otoño tan triste, y a tu amigo yendo a consolarte. Lo peor fue ver la cruz de su tumba, como la de tantos otros que me toco ver.
Y volví a sentir esa tristeza que te araña el alma, y entonces regrese a mi niñez, y nade con mis hermanos entre las algas, me vi jugando y riendo, y luego tirando los dados en la casa de Alicia, me vi ganando y a todos enojados.
Vi el cielo que nos cubrió en nuestro primer beso, y yendo a tu casa, cuando ponías tu cara sobre el riel para decirme si venía el tren.
Vi las estalactitas de la cueva donde hicimos el amor, muertos de frio y luego muertos de calor. Nos descubrí en el mirador de Mar Chiquita, planeando nuestra vida. Y sentí nuevamente mi corazón latir de emoción como aquella vez.
Volví a ver al hombre que vivía en la esquina de mi casa, cuando lo alcanzó el rayo, aquel día de tormenta. Vi a su mujer corriendo hacia él y gritar, y me acorde de la sensación que se siente ver, por primera vez, a la muerte.
Sonreí con los muñecos de felpa que me daban en navidad, y ante la garganta seca por tantos recuerdos quise agua para saciar mi sed, y oí a nuestro niño diciendo “mami tengo sed” en aquella tarde espantosa con sus 40º de fiebre. Volví a experimentar como cada extremidad de mi cuerpo se rompía al morir en nuestros brazos, y sentí la insolación que tuvo en las vacaciones de verano, cuando aún corría por la arena, entrando y saliendo del mar, en la preciosa edad que confundía la palabra aparecer con parecer, y me contaba “mira mamita, el mago pareció un conejito”.
Volví a reencontrar a mi hermano diseñando nuestra casa, y tuve la misma impresión que me dio cuando piso el clavo y hubo que llevarlo al hospital.
Me encontré a mi misma en la edad de ocho años, saliendo despavorida cuando observé en penumbras a mis padres en un coito desenfrenado. Me oí rezándole a Dios por tremendo pecado.
Y sentí el temor que una y mil veces me dio, después de perderte y el de perderlos a todos.
Y al final de este trayecto, vi a una mujer que era yo, sentada debajo de un árbol, jugando con una hoja, calculando los segundos para que se cayese, y perdía el juego.
Y entonces ese remolino de recuerdos desapareció, y me quedé mirando el rio, con el corazón lleno de emociones.
Por un segundo los vi a todos, en un segundo vi mi vida… ahora solo veo mi soledad.
Y así fue que volví a ver la nube, y te vi a vos con nuestro hijo, con toda mi familia y la tuya, y me estiraste la mano, y ahora si puedo sonreír al decirte: -¿Por qué tardaste tanto amor?.

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domingo, 24 de enero de 2010

A VECES NO ENTIENDO… por Susana

Estamos conectados
yo se que te siento.
Una luz invisible que viaja en mi aliento
sale cada día a tu encuentro.
Tú sabes de mi por el viento,


sabes que te pienso
y envío mil besos desde mi silencio…a tu centro.
Estamos conectados,
no hay más que sentirlo,
en el aire brillan todos mis delirios.
Te busco,
te encuentro,
te pierdo...
te pienso.
A veces no entiendo…
dame una señal o córtame los lazos de nuevo,
por que solo me responde tu silencio,
porque solo yo siento…
y este delirio es mi tormento.
O un juego perverso…


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miércoles, 20 de enero de 2010

El verdadero origen de tres mitos antiguos por Iván

Quien sabe el origen de los mitos, y mas si son tan antiguos.
Algo de cierto tienen, algo de mentira también. Me da por creer que son casi pura mentira y la únicas palabras verdaderas son las menos importantes en la fabula.
Notese mi estimado lector que mi version historica delos hechos tiene errores históricos minimos, en comparacion de las fraudelantas versiones milenarias que todavía siguen dejando su marca opiacea en millones de almas.
No me hago responsable si alguna persona se ofende o se siente ofendida, hay muchos paginas literarios para dejar sus opiniones, trate de limitarse a expresar su disconformidad en su blog.
Espero que lo tomen con humor.

