Todo en esta vida tiene relación con algo.
Todo lo que sucede tiene un por qué y un final.
Un camino no termina, comienza otro,
lo que tenemos grabado en nuestros ojos es nuestro camino
Todo lo que sucede tiene un por qué y un final.
Un camino no termina, comienza otro,
lo que tenemos grabado en nuestros ojos es nuestro camino
o camino de otros.
En mi, guardo los ojos de mi abuelo.
En mis manos su fuerza.
En mi silencio guardo su voz.
Con mis pensamientos, no acierto su truco
su magia, su encanto
atrapada me quedo en los intentos por buscar algo.
Me cargo en los recuerdos cada viaje,
cada mate, cada brillo,
toda su luz, parte de su camino.
Porque lo que vivimos queda bajo llave
y la esperanza bordada en oro
resplandece ante la mínima luciérnaga de una noche sin luna,
de un paisaje sin retornos.
El refugio de cuatro paredes me lleva a su encuentro
Eso nadie me lo quita, yo lo veo.
Se que ahí estás. Que vas a volver.
A apretarme las manos
A mirarme otra vez.
Y allí me quedo amarrada
Esperando no crecer
sin soltarme de tu mano que me vio desde el nacer.
Que me enseñó a hacer reír a su primer alrededor
haciéndome cómplice en un juego inocente,
partícipe de una felicidad que prometía,
que prometía no pasar en toda la vida.
y allí decido una vez más quedarme amarrada al héroe de mi niñez
de todos los tiempos.
Al héroe que espera que la vida sea lo que uno logra en cada día,
y no un día que intenta pasar por arriba de toda una vida.
Te quiero Abuelo…
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En mi, guardo los ojos de mi abuelo.
En mis manos su fuerza.
En mi silencio guardo su voz.
Con mis pensamientos, no acierto su truco
su magia, su encanto
atrapada me quedo en los intentos por buscar algo.
Me cargo en los recuerdos cada viaje,
cada mate, cada brillo,
toda su luz, parte de su camino.
Porque lo que vivimos queda bajo llave
y la esperanza bordada en oro
resplandece ante la mínima luciérnaga de una noche sin luna,
de un paisaje sin retornos.
El refugio de cuatro paredes me lleva a su encuentro
Eso nadie me lo quita, yo lo veo.
Se que ahí estás. Que vas a volver.
A apretarme las manos
A mirarme otra vez.
Y allí me quedo amarrada
Esperando no crecer
sin soltarme de tu mano que me vio desde el nacer.
Que me enseñó a hacer reír a su primer alrededor
haciéndome cómplice en un juego inocente,
partícipe de una felicidad que prometía,
que prometía no pasar en toda la vida.
y allí decido una vez más quedarme amarrada al héroe de mi niñez
de todos los tiempos.
Al héroe que espera que la vida sea lo que uno logra en cada día,
y no un día que intenta pasar por arriba de toda una vida.
Te quiero Abuelo…



