Primero
Sentados un padre y su hijo a la sombra de una estéril ladera despues de un intenso dia de caminata entre dunas deserticas.
-Padre tenemos que armar un corral.-
-¿con el fin de?.-
-Querer plantar tomates.-
-Ajá,...¿y eso que tiene que ver con mis corderos?.-
-Si no se los controla, se comerian las plantas.-
-Ignoras que ... no es buena la agricultura.-
-No entiendo por que, me quiero ir a vivir al norte, allá viven bién.-
-¿Sabes por que no es buena la agricultura?.-
-No.- Respondió el purrete sorprendido
-Adan e Hilda, ¿los recuerdas?.-
-Si, y a su hijo, al que le decian Abel.-
-Tenian un hermano.- Acotó el padre.
-¿Como se llamaba?.-
-No recuerdo.-
-¿Se puede llamar Cain?- Preguntó el niño.
-Si, por que no...-

Segundo
Sentados bajo la sombra de una palmera una mujer y su marido descansaban tranquilamente.
Su hijo interrumpé el descanso:
-¡Paaa!, ¡paaaa!, padre ven por favor!
-Que pasa hijo!?-
-Me pica.- Respondió el hermano del niño de la historia anterior.
-¿Que cosa-?
-No seas bruto, ya sabes adonde le pica, en cualquier momento tendre un nieto lanudo.- Interrumpió su mujer.
-O uno con joroba.O tal vez yo tendré un cordero bipedo y parlante.- Riendo.
El padre se va examina al joven púber y regresa:
-Tiene húmedo, como supurado.-
-Me pregunto donde habrá sacado esas mañas, las aprendio del padre.-Acusó la mujer.
-Es dura la soledad del desierto, no es facil.- Se defendió el marido
-Pero podrá ser, todos los hijos iguales, al ultimo no se le va a picar; Ve a buscar la cuchilla que cortamos por lo sano.- Ordenó ella.
Los hijos ven que el padre tomá una cuchilla y se lo siguen pensando que comeran cordero fresco. Al ver que el corte no fue en el cuello de la oveja y si algo del pellejo del atesorado Benjamín se pusieron palidos.
-No se asusten, que es el nuevo mandato de arriba.-
-¿Y tu como sabes?-Respondieron a coro
-Me lo dijo Abraham.-
-¿Y ese?- preguntó el menor de todos
-Es un amigo, hizo un pacto sagrado. Que nos incluye a todos.- Respondió rápidamente el padre con la idea de darle fin a los cuestionamientos.
-¿Y por que pacta nombre de otros?- Quejosos
-Dejen de preguntar tanto y no se hagan drama que no les dolerá.-

Tercero
-Si no podemos construir un cerco ¿podemos construir un mirador?.- Pregunta el niño a su padre
-Construyelo.- Indiferente respuesta
-No puedo, no se hacerlo.-
-Yo tampoco.-
A cada pregunta la indiferencia aumentaba.
-¿Pero el abuelo no te enseño?.-
-No.-
¿Y el padre del abuelo no le enseño?.-
-No.-
-Y a los del norte quien les enseño.-
-No se.-
Hubo una pausa de diez segundo mientras caminaban.
-¿Papa somos todos hermanos?.-
-Quienes son todos.-
-Todos.-Respondió el niño.-
-No, por ejemplo yo soy tu padre, y tu madre es tu madre. Ella no nacio del mismo vientre del que naciste.-
-¿No?.-
-No.- sorprendido por la idiotez del crio.
Pasados cinco segundos volvió el jovencito a responder
-Pero eso dijeron el otro dia.-
-Es una forma de decir, todos tenemos el mismo padre, el mismo creador.-
-Si cada persona habla la lengua de su padre, y todos tenemos el mismo creador. ¿Por que hay gente que habla distinto y sabe cosas distintas?.-
-Por que Dios se enojo y los reto.-
-¿Por que se enojo?.- Preguntó asustado
-Por que armaban un plan malo entre mucho, muchismos... y entonces los hizo hablar distinto para que no siguieran con ello.-
-¿Cual era el plan?.-
-No se sabe, nadie hablaba esa lengua.- Respondió el padre.
-Para mi que querian construir una torre.-
-¿Con que fin?.-
-Para llegar al cielo a preguntar cosas.-
-Puede ser, es una buena hipotesis.- Dijo el padre

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viernes, 15 de enero de 2010

Taller Abierto Enero 2010

Como ya todos saben una vez por mes publicamos el trabajo de nuestras visitas.
En este caso nos visitan Jesus David Valencia y Gustavo Quintana
A continuación encontrarán una pequeña reseña de cada uno, luego, para leer sus textos, cliqueen "leer mas".


Jesús David Valencia Ramírez, a.k.a. Chuco, es un caleño (Cali-Colombia) que trabaja tomando fotos, actuando y escribiendo. Es Licenciado en Arte Dramático; tiene 25 años. Vive en la zona rosa de su ciudad natal. Le fascina la comida picante, los paseos al río y a la montaña y el atardecer en su tierra. Hoy nos regala su cuento “La Escultora”


Gustavo Quintana, es de Rosario y tiene 37 años. Hace tiempo que escribe como hobby. Desde hace 2 años concurroe al taller Literario de Patricia Bottale en la librería El Ateneo, de Rosario.
Tiene escrito un libro de aventuras para chicos (pre-adolescentes) pero sin publicar aún. Le apasiona escribir porque le permite vivir otras vidas, en otros tiempos y lugares.
No tiene blog, si facebook. Lo pueden buscar poniendo su mail en el buscador: gfquintana@yahoo.com.ar
Hoy nos trae su relato “No vuelvas a irte”


La Escultora
Por Ch. Valencia

Aristides Granada observaba desde la fría y sucia azotea a la escultura y a la escultora: el cincel componía una forma de hombre en el mármol; la mujer lo sostenía con la misma certeza de antes.
Eran viejos conocidos, ella y Granada.
Él la observaba porque pasados setenta minutos tendría que darle muerte.
Ella esculpía la figura del hombre que le había enseñado: “lo que se hace por amor acontece más allá del bien y del mal”.
Se habían conocido en una hacienda donde el cielo era azul, rojo y negro y la tierra verde hasta el límite.
Alguna vez creyeron, al mismo tiempo, amarse, mientras caminaban por la ribera de un río que ahora era excremento y suciedad.
Había pasado mucho tiempo y muchas cosas desde aquella vez. Ambos habían envejecido; ella mejor que él.
Aristides Granada bajó lentamente por las escaleras de emergencia del edificio. Un frío viento de Enero le rozó el cuello y le trajo viejos recuerdos: igual de fríos estaban los labios de ella cuando se besaron, al caer las horas, en un bosque de guaduas y susurros de insecto.
Ella le dio un último golpe al mármol para terminar de perfilar el mentón. Observó al rostro de la escultura y se sintió satisfecha: el mismo semblante indiferente, los mismos ojos entreabiertos y la misma boca pequeña con una sonrisa de desenfado. Le pareció que estaba demasiado viejo y que cargaba con el aire fatal que no había podido evitar al modelarlo. Acarició ese rostro de mármol y recordó la piel mestiza, tan llena de cicatrices.
Ella suspiró y rió con nostalgia de lo infinita que se sentía sobre su cuerpo.
Aristides Granada cruzó la calle. Un viejo Ford llenó de nueve y mierda la calzada y casi salpica su abrigo.
Ella salió del taller, se desnudó en la rústica habitación, caminó descalza hacia el baño y se sumergió en una tina donde los lotos flotaban.
Bebió algo de vino, caló un cigarrillo rubio y sonrió…
Aristides Granada se detuvo en un café de la planta baja del edificio de la escultora.
Pidió un trago de brandy y, al beberlo, recordó cómo ella sonreía cada vez que él sostenía una copa de brandy en su mentón y luego, sin tocarla, la bebía.
La conspiración de la luz y el licor hicieron que un perfil de mujer se formara en la superficie de la bebida.
Granada bebió con la mirada fija en su reloj de bolsillo: treinta y cuatro minutos para una muerte…
Ella salió de la tina; su piel perfumada, resplandeciente. Se sentó frente al espejo y se recordó inexperta, con radiante sensualidad en el rostro, con las manos de un hombre que sabía matar en sus senos, acariciándolos, haciéndolos estremecer.
Revivió las caricias de ese hombre con sus propias manos y algún doloroso ardor trató de abrirle el pecho.
Suspiró.
Granada terminó su quinta copa de brandy. Pocas veces había bebido antes de un crimen y ahora lo hacía porque nunca uno de los crímenes había sido como el que le esperaba: hacía mucho la había conocido, incluso creyó haberla olvidado.
Cuando un desesperado heredero lo contrató para darle muerte a la mujer, aceptó, porque se creyó más allá del afecto: había matado a hombres, mujeres, ancianos, niñas y niños, y solo tres veces había temblado su brazo.
Repasaba la fotografía de la mujer cuatro días antes, cada noche, y no podía evitar que olores, imágenes y algunos sonidos regresaran.
Cuatro veces repitió el nombre de la mujer, hasta que recordó su voz, luego su forma de acariciarle la espalda…
Y esta cicatriz?
En Perú. Cerca a Arequipa.
Cómo fue?
Un rifle. Pero apenas me rozó.
Y esta?
Viena.
Y esta tan reciente?
Anoche mientras te cocinaba.
Entonces esa herida me pertenece…
Aristides Granada miró el pulgar que sostenía la copa de brandy; la cicatriz tenue.
Ella había besado aquella herida. Había probado su sangre hacía mucho.
Ahora él derramaría la suya. Nueve minutos.
Ella salió del ascensor. Su vestido era de una pieza, de un color indefinido entre el púrpura y el azul. Sus piernas, su talle, los dedos de sus pies, cada pieza conformaba armonía, delicadeza y una sutil crueldad.
Ella salió del edificio.
Tres disparos se escucharon en el invierno de Madrid.
Aristides Granada cayó sobre la nieve. Sangraba.
Ella miraba perpleja al hombre tendido en el piso, y al otro que salía de un viejo Ford con la pistola humeante.
Granada? – murmuró la mujer. Vio en aquel rostro la misma sonrisa de desenfado, la misma fatalidad que no pudo evitar en el rostro de la escultura.
El hombre del viejo Ford se acercó a Granada y le apuntó al entrece El hombre del viejo Ford se acercó a Granada y le apuntó al entrecejo.
Aristides la miró a ella, le sonrió y recibió la bala en la frente que lo liberó del único crimen que jamás deseó cometer.
Se diría que murió feliz.


No vuelvas a irte.

Esa noche un tanto fría y quizás, demasiado calma, había salido a atropellar las sombras con su particular omnipresencia. Esa noche, para algunos, gélida de esperanzas ya guardadas, ofrecía una obstinada resistencia al desarrollo de todo su esplendor. Ella, la misma, la previsible, no irradiaba su magia sobre los objetos esparcidos al antojo de terceros. Ella, la misma, la soñadora ya ni siquiera cobijaba a los enamorados. No brindaba al poeta la tinta, ahora seca, que necesitaba aquél para desgranar sus versos. Esa noche, culpable de inspiraciones claudicadas, puntualmente esa noche, de vueltas de páginas…de punto final, ella, la segura promesa de instantes inolvidables, sentía en su interior el vacío flotante de quien se lanza al abismo.
Esa noche, mientras se miraba sobre la superficie del distraído río y su imagen aparecía reflejada justo encima de la sombra del solitario puente, daba la impresión de querer arrojarse a lo más profundo del cauce. Esa noche, quizás ajena y desconocida, de empedrado resbaladizo y calles eternas sin esquinas; ella, la dueña de los momentos, no se movía. Esperaba y soñaba. Esperaba y sufría. Ella, quizás abatida, había decidido no caminar las veredas, no entregar su luz de plata color emoción, ni admitir sentimientos foráneos. No. Ya no. De haber podido hablar, sus mudos testigos hubieran asegurado que una lágrima, solitaria y amiga del rocío, se le había caído.
En el ocaso de la noche, al filo de sus fuerzas, cuando las luces ganaban la escena y su laberíntico interior oscurecía su alma, tuvo un último arrebato de solitaria enamorada; ella, la vieja y sufrida luna, por fin gritó:
-“¡Insensible y necio sol, aún sigo aquí. No vuelvas a irte ya sin mí!”
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lunes, 11 de enero de 2010

Pasajero. Por Noelia.

Algo quedó pendiente aquella vez.
Algo que no se explica con palabras,
ni con besos ni con versos.

Me despierto, y como flashes de un recuerdo,
encuentro aquel momento solitario
en el que mi boca enmudeció por completo
y tu sonrisa se desdibujó y voló junto al viento.


Algo quedó pendiente aquella vez.
Aquellos minutos que se adelantaron al tiempo
fueron pequeños traicioneros.
Desencadenaron una fuga de deseo,
y una posible conversación fue sólo de ensueño.

Ya nadie explica, y lo que explica confunde.
Subió el humo de un cigarrillo,
pasó una canción conocida,
y quedó todo dentro de un pozo,
en un oscuro olvido sin retorno.

Se fue con el ritmo y con el tabaco
la angustia y las carcajadas
sólo me queda la esperanza
de alguna vez encontrar las palabras.

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miércoles, 6 de enero de 2010

José Angel Buesa

Les presentaré a mi poeta preferido:



José Angel Buesa Poeta cubano nacido el 2 de septiembre de 1910
en Cruces, ciudad de la antigua provincia de "Las Villas", actualmente Cienfuegos, Cuba, rodeada de centrales y campos de caña. Es un paisaje donde predominan los tonos verdes y azules, el color de la tierra y el cielo manchado por el humo de los grandes Ingenios, donde se va moliendo la caña. (al pulsar leer mas seguirá la biografia y cuatro poesias)



A los 7 años ya escribe versos. Adolescente, va a Cienfuegos a continuar sus estudios en el Colegio de los Hermanos Maristas y, más tarde, a trabajar. Cienfuegos, tan próximo a su pueblo natal, le ofrece horizontes marinos y bellezas que dejarán en su corazón luminosas huellas. Muchos elementos de sus poemas entran entonces a almacenarse en el recuerdo. El paisaje humano y el paisaje geográfico tienen para el poeta, en aquellos años, mucho de magia. Después, muy joven, se traslada a La Habana, donde radica definitivamente. Va a vivir a un barrio que es como una inmensa provincia: Jesús del Monte. Su vida se hace violenta y soñadora, áspera y tumultuosa, lírica y batalladora. Estudia a los clásicos y trabaja en oficinas, rodeado de números y cifras. Viaja a Matanzas y comparte la vida con los grupos literarios matanceros de su generación.
Un día - 1932 - publica un libro: "La fuga de las horas". El poeta tiene solamente 22 años. El poema "El hijo del sueño" se dice en todas partes. El libro es fruto de una dedicación constante de conocer y vivir. "Misas Paganas" vuelve a colocar el nombre del poeta, al año siguiente, en las vitrinas de las librerías. Entonces José Angel Buesa ha dejado ya los números y ha dado un paso definitivo en su vida, que no dejará de tener cierta importancia para su poesía: Se dedica a escritor radial y, en adelante, gana el pan de cada día como trabajador intelectual exclusivamente: Se hace escritor profesional.
El diario contacto con una radio audiencia inmensa y su temperamento sincero, vibrante, comunicativo, lo llevan a vivir intensamente cada uno de sus poemas. Después de "Misas Paganas", donde aparecen los fuertes ecos del modernismo musical y rico de colores, Buesa edita "Babel", su tercer libro que aparece tres años más tarde que el anterior. "Babel" es clave de todos los caminos siguientes de la poesía de José Angel Buesa.
Catalogado por algunos críticos como poeta menos, cursi y fácil, no obstante podemos afirmar que ningún poeta cubano, ha hecho mejor gala del neoromanticismo americano.Su libro "Oasis" 1943 se reedito en más de 26 ocasiones, así como "Nuevo Oasis", sus libros se agotaban tan pronto salían, se dice que de un poema suyo fueron los primeros versos que se oyeron en la televisión cubana en los años 61, abandono Cuba rumbo a España, Islas Canarias y Santo Domingo donde muere en 1982.



Elegia lamentable

Desde este mismo instante seremos dos extraños
por estos pocos días, quien sabe cuantos años...
yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido
uno de esos que nadie confiesa haber leído.
Y asi mañana, al vernos en la calle, al ocaso,
tu bajaras los ojos y apretaras el paso,
y yo, discretamente, me cambiare de acera,
o encenderé un cigarro, como si no te viera...

Seremos dos extraños desde este mismo instante
y pasaran los meses, y tendrás otro amante:
y como eres bonita, sentimental y fiel,
quizás, andando el tiempo, te casaras con el.
Y ya, mas que un esposo será como un amigo,
aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo,
y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha,
se te empañen los ojos, al llegar una fecha.

Acaso, cuando llueva, recordaras un día
en que estuvimos juntos y en que también llovía.
Y quizás nunca mas te pongas aquel traje
de terciopelo verde, con adornos de encaje.
O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta,
cuando dobles tu almohada con mano soñolienta.
Y domingo a domingo, cuando vayas a Misa,
de tu casa a la Iglesia, perderás tu sonrisa.

¿Qué mas puedo decirte? Serás la esposa honesta
que abanica al marido cuando ronca la siesta:
tras fregar los platos y tender las camas,
te pasaras las noches sacando crucigramas...
y asi, años y años, hasta que, finalmente,
te morirás un día, como toda la gente.
Y voces que aun no existen sollozaran tu nombre,
y cerraran tus ojos los hijos de otro hombre.



Carta sin fecha

Amigo: sé que existes, pero ignoro tu nombre.
No lo he sabido nunca ni lo quiero saber.
Pero te llamo amigo para hablar de hombre a hombre,
que es el único modo de hablar de una mujer.

Esa mujer es tuya, pero también es mía.
Si es más mía que tuya, lo saben ella y Dios.
Sólo se que hoy me quiere como ayer te quería,
aunque quizá mañana nos olvide a los dos.

Ya ves: ahora es de noche. yo te llamo mi amigo;
yo, que aprendí a estar solo para quererla más;
y ella, en tu propia almohada, tal vez sueña conmigo;
y tú, que no lo sabes, no la despertarás.

¡Qué importa lo que sueña!. Déjala así, dormida.
Yo seré como un sueño sin mañana ni ayer.
Y ella irá de tu brazo para toda la vida,
y abrirá las ventanas en el atardecer.

Quédate tú con ella. Yo seguiré el camino.
Ya es tarde, tengo prisa, y aún hay mucho que andar,
y nunca rompo el vaso donde bebí un buen vino,
ni siembro nada, nunca, cuando voy hacia el mar.

Y pasarán los años favorables o adversos,
y nacerán las rosas que nacen porque sí;
y acaso tú, algún día, leerás estos versos,
sin saber que los hice por ella y para ti....


Poema de la culpa

Yo la amé, y era de otro, que también la quería.
Perdónala Señor, porque la culpa es mía.
Después de haber besado sus cabellos de trigo,
nada importa la culpa, pues no importa el castigo.

Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo
mis labios están dulces por ese amor amargo.
Ella fué como un agua callada que corría ...
Su es culpa tener sed, toda la culpa es mía.

Perdónala Señor, tu que le diste a ella
su frescura de lluvia y esplendor de estrella.
Su alma era transparente como un vaso vacío:
Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.

Pero, ¿cómo no amarla, si tu hicistes que fuera
turbadora y fragante como la primavera?
¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío
sobre la yerba seca y ávida del estío?

Trataré de rechazarla, Señor, inutilmente,
como un surco que intenta rechazar el simiente.
Era de otro. Era de otro que no la merecía,
y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.

Era de otro, Señor, pero hay cosas sin dueño:
Las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.
Y ella me dió su amor como se da una rosa
como quien lo da todo, dando tan poca cosa...

Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
Ella no fue culpable, Señor ... ni yo tampoco!

La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella
y me distes los ojos para mirarla a ella.
Si. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar
y si es culpa de un río cuando corre hacia el mar.

Es tan bella, Senor, y es tan suave, y tan clara,
que sería pecado mayor si no la amara.

Y por eso, perdoname, Señor, porque es tan bella,
que tú, que hicistes el agua, y la flor, y la estrella,
tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,
tu también la amarías, ¡si pudieras ser hombre!


Poema del renunciamiento

Pasaras por mi vida sin saber que pasaste.
Pasaras en silencio por mi amor, y al pasar,
fingiré una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte ... y jamás lo sabrás.

Soñare con el nácar virginal de tu frente;
soñare con tus ojos de esmeraldas de mar;
soñare con tus labios desesperadamente;
soñare con tus besos ... y jamás lo sabrás.

Quizas pases con otro que te diga al oido
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amare más que nunca ... y jamás lo sabrás.

Yo te amare en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar;
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos ... y jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
-- el tormento infinito que te debo ocultar --
te diré sonriente: "No es nada ... ha sido el viento".
Me enjugaré la lágrima ... ¡y jamás lo sabrás!
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sábado, 2 de enero de 2010

UN DÍA COMÚN Por Susana

“No estoy para esto. Se terminó. SE MUJER.”
Dicho esto dio un portazo y se fue.
-Pero Miguel, no te vallas!!! – gritó Celia desesperada a la vez que tropezaba con la alfombra caía al piso y perdía un lente de contacto azul.
Era el día más tremebundo de su vida y no podía decidir entre buscar el ojito azul bajo los muebles, llorar hasta morir, o salir corriendo tras Miguel.
Decidió (a medias ciega) cubrirse con un abrigo y salir tras su amor.
Al que nunca más encontró.
Al lente tampoco.


Llevaba un nudo en la garganta y un puñal clavado en el pecho, que eran removidos cada vez que encontraba en el cajón de su armario el estuchecito con el lente de contacto.
Tal vez debería tirarlo pero… salió tan caro!!!!!!
Si algún día lograba comprar otros tendría éste de repuesto, pensó.
Tampoco podía desprenderse del conjunto de ropa interior Push Up, con puntilla, cola Less rosa, y encaje negro que pretendía lucir esa noche terminal.
Había estudiado en detalle las fotos del catálogo de ropa femenina, sobre todo a la modelo rubia, con hermosos ojos azules.
Ella quería verse así, tal cual, igualita.

Cuatro meses después todavía estaba pagando la lencería.
El rubio ceniza, el alisado y las extensiones le duraron un par de semanas.
Si Miguel volviera ahora pensaba, soñaba, se encontraría con la Celia común y corriente, la -“zaparrastrosa” (como solían llamarla en la escuela cuando era niña) que limpia baños en un hospital,- se reprochaba a sí misma.
Hasta velas perfumadas tenía preparadas la noche del final, por correr tras Miguel se consumieron solas…que pena.

¿Qué falló? Todos los días algo le ajusta el nudo en su garganta y la obliga a repasarlo…tanta entrega, tanto abrazo, tanto roce, demasiado rouge? Los tacos altos? La ilusión? El desborde? Alcanzar un sueño inalcanzable?
¿Qué habrá fallado?

“No hay remedio”, era su conclusión a diario. Luego, un suspiro bien hondo y consolarse pensando que,…” sin un hada madrina que te banque, no hay cenicienta que aguante el presupuesto”!

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martes, 22 de diciembre de 2009

Cada vez un poco más. Por Noelia.

Cada vez más de lado quedan los suspiros repetidos
de reproches sin sentidos
de secretos esfumados
soplados con una pajita junto a las hojas del otoño.

O es una canto pasajero
de una histeria oculta y avergonzada
que intenta escapar a mis sentidos
que con ojos de cuervos y vuelo de rumiante los detecta al instante.

O es el paso del tiempo con aviso
con campanas y parlantes que me recuerdan
que la vida es esto.
Esto mismo que me estoy perdiendo.

Por un reloj agonizante
por una voz estremecedora
por un sueño revuelto
por un despertar lleno de hojas.

La vida se me torna confusa
somos víctimas de las decisiones que nos sorprenden
y soy culpable de no tener poder sobre las manos cuando tiemblan
del cuerpo cuando se derrumba.
de la voz cuando se corta
y de las palabras que se sumergen en una página de Word
la misma que no me pertenece borrar.

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